La borrosidad de Maleficent

He leído varias críticas –tanto positivas como negativas– de la película de Maleficent. Sin embargo, ninguna me ha parecido los suficientemente convincente en cuanto a sus argumentos a favor o en contra. De modo que he decidido pone un granito de arena en el debate.

Maléfica, como chicos y grandes saben, es una de las villanas más conocidas de Disney –y del mundo literario– actualmente. Gracias a ella es que la historia de The Sleeping Beauty toma forma y funciona como principal catalizadora de todo lo que significa maldad en el mundo de Aurora. Sin embargo, la Maléfica de este clásico de Disney no es más que un personaje plano con un único motivo: Hacer miserable el reino, ¿la razón? No haber sido invitada al bautizo de la pequeña Aurora. Simple as that.

Ahora, precisamente aquí, veo uno de los grandes puntos a favor de la película de Maleficent: la profundidad y desarrollo del personaje. La Maleficent de Jolie no es una mujer malvada nomás porque sí (como se presenta en la película animada). Esta mujer tiene un leitmotiv más allá de una fallida invitación a una fiesta: un corazón roto y muchos sentimientos enterrados. Con esto en mente podemos ver las numerosas capas que constituyen a este personaje. Maleficent es engañada por el hombre que ama para poder reclamar el reino de los humanos.

Y, a pesar de eso, el personaje de Maleficent se oscurece con el tiempo. No se vuelve malvada de un momento a otro. Ella tiene que pasar por una serie de sucesos que, poco a poco, la van convirtiendo en una persona rencorosa y adolorida (no malvada y maldita). Maleficent se encierra en un mundo de dolor y de tristeza que le impide reaccionar de forma razonable, pero se da cuenta de su error. Su coraje no es eterno ni único en su vida. Incluso después de haber hechizado a Aurora ella decide darle una oportunidad de conocer su mundo y, al mismo tiempo, se permite abrir su corazón de nuevo.

Verán, la forma en que Aurora ve a Maleficent en la cinta es desde la perspectiva de una niña. Una niña que no ha sido influenciada por la sociedad que la rodea y que tiene el libre albedrío de decidir, por sí misma, lo que es bueno para ella. Y aún al enterarse que Maleficent fue la que la hechizó decide seguir queriéndola, como aquella hada que siempre fue la que la cuidó.

Me sorprende la cantidad de argumentos con los que me he topado asegurando que Maleficent no es lo suficientemente mala, que no deja caer la maldición absoluta sobre Aurora como se debe y que es un personaje bondadoso cuando no debería serlo, ¿hasta cuándo dejaremos de condenar a los villanos de las películas bajo un código moral de blancos y negros? ¿Cuándo dejaremos de crear antagonistas superfluos que su único motivo en la vida es ser malos porque ¡viva la maldad!?

Me parece una aseveración demasiado superficial argumentar que Maleficent debe ser una perra maldita y no tener un motivo de fondo para hacerlo aparte de que “pues porque sí”. Estoy seguro que no existe en el mundo una persona que sea lo suficientemente malvada e hijaeputa sólo porque un día se despertó queriendo serlo. Reducir al personaje de Maleficent a su maldad absoluta como su único eje de motivación es dejar de lado todo lo que conforma al personaje, todas las capas de construcción de carácter que tiene de fondo. Sí nos rigiéramos por ese paradigma ¿donde quedaría la construcción narrativa, el perfil de los personajes y el trabajo de guión que una película aporta?

Me pareció magnífica la idea de que Maleficent fuera la que despertará de su sueño eterno a Aurora ya que, a final de cuentas, ella era la única que se preocupaba por la princesa, era la hija del amor de su vida y merecía vivir todas las cosas hermosas que tenía por delante. También me pareció acertado reforzar la idea de que el amor no es una cosa que se da porque sí. Al contrario, lleva tiempo y necesita de mucho trabajo para nutrirse, por lo que era evidente que el Príncipe Phillip –Al haber visto una sola vez a Aurora– no iba a despertarla de su sueño eterno. Sin embargo, nos dejan la idea de que algo bueno está por suceder entre ellos.

Encuentro muy positivo el papel que los personajes femeninos juegan en esta película: Maleficent es un hada poderosa que vive en un reino donde no se necesita de reyes que los gobiernen. Aurora es una princesa que no necesita de un príncipe –que acaba de conocer– para que la salve de su sueño eterno. Aurora no necesita de ese mismo príncipe para ser coronada como reina, porque la presencia de un hombre de la realeza no la institucionaliza como tal. Ni siquiera el príncipe Phillip se intimida al ver a Aurora tomando un lugar en el trono.

Creo que el camino que Disney está tomando en sus nuevos filmes ha mejorado poco a poco. Ahora ya vemos a princesas –como Elsa y Anna– gobernando una nación por sí mismas. Vemos a parejas de madres participando en shows infantiles –como en Good Luck Charlie–. Vemos princesas de color que –como Tiana– figuran como roles a seguir entre las niñas. Y vemos personajes malvados –como Maleficent– volverse más humanos y con muchos matices de personalidad.

No dudo que la película pudo haber sido mejor al corregir ciertos detalles minúsculos (Las estoy viendo a ustedes Flora, Fauna y Primavera) sin embargo, en cuanto a la elaboración del personaje de Maleficent, me parece un gran acierto darle profundidad y vida más allá de la maldad absoluta que la conformaba. Después de todo, siempre habrá grises muy profundos entre los blancos y negros que busca imponer la sociedad. Si Maleficent puede cambiar, ¿por qué no darle la oportunidad de hacerlo?