El Mumblecore en los tiempos de las historias apresuradas

Con la fuerte incidencia que tiene el cine independiente en la industria fílmica, hoy día, es habitual que nosotros, como audiencia, nos topemos con historias muy simples que se convierten en verdaderas joyas narrativas en contraposición con los enormes blockbusters que se caracterizan (sin ser una regla) por tener historias simples y muy planas.

De esa forma, una nuevo subgénero cinematográfico que ha logrado propagarse de una manera latente en el cine independiente: el Mumblecore. Las películas que distinguen a éste género se caracterizan por tener un bajo presupuesto y -en la mayoría del tiempo- actores pocos conocidos. Se podría decir que es un subgénero que se reconoce por el enfoque naturalista de la narrativa, donde las historias son lo más objetivas y reales posibles. Centrándose en los personajes y el contexto que los rodea, y presentando situaciones de la vida real (un poco a la Cinéma Verité).

Películas como Frances Ha, Drinking Buddies, Happy Christmas y la -recientemente estrenada- alemana Oh, Boy! Todas comparten características similares: sus historias se desenvuelven de forma sencilla (y un tanto ambigüa a la vez) dentro de un contexto muy similar a la realidad que vivimos actualmente.

Tanto Frances Ha como Oh, Boy! se distinguen por retratar la vida de dos jóvenes de ambos sexos (la primera de una chica llamada Frances y la segunda de un chico llamado Niko) con problemas que cualquier otro individuo de veintitantos años podría identificarse: inseguridad, falta de pertenencia e indecisión. Ambas retratadas con un poético filtro en blanco y negro y un enorme peso en el diálogo y el impacto que las palabras tienen sobre y con los personajes principales.

Ambas películas nos llevan de la mano de Niko y Frances en un momento específico de su vida. Nos muestran la realidad a la que estos jóvenes se tienen que enfrentar mientras construyen sus propias técnicas para evadirla. Ambos personajes se encuentran en una constante decidia por confrontar su realidad y huir de ella.

Tanto Niko como Frances evitan -a toda costa- ser partícipes de su propia historia mientras que la narrativa los arrastra -y empuja- a hacer lo contrario. Son personajes en contraposición de la característica inherente que determina sus historias: la propia realidad.

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Lo interesante del Mumblecore es la facilidad con la que la narrativa va llevando de la mano al espectador a través de la vida de sus personajes. Fácilmente podemos entender los problemas con los que sus protagonistas se enfrentan e, incluso, sentirnos identificados con su eterna indecisión. Después todo, ¿a quién le gusta lidiar con los problemas de su vida?

Con esto no pretendo asegurar que un filtro en blanco y negro y buenos diálogos son suficientes para hacer una buena película, al contrario, me parece refrescante que un subgénero como este acuda a técnicas tan básicas en el cine para crear verdaderas obras de arte. Algo que distingue perfectamente al cine independiente.

Con ello en mente, los invito a darse un chapuzón en el cine Mumblecore. Para ello deben estar dispuestos a conocer narrativas otras a las que un Hollywood lleno de historias apresuradas y sin fijación por los detalles nos tiene muy acostumbrados.

El día que una serie policíaca me calló la boca

Antes que cualquier otra cosa quiero aclarar que, si bien me interesa mucho el mundo y la mitología de Batman (especialmente en tanto adaptaciones fílmicas se refiere) no me considero un fan de hueso colorado, por lo que esta reseña va dirigida a hablar de Gotham como una serie dramática/policíaca como tal y no tanto de la forma en que está correctamente o no adaptada.

Con eso en mente, quiero comenzar diciendo que, en general y como he mencionado anteriormente, no me considero una persona a la que le interesen mucho las series policíacas o de detectives. La idea de mantener la atención en algo que dedica su narrativa a resolver misterios diferentes cada semana, sin ningún arco argumental mayor, no me había llamado mucho la atención ni logrado mantenerme por más de dos capítulos. Hasta que me topé con Gotham.

La premisa es sencilla: Gotham es una ciudad manejada por la mafia y el crimen organizado algo con lo que el detective James Gordon no está de acuerdo y piensa erradicar desde la raíz. Si no supiéramos que todo sucede dentro del universo de Batman bien podríamos imaginar que es una serie de policía común y corriente pero, a mi parecer, eso es lo que le da mucho más sentido e interés particular.

Por supuesto que hay muchísimas referencias a eventos futuros de la vida de Batman. De entrada la serie comienza con el asesinato de los Wayne mientras su hijo, Bruce, observa muerto de miedo. También podemos ver versiones mucho más jóvenes de Selina Kyle, Oswald Cobblepot y Edward Nygma. Esperando a que la ciudad de Gotham pierda el control y cada uno cumpla su papel dentro de ella.

Lo que me parece interesante de esta serie es la forma en que los “misterios de la semana” se van desdoblando. A diferencia de otras series, todo parece estar conectado, ya sea con la mafia de los Falcone o con Fish Mooney (personaje creado específicamente para esta serie) o incluso con Oswald (en camino a ser El Pingüino) creando un hilo argumental fuerte para mantener la atención del espectador y no perderse en las singularidades de cada capítulo.

Gotham cuenta con diálogos inteligentes y una construcción fuerte de personajes que, poco a poco, van evolucionando. Con los dos capítulos que han salido hemos podido conocer un poco más de James Gordon, su tremendo código moral y su forma de actuar contrastantes con su compañero Harvey Bullock, que se encuentra al servicio de la mafia y el crimen preponderante en la ciudad.

Por supuesto que, como cualquier otra serie que apenas comienza, mucho del interés central de los capítulos gira en torno al protagonista y todo el universo que lo rodea. De manera que, muchas veces, pareciera que la historia se pierde en torno a la moralidad de James Gordon pero, me parece, que eso es algo positivo.

Es una herramienta narrativa que nos permite ver las borrosidades permanentes en el carácter humano. Que todo no es negro y blanco y que, a final de cuentas, siempre hay espacios y territorios simbólicos donde puede existir neutralidad y donde los colores grises son permanentes y moldeables. Algo que se refleja a la perfección dentro de Gotham: la moral de sus personajes es tan gris como la ciudad misma.

Con Gotham he encontrado una serie policíaca que no recurre a las salidas fáciles y tramas poco complicadas. Se conforma por una narrativa fuerte capaz de mantener un arco argumental interesante y darle suficiente protagonismo a los personajes que necesitan serlo en cada capítulo, sin opacar al resto. Gotham es la primera serie que me ha callado la boca y que parece que pretenderá seguirlo haciendo capítulo con capítulo.

De ideas inmortales y series finitas

Con la llegada del Otoño también recibimos un bloque de series totalmente nuevas dispuestas a sorprendernos y cambiar nuestra perspectiva sobre diferentes temas (algunos más profundos que otros). Desde comedias tradicionales hasta dramas complicados, la gama y tonalidades de las series siempre busca nuevas formas de innovar los formatos actuales de la televisión actual (ahí tenemos Orange is the New Black en Netflix o Transparent en Amazon).

Sin embargo, con este bloque de nuevas propuestas también viene una ola de series y formatos reciclados (a los cuales se les modifican cosas muy básicas) que buscan mezclarse y, con fortuna, atrapar la atención de las audiencias. Algo que me parece, de entrada, muy tramposo y desleal. Series como la nueva propuesta de la ABC, Forever.

La premisa suena atractiva: un hombre, llamado Henry Morgan, ha vivido más de 200 años (muriendo y reviviendo) sin saber la razón de su inmortalidad hasta que una persona con su misma condición lo contacta, Causando preocupación y caos a su alrededor. Mientras tanto, se encarga de ayudar a la policía de Nueva York a resolver asesinatos misteriosos.

De entrada, la idea de la inmortalidad me parecía interesante y un inteligente giro para refrescar el formato de las series policíacas/thriller. El primer capítulo logra manejar (por igual) ambos temas, sin embargo, para el segundo capítulo la capacidad de Henry de vivir eternamente pasa a segundo plano para ser opacada por la resolución del caso de la semana. Con ello, la premisa ‘original’ termina compitiendo por protagonismo narrativo y se cae en el intento.

Debo aceptar que nunca me he sentido atraído por las series policíacas. La resolución de asesinatos por capítulo sin ningún arco argumental lo suficientemente fuerte que lo sustente no es suficiente para llamar mi atención (la vida sabe que lo he intentado con CSI, Law & Order y Criminal Minds sin tener buenos resultados). Sin embargo, decidí darle una oportunidad a Forever, esperando que su premisa logrará lo que muchas otras series no han podido. El resultado fue peor de lo que esperé, me sentí insultado como parte de la audiencia a la ‘que va dirigida’.

Primero, tenemos a la detective Jo, una mujer divorciada y con problemas emocionales (¡Sorpresa! el personaje femenino es inestable) que toma a Henry como su asesor personal en sus casos de asesinato y que, tristemente, la única relevancia que tiene su personaje es funcionar como herramienta narrativa de exposición de la trama. Ella es la representación de la audiencia, ella es la que hace las preguntas que Henry ya resolvió, es la que está perdida y nunca sabe qué sucede en sus casos y la que (¡por supuesto!) es constantemente salvada por el protagonista. Jo es un personaje plano y muy desechable.

Henry, por otro lado, y debido a su inmortalidad (y su largo trayecto por el mundo), cuenta con innumerables conocimientos sobre diferentes ramas: matemáticas, ciencias forenses, lenguas y psicología (por nombrar algunas) lo cuál lo convierte en un individuo muy perceptivo e inteligente. Esto debería hacer de su personaje algo muy interesante, contrario a lo que sucede en realidad en la serie. Lo vuelve chocante, presuntuoso e increíblemente misógino.

No entiendo cómo en una serie policíaca, el protagonista (que resulta trabajar en la ciencia forense) sea el que siempre esta a un paso adelante de los policías, sea el que tenga que explicar lo que está sucediendo a un grupo entrenado de policías como si no supieran cuál es su verdadera función en el mundo de la ley. Henry se la vive corriendo de aquí a allá, resolviendo casos mientras la detective Jo va atrás de él haciendo preguntas y luciendo preocupada y confundida.

Entiendo que los creadores busquen darle un giro a las series policíacas con el tema de la vida eterna pero, al tratar de enfocarse tanto en adentrarse en la mente de Henry, lo convierten en un personaje caprichoso y muy manipulable. Un momento puede ser doctor, otro filósofo y lingüista, mientras que el resto de los personajes se dedican a girar alrededor de el sin ningún leitmotiv que les dé fuerza.

La serie tiene que decidir si va a enfocar más sus esfuerzos en la inmortalidad de Henry, y su pasado, o si va a dirigirse más hacia la resolución de casos policíacos. O su protagonista será el que resuelva todos los casos de la ciudad o será un científico forense que se dedique a buscar sobre su condición. Por más que intente cruzar ambas historias no parece estarle funcionando y, si sigue con este ritmo, pronto será cancelada.

Mientras tanto, seguiré esperando aquella serie policíaca que de verdad sepa integrar ambos elementos narrativos: la premisa interesante y el arco argumental fuerte. Cosa que Gotham, con un capítulo, ha logrado hacer bien hasta ahorita. Pero eso lo discutiré en otra publicación.

The Maze Runner y el laberinto de las adaptaciones fílmicas

Como mencionaba en entradas anteriores, últimamente Hollywood se ha encargado de convertir sagas completas de Young Adult en filmes. Ya sea desde la perspectiva romántica (como If I Stay o The Fault In Our Stars) hasta aventuras distópicas con toques románticos (The Hunger Games y Divergent) y, entre este mundo de aventuras adolescentes, se coloca otra saga de aventuras distópicas que busca abordar menos temas románticos y más de acción: The Maze Runner.

Debo advertirte, querido lector, que yo mismo me considero un fan irrevocable de este ramificación de la literatura, que está tan de moda actualmente, la llamada lectura para Adultos Jóvenes. Sin embargo, no por ello puedo dejar de reconocer los constantes clichés de los que hace gala este tipo de narrativas que (por supuesto) buscan llegar a las audiencias juveniles con elementos y salidas fáciles.

El caso de The Maze Runner no es la excepción. En esta aventura distópica se nos presenta un grupo de chicos jóvenes encerrados en el centro de un laberinto y sin memoria alguna. La premisa, de entrada, reverbera un poco en The Lord Of Flies e, incluso, en sus compañeras The Hunger Games y Divergent. Sin embargo, y conforme avanza la historia, los personajes retoman sus propias historias que proponen destinos diferentes a los de Katniss y Tris.

Pero ¿Cómo traducir todos los sucesos, y destinos de diversos personajes, de un libro de 500 páginas en tan sólo dos horas y media de filme? Esta es la interrogante a la que siempre me someto al momento de ver películas de este tipo. Algunos me podrán decir que se necesitaría de más tiempo para poder realizar algo de esa magnitud. Yo, por otro lado, creo que mientras se mantenga la esencia del libro (junto a los elementos importantes que lo distinguen) no tiene porque ser una mala adaptación.

En el caso de The Maze Runner se presentan los aspectos esenciales de la historia. Thomas, el protagonista, pasa por el mismo proceso de adaptación en el filme que en su contraparte literaria. Ciertamente el director aprovecha técnicas narrativas para resumir eventos que en el libro duran más de 10 capítulos pero los aspectos importantes están ahí. Eso es lo que verdaderamente se agradece.

En ello radica que un libro goce de una buena adaptación. En entender a los personajes. Entender lo que los autores trataron de transmitir a través de ellos y evidenciarlo en los filmes. La psicología de cada uno de ellos debe de estar perfectamente delimitada y entendida como tal. De otra forma, todo lo que sucede a su alrededor no tendría sentido alguno.

Un claro ejemplo de ello es lo que parece que sucede con The Giver. Aún no he tenido la oportunidad de ver su adaptación al cine pero, por lo que los trailers y la crítica me han permitido conocer, sus creadores han cometido errores monumentales al momento de su adaptación. Jonah (el protagonista) tiene 16 años en lugar de los 12 con los que cuenta su contraparte literaria y Fiona (un personaje totalmente secundario en el libro) toma protagonismo innecesario.

Una buena adaptación debe hacer honor al libro y a las reglas diegéticas que fueron creadas como base esencial de la narrativa. Los personajes deben ser fieles a sus contrapartes. Los eventos cruciales (o puntos fijos inamovibles) deben estar presentes. La narrativa debe permitirnos disfrutar el filme como un producto audiovisual que se sostenga por si mismo sin necesidad de remitirnos al libro y a las esencialidades que lo componen.

Ahí tenemos el ejemplo de The Lord Of The Rings o la saga de Harry Potter. Ambos tuvieron diferentes usos narrativos que les permitieron ahondar en las historias que sus autores trataban de narrar desde un principio. Convirtiéndolas en unas de las sagas más redituables de principios de siglo.

The Hunger Games y Divergent corren con la misma suerte, a mi parecer. Tanto Katniss como Tris en sus personajes de cada filme sufren y viven los mismos obstáculos que sus contrapartes literarias. Ambas son mujeres que terminan peleando por una causa mayor que ellas. Ambas son partícipes de las circunstancias que las rodean y, para poder entender ello, es necesario ver su proceso emocional. Lo mismo que sucede con Thomas y Theresa. Algo que debe estar plasmado en el filme.

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Por supuesto que The Maze Runner falla en otros aspectos de su adaptación y cae en el humor simple con tal de resolver la incomodidad de una situación mal planteada desde el guión. Incluso, el director se permite pequeños lujos que, desde una perspectiva mayor, pueden interpretarse como misoginia mal intencionada.

Sin embargo, son las tesituras de los personajes, y sus diferentes capas que los conforman, los que nos permiten gozar de una buena adaptación. Para que una adaptación fílmica de un libro funcione es necesario que sea fiel a las características narrativas más básicas que lo componen. No hay otra fórmula más efectiva que esa.

¿Por qué no funciona el final alternativo de How I Met Your Mother?

Después del furor y el revuelo que el final de How I Met Your Mother ocasionó entre la legión de fans, los escritores, por supuesto, respondieron ágilmente que tenían un final alternativo que usarían en el box set de la serie que está a punto a salir este 23 de septiembre, ¿El resultado? un final que todos necesitaban pero que a la serie le quedó corto.

Sí, el principal problema que a todos les molestaba era la forma en que la narrativa de los últimos dos capítulos trató a los personajes principales: Lily y Marshall no fueron más que personajes de fondo, Barney aparentemente se quedó sin “character development”, Robin se volvió una mujer amargada que vive de su trabajo, Ted fue el casual hijoeputa y Tracy se quedó como un simple útero. Y sí, a todo mundo decepcionó que Tracy, en realidad, si estuviera muerta y que esta historia fuera un pretexto para que Ted pudiera terminar con Robin.

Sin embargo, el final alternativo que Carter y Bays plantean no hace más que solucionar (o parchar diría yo) uno de los problemas que a tantas personas les molestó; y no sólo eso, también hizo que las pistas que fueron arrojadas a lo largo de la serie, cuidadosamente, sobre la mortalidad de Tracy dejaran de tener sentido. El final con el que nos dejan es con un pequeño resumen de lo que la serie fue desde la perspectiva de Ted, culminando con la escena del tren que (ya todos vimos) y cortando por completo la escena con Robin y la corneta azul.

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Y sí, probablemente fue lo mejor que Carter y Bays pudieron hacer después de que una horda de fans furiosos se echaron sobre ellos pero creo que simplemente esa no era la mejor solución, sino que era la más fácil y lo fácil no siempre es lo adecuado.

Creo que el problema inicial de este final, como lo escribí antes, no es el hecho de que Ted y Robin terminaran juntos, ni que Tracy se muriera, incluso que Barney tuviera desplantes de antiguas temporadas. No, creo que el verdadero problema de este final es que todo sucedió demasiado rápido. Los eventos que de verdad merecían más tiempo (como la boda de Ted y Tracy, su enfermedad y su consecuente funeral) fueron obviados a un segundo plano y las cosas que no deberían tener tanta importancia (como la boda de Barney y Robin) acapararon toda la atención y subieron las esperanzas de los espectadores sabiendo que eso no iba a terminar bien.

¿Por qué no quedarse con la idea original y dejar a Ted y Robin juntos al final pero con una historia bien narrada? ¿Por qué no dedicar toda la novena temporada a conocer más sobre Tracy sin que la boda de Barney y Robin subiera las expectativas de todos? ¿Por qué no hacer la boda en un sólo capítulo y dedicar más espacio a hablar sobre la muerte de Tracy el impacto que tuvo en Ted? ¿Por qué no darle un funeral decente a Tracy y permitir a Ted seguir adelante con su vida? ¿Por qué no hacer una temporada donde el resto de los personajes se vieran un poco más humanos y menos caricaturizados? pero, sobre todo, ¿Por qué no darle un respiro a Ted con su decisión y permitirnos entender su final de la forma en que lo pensaron en un inicio? Como algo real, como la vida misma.

Estoy completamente seguro que la idea inicial de Carter y Bays no era mala. Incluso me llegó a sorprender. Sin embargo, la forma en que la plantearon fue la equivocada. El ritmo y la cadencia de los sucesos dejaron de lado cosas importantísimas y obviaron los detalles que en otras temporadas estuvieron presentes. De esa forma imaginaron hacer un final que nadie se esperaba pero apresuraron demasiado las cosas. Nos quitaron los momentos que de verdad necesitábamos para aceptar un final con Ted y Robin. Y ese creo que es el verdadero problema.

¿Qué hubiera pasado si la boda de Barney y Robin durara nada más dos capítulos? ¿Qué hubiera sido de la historia de Ted y Tracy si pudiésemos haber visto más sobre la enfermedad de ella y su consecuente funeral? ¿Qué hubiera sido del personaje de Ted si los escritores nos hubieran permitido ver su duelo con la muerte de su esposa? ¿Qué pasaría si se hubiesen escrito mejor las relaciones entre Ted y Robin para que no opacaran la de Ted con Tracy?

Así que no, no estoy de acuerdo con que el final alternativo signifique complacer a toda la horda de fans que querían que terminara con Ted y Tracy conociéndose. Prefiero sorprenderme con un final inesperado pero que fue cuidadosamente planteado a lo largo de toda la temporada. Un final que, a mi parecer, es una buena idea muy mal planteada.

Todos sabíamos que Ted y Tracy iban a conocerse eventualmente y que iba a ser tan romántico como Carter y Bays siempre nos han planteado. No todos esperábamos que Ted terminara con Robin y que, gracias a esto, nos hicieran creer en que el amor después de la muerte existe, y sigue. Que las personas cambiamos y nunca olvidamos. Y eso es lo que yo creo que es lo más lindo del final original: la esperanza.