‘Lost’: El camino que nos toca recorrer.

Algo que me gusta mucho hacer, aparte de disfrutar de una buena serie semana con semana, es el tan conocido ‘binge watching’, ya que es una verdadera alegría poder ver (de corrido) una serie completa sin interrupciones. Este modo de consumir programas también permite poder notar cosas en las series que, de otra forma, sería menos probable. Errores de continuidad, pobre desarrollo de personajes y plotholes, son posibles de identificar cuando una persona le dedica su total atención a una serie, una experiencia que yo encuentro muy gratificante.

Por ello, estos dos últimos meses me dí a la tarea de ver, por completo, ‘Lost’, aquella serie de culto de los dosmiles, creada por J.J. Abrams, que cautivó a tanta gente. Debo confesar que en su tiempo no me llamó mucho la atención -especialmente porque era fan asiduo de la competencia: ‘Héroes’- y, debido a las malas críticas del final de la serie, nunca se me había llamado la atención. Sin embargo, y gracias a una conversación con un buen amigo (¡Hola queridísimo Marcogallardo!), me animé a hacerlo.

Para los que no se encuentran muy relacionados con la serie, les explico:  el argumento central gira en torno de una serie de individuos que terminan varados en una isla a causa de un accidente aéreo. La particularidad, es que todos comparten pasados conflictivos, algo que podemos disfrutar gracias a la magia de los flash-backs.

A continuación, desarrollaré un pequeño decálogo de lo esencial de dicha serie:

El formato.

Me parece impresionante ver los enormes cambios que las series actuales han implementado en sus formatos, en contraste con las series que se producían hace 10 años (entre ellas, ‘Lost’).

En esa época era normal crear capítulos enteros sin tenían otra función más que fungir como relleno narrativo (con un pequeño gancho al final), de la misma forma que era usual dedicar capítulos enteros a explicar misterios completos en 45 minutos de duración. En esa concepción de las series, ‘Lost’ era el rey.

En ‘Lost’ era normal encontrarnos con arcos argumentales que tardaban 3 temporadas en resolverse, capítulos dedicados enteramente a desviar la mirada de lo realmente importante y temporadas enteras en las que parecía que el argumento no iba a ningún lado.

De entrada, creo que esa fue la magia -y la razón- por la que la serie fue tan efectiva: el formato. Cada capítulo tenía su ritmo y valor de importancia en la escala de misterios que quedaban por develar. Por un lado, en cada capítulo, avanzaba la aventura de este grupo de personas unidas por el accidente aéreo,mientras que por otro, se alternaba con las historias otras (por así decirlo) de cada uno de los personajes.

Así, podíamos tener la buena suerte de que nos tocaran una serie de capítulos seriados donde se resolvía un gran misterio o, en su defecto, muchas historias descontinuadas que sólo nos dejaban con más dudas.

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Los personajes.

Algo que siempre hacía que regresara a ver ‘Lost’ (sobretodo en sus peores capítulos) eran los personajes. De alguna forma, los escritores lograron crear cierto nivel de empatía con todos los integrantes del vuelo Oceanic 815. Con cada capítulo quería saber más de ellos.

Como mencionaba antes, uno de los grandes aciertos de la serie fue su formato, éste no sólo benefició al ritmo de la serie, también le dio cierto nivel de profundidad a los personajes. Gracias a un inteligente uso de flash-backs, flash-forwards y los llamados ‘flash-sideways’, los espectadores pudimos entender un poco de la estructura de cada personaje: sus miedos, frustraciones, ambiciones y mentiras.

Sin embargo, este tipo de formato también facilitó que se hiciera un abuso excesivo de los clásicos (y muy desgastados) tropes de series. Así, teníamos a Jack ‘el macho alfa’ de la comunidad,  a Kate ‘la rebelde sin causa’, a Sawyer el ‘hijoeputa’ o a Locke ‘la figura paterna’. Todos, por supuesto, con su nivel de profundidad y presencia en la serie.

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Este abuso de tropes ocasionó, consecuentemente, que varios personajes se encasillaran dentro del estereotipo que representaban y, debido a ello, se perdieran en la vorágine de personajes en la serie. Con asombro vi cómo varios individuos pasaron de ser personas importantes para la trama a convertirse en meros plot devices (¿Alguien dijo Juliet?)

Así, poco a poco pudimos ver cómo personajes esenciales a la trama se quedaron sin propósito, ni razón de existir en la serie, como los casos de Locke y Charlie. El primero dejó de ser redituable al momento en que ya no era necesario elevar a la isla en un nivel de importancia metafísico (cerca de la cuarta temporada). El segundo, cuando había un exceso de personajes más viciados que él (a principios de la tercera temporada).

Algo que, a mí parecer, ocasionó tremendos problemas, en la narrativa, cuando decidieron matar a un personaje pero seguir usando al actor para otro tipo de motivos (irrelevantes) a lo largo de la serie.

Con todo esto, aún recuerdo la emoción que me daba el conocer nuevos personajes y saber más de sus vidas. Viciados, abusados y menospreciados, fueron las personas con las que me pude encariñar en muy poco tiempo.

La historia.

‘Ve la serie como ciencia ficción no como otra cosa’ fue algo que me dijo mi amigo cuando estaba a punto de comenzar a ver la tercera temporada. No supe el porqué de este comentario hasta después, cuando la historia dio una vuelta de 360 grados.

Una de las quejas con las que me topaba con frecuencia fue con la falta de control de la trama. Para muchos, les fue imposible seguir con una historia que en un principio comenzó de una manera y que, al final, terminó con una idea totalmente diferente. A mí me sucedió lo contrario.

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No me pareció tan irreal comenzar la historia con un accidente aéreo en una isla y terminarla con (MINOR SPOILERS) la idea de que todos estamos unidos por algún tipo de ‘destino’ metafísico (por así decirlo) que nos dirigirá a un mismo fin. Como ateo recalcitrante que soy, en otra situación, esto me parecería muy ridículo. Sin embargo, en este formato, hasta bonito se me hizo.

Los viajes en el tiempo tuvieron sentido al tratar de explicar un poco de mythos de la isla, las conspiraciones entre comunidades encajaron a la perfección al momento de tratar de representar el pathos del ser humano, incluso la posibilidad de pensar en una ‘afterlife’ resultó coherente con la línea básica del argumento en la serie: el destino (FIN DE LOS  MINOR SPOILERS).

Es cierto que los escritores optaron por dejar plotholes (bien disfrazados) por aquí, y allá, al tratar de retratar el cuadro completo de la historia. Es cierto que hay muchos personajes que resultan irrelevantes (e incluso inexplicables) en el sentido de la historia. Pero lo que también es cierto es que la serie apostó a ir más allá y puso todas sus cartas sobre la mesa, por eso me da gusto haber creído todo su bluff y haber sido parte de algo tan emocionante como lo fue el mundo de ‘Lost’.

 

 

Mad Max: Fury Road y el camino a la distopías idiosincrásicas.

Este fin de semana fue el estreno de una película muy anticipada por varios fandoms: ‘Mad Max: Fury Road’. (cuasi) secuela de los filmes que protagonizó Mel Gibson en las décadas de los 70s y 80s.

En este nuevo capítulo vemos como Max (Tom Hardy) intenta escapar de un culto viciado por Immortan Joe y sus soldados ciegos de poder. En el camino se topa con Imperator Furiosa, una guerrera que busca llegar “al lugar verde” con un grupo de mujeres usadas para cargar los hijos de Joe.

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En sí, ‘Mad Max: Fury Road’ no es más que una (bien lograda) película de acción, dotada de excelentes tomas, un espectacular uso de la paleta de colores, musicalización al tope de su juego y escenas de acción que te dejarán sin aliento. Sin embargo, lo que más me dejó impactado es la construcción tan elaborada de los personajes.

Al ser una película plagada de escenas de acción, uno como espectador imaginaría que no existe tiempo para perfilar a la perfección a los protagonistas (ni que decir de los secundarios), sin embargo, el director George Miller logra adentrarnos en la mente de sus personajes por medio de pequeños (pero necesarios) diálogos y una espectacular construcción de escenas que podrían pecar de ser presuntuosas.

De esta forma, me resulta sorprendente la forma en que Miller nos muestra, por ejemplo, la fortaleza con la que está hecha Furiosa, o la vulnerabilidad palpable de Max, con espectaculares close-ups y maravillosos paneos. En ‘Mad Max: Fury Road’ los personajes son más que artificios narrativos, son discursos idiosincrásicos que ayudan al director a entender el mundo que los rodea.

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Los personajes de Miller, en este filme, reflejan una amalgama de sentimientos, ideas y posturas suficientes, en una sola toma, para poder entender sus motivaciones y miedos. Pero, sobre todas las cosas, los personajes de Miller representan discursos positivos de género. Furiosa y Max son ejemplos vívidos de ello.

Mientras Furiosa busca alcanzar un acto de redención que parece que nunca llegará, Max prefiere olvidar los eventos de su pasado que intentaron definirlo como persona.

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En ‘Mad Max: Fury Road’ no existe una competencia entre los protagonistas por definir quién es la persona más aguerrida, ni la más valiente, ni mucho menos la más cobarde. Todos son seres humanos dotados de un cúmulo de características intrínsecas a su contexto y, por lo tanto, su idiosincrasia.

‘Mad Max: Fury Road’ no busca favoritismos entre géneros, al contrario, borra aquella línea interminable que la sociedad se ha encargado de dibujar y traza sus propios límites: la humanidad misma.

Si hay algo que debo agradecer a Miller con este filme, aparte de su maravillosa exposición de un mundo distópico, es el impecable tratamiento hacia sus personajes. Algo que me emocionó en demasía.

No es el último trago: representaciones que condicionan a la tercera edad en el cine

Uno de los grupos de personas que la industria fílmica más se ha encargado de representar incorrectamente, según mi experiencia, es a las personas de la tercera edad. Son muy pocas las películas que de verdad se dedican a construir personajes de esta naturaleza completos, con motivaciones y carácter psicológico bien definido.

Por ello, es común siempre toparnos con el “abuelito buena onda” que siempre aconseja al hijo o, en su defecto, al nieto cuando se encuentra en una encrucijada de su vida. En el caso de las mujeres de la tercera edad, es común encontrarnos con matriarcas preocupadas constantemente por su familia y su salud física y mental.

De esa forma, y con dichas ideas en mente, fue que decidí ver ‘Love is Strange’ y ‘En el último Trago’. Dos películas de diferentes nacionalidades, la primera es de Estados Unidos y la segunda de México, enfocadas en dos momentos diferentes de la vida de 5 adultos mayores.

‘Love is Strange’ narra la vida de Ben y George, una pareja de hombres mayores que lleva 40 años juntos y que deciden casarse. Debido a eso, uno de ellos pierde su trabajo y deben vivir en casas separadas con sus familiares y amigos.

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‘En el último trago’, por su parte, trata del viaje que realizan Agustín, Benito y Emiliano a Dolores Hidalgo. Ahí deben regalar al museo de José Alfredo Jímenez una servilleta que el cantautor le regaló a su amigo difunto. Ambas películas tocan diferentes temas a lo largo de su trama pero comparten una misa línea: hay más vida después de llegar a la vejez.

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Me parece que, de entrada, es una ganancia poder contar historias con una premisa de ese tipo. Con ella se comienza a visibilizar a este grupo de personas que, como sociedad, nos encargamos de dejar tras bambalinas. Relegados a vivir encerrados en casa rodeados de sus recuerdos.

Estas películas ponen bajo el foco a 5 personas de la tercera edad con motivaciones, sueños y ciertas características psicológicas que no los encierran en el típico trope del abuelito buena onda y la matriarca preocupada. Sin embargo, ambas comparten el mismo problema: para la mitad de la película ya no saben qué hacer con sus personajes principales.

En el caso de ‘En el último trago’, el director se encarga de recordarnos constantemente que la vejez no es un impedimento para cumplir sueños y viajes de auto-exploración, pero se auto-limita al momento de darle capacidades a sus personajes. Los protagonistas comienzan como individuos independientes, pero para la mitad de la película dependen enteramente de buenos samaritanos y su familia cercana (sus hijos), quitándoles automáticamente ese independencia tan característica que se les había otorgado al principio.

En el caso de ‘Love is Strange’ sucede lo contrario, los personajes comienzan siendo totalmente dependientes de sus familiares y amigos para, al final, otorgarles cierto nivel de independencia con la cuál no gozaban en un  principio. Sin embargo, son individuos totalmente caricaturizados, con características de exageración, que no pasan de ser personas dependientes de los otros, hasta el propio final.

Creo que esta representación de la tercera edad radica en los paradigmas preconcebidos que la sociedad se encarga de endilgar en dichos individuos. Algo que, al parecer, es difícil de romper.

Los directores comienzan sus historias con premisas que llaman la atención y crean personajes de la tercera edad independientes, llenos de vida y ganas de salir adelante. Sin embargo, para la mitad de la historia, terminan por caer en los lugares de comunes de dependencia e imposibilidad de realizar cosas por si mismos.

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Los personajes se encuentran delimitados por sus propias limitaciones; por las limitaciones que sus creadores les adjudican bajo sus propios preceptos de lo que debe ser la vejez en nuestra propia realidad.

Si así fuera, las personas de la tercera edad seguirían encasilladas en la imagen del individuo que depende enteramente de los demás, aquel que no tiene capacidad de decidir por sí mismo y que sus familiares deban hablar por él, esa persona que no puede cumplir sus sueños si no es con la ayuda de los demás, algo que, en lo que a mí respecta, no debería seguir siendo así.

Las representaciones de los adultos mayores deberían mantenerse en la idea esencial que presentan: como personas capaces de amar, seguir sus sueños y descubrir lo que quieren de su vida sin necesidad de depender de algo. Eso sí sería justo.