El reflector de Caitlyn y Laverne: visibilizando lo transgénero.

Tratar el tema de género y sexualidad en una plática siempre evoluciona en un enardecido debate, y es que no es para menos, vivimos en una sociedad acostumbrada a la estaticidad, muy pocas personas modifican sus paradigmas y, los que lo hacen, necesitan de mucho tiempo y esfuerzo para realizarlo.

Los seres humanos estamos condicionados a etiquetar, organizar y limitar todo lo que se nos presenta. Todos los días nos dedicamos a realizar actos de performatividad (o nombrar algo para validar su existencia) y, por ello, nos es difícil salirnos de la norma que establecemos para regirnos.

Para nuestra sociedad existen sólo dos géneros: hombre y mujer, con él naces y con él debes de morir. Sin embargo, los hechos presentes en la actualidad nos han comprobado que esta dicotomía ya no da para englobar al ser humano. La identidad es parte importante de ello.

Por un lado contamos con el género (determinado por la sociedad), mientras que, por otro, está el sexo (determinado por la biología). Ambas son importantes al momento de definir la identidad propia del individuo, sin embargo (y en muchos casos) es imposible permanecer dentro de la etiqueta normativa de hombre/mujer.

Por eso es difícil entender la homosexualidad y el transgénero, porque no encaja en los paradigmas de pensamiento dicotómicos a los que estamos tan acostumbrados a entender desde que somos niños.

Por ello es tan complicado poder entender la diversificación de identidades de género, y para muchos es imposible imaginar otra concordancia sexo-genérica que la asignada de nacimiento. Lo transgénero, entonces, se configura como  una de estas imposibilidades paradigmáticas.

La mayor parte de las personas entienden esta identidad como “personas que no están de a gusto consigo mismas”, cuando ello, en realidad, tiene niveles más profundos de lectura. Un individuo transgénero no es una persona que no está “a gusto consigo misma” y ya,  sino que es un individuo con el que su sexo (biológico) no concuerda con su identidad de género. Ni más ni menos.

De este modo, podemos entender la lucha constante de personas en el medio, como Laverne Cox y Caitlyn Jenner, que dedican sus esfuerzos a ser visibles. A que la comunidad las vea como cualquier otro ser humano con identidad propia.

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Estas dos mujeres han hecho uso de los reflectores para darles voz a la comunidad transgénero. Han usado sus capacidades histriónicas (una más que otra) para modificar las representaciones viciadas de lo transgénero en la televisión y en los medios. Han logrado modificar (de cierto modo) el discurso de odio hacia dicha comunidad. Algo que hace 10 años hubiera resultado imposible.

Algunos aseguran que los discursos que Caitlyn Jenner ha dado en los últimos meses no son más que meros dispositivos publicitarios para poner la atención en su reality show, ¿de verdad eso importa cuando ella ha conseguido mostrarse al público como mujer trans? Su discurso siempre ha sido positivo, sus medios no han estado viciados y los resultados han sido poderosos.

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Yo aplaudo la valentía de estas dos mujeres y de todas las personas que se han atrevido a poner un alto a la discriminación. A los que han peleado por sus derechos como seres sociales que viven dentro de una comunidad. A los que han usado su fuerza mediática para hablar de los temas que nadie habla y a enfrentar los límites impuestos.

La subalternidad desparece al momento que los grupos otros comienzan a tener visibilidad y voz. La atención ya está puesta en la comunidad trans, los dispositivos paradigmáticos están comenzando a avanzar.

Sólo queda que nosotros, como sociedad, estemos dispuestos a caminar juntos hacia un escenario donde la gente deje de ser discriminada, donde la identidad sea lo que nos enriquezca como personas y no el resultado empobrecido de una sociedad viciada.

El concepto del amor ha cambiado en las series.

El concepto del amor, y el acto de amar, ha cambiado. Es oficial, la era de las series de románticos empedernidos ha llegado a su fin. Con el (muy debatido) final de  ‘How I Met Your Mother’ del año pasado se cerró el ciclo de los enamorados, que creen en el amor de toda la vida, para dar paso a los inconformes con la vida que casualmente cruzan su camino con el amor.

Series como ‘Catastrophe’ y ‘You’re The Worst’ son el vivo ejemplo de lo que planteo. En ellas, dos personas se conocen, comparten un momento de pasión y, por circunstancias ajenas a ellos, terminan regresando el uno con el otro. La situación no se da por si misma, ellos son forzados a pasar su tiempo con la otra persona, en contra de su voluntad,  enfrentando sus miedos e inseguridades.

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Es cierto que los tiempos cambian y, con ellos, las series. Lo que ahora vemos en la televisión es sólo un reflejo de la forma de actuar de la sociedad en la actualidad. Muchas más personas le tienen miedo al compromiso, a pasar el tiempo con alguien más que no sean ellos mismos, a entregarse a alguien.

Cuando en series, como ‘How I Met Your Mother’ o ‘Mike And Molly’, el amor es la fuerza que  mueve a los protagonistas a ser mejores personas, en ‘You’re The Worst’ es una fuerza mayor a su voluntad, algo que no pueden controlar y que, por supuesto, les asusta. En estas series vemos cómo los protagonistas traducen el amor a un peligro a su comodidad. Sus muros caen por completo y no saben qué hacer con ello.

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Ahora ya no vemos situaciones incómodas entre dos personas destinadas a estar juntas, lo único que tenemos son situaciones incómodas; los discursos aspiracionales fueron reemplazados por miradas perdidas y llenas de inseguridad; los momentos de pasión juntos ahora son tomados por las noches de placer carnal. El discurso alrededor del amor (y las formas de amar) han cambiado.

El amor ya no es la razón de vivir, es parte del camino que debemos tomar en nuestras vidas. Las personas enamoradas ya no son modelos aspiracionales, ahora son compañeros de vida . Las prácticas que rodean al acto de amar ya no son sencillas e irreales, son difíciles de alcanzar . Lo que antes se vivía desde dentro, ahora se ve desde fuera, detrás de un cristal de protección que nos separa de ello.

Este discurso es tan recalcitrante, y permanente, en las historias actuales que ni series como ‘Manhattan Love story’ (malhecha y mal dirigida, por cierto), o  ‘A To Z’, tuvieron cabida dentro de la audiencias estos últimos años. Su conceptualización del amor ya no tuvo cabida en el actuar de la sociedad actual.

La gente ya no quiere ver esto. Ahora los personajes ya no son perfeccionados por el amor, al contrario, ahora son imperfectos, corruptos, reales. La época de fantasía, donde el amor reinaba la vida de las personas, ha terminado. La era de las personas imperfectas, que buscan algo más allá del amor, ha llegado a tomar su lugar. Y eso no está mal.

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Así es el camino que ahora hemos decidido tomar: uno donde todos somos conscientes de que el amor no resolverá nuestras vidas, sino que tendremos que ser nosotros los que tomemos las riendas de las mismas, que nos hagamos responsables de nuestros actos.

La televisión actual habla por los que tenemos que estar a gusto con nosotros mismos antes de aceptar a otra persona en nuestras vidas, que tenemos que confiar en nuestras propias habilidades, y reconocer nuestros defectos, antes de confiar en entregar nuestro corazón a alguien más.

El concepto del amor, y el acto de amar, ha cambiado. Ya no es el fin de nuestras vidas, sino uno de los medios principales para alcanzar todas nuestras metas. El concepto del amor ya no significa amar por amar, sino amar para poder amar.

 

De Reboots, remakes, secuelas y películas originales.

Vivimos en una época donde las audiencias están acostumbradas a que Hollywood los apabulle con remakes, reboots y secuelas año con año. Sería un tremendo error si me encargara de generalizar al asegurar que ninguna de ellas es buena o, en caso contrario, todas son muy buenas. Lo que es cierto es que el monstruo fílmico se ha ido quedando sin ideas poco a poco, cada vez existen menos ideas originales y más historias recicladas.

Sólo hace falta echar un vistazo a la cartelera actual para encontrarte con el remake de ‘Poltergeist’, las secuelas/reboots de ‘Terminator’ y ‘Jurassic Park’ y la (pronto a ser estrenada) secuela-ish de ‘Despicable Me’: ‘Minions’. No es mentira asegurar que la mayoría de las grandes casas productoras apuestan más por productos audiovisuales que atraigan permanente a las audiencias y, con ello, más dinero.

Las audiencias, por otro lado, somos fanáticas del recuerdo. De toparnos con elementos intrínsecos ligados a nuestra infancia o juventud. Por eso seguimos consumiendo este tipo de historias, nos emociona encontrar easter eggs claves de nuestras películas de culto preferidas bañadas, y cubiertas, en capas de tecnología actual.

La nostalgia atrae y su uso en los remakes/reboots/secuelas es irrefutable. Si no estuviéramos seguros que en ‘Jurassic World’ no se haría ni una sola mención del antiguo ‘Jurassic Park’ no se llenarían las salas de la forma en que sucedió en esta ocasión, lo mismo sucedería si no supiéramos que Schwarzenegger usaría una línea característica del T-800 en ‘Terminator: Genisys’.

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Con esto no pretendo decir que estas opciones narrativas sean necesariamente malas. Algo que siempre agradeceré como cinéfilo devoto es que siempre haya opciones (bien o mal hechas) por disfrutar en cartelera.

Agradezco más que dichas historias traten de modificar un poco el mythos original de la saga para poder plantear nuevas situaciones (Jurassic World, Mad Max: Fury Road, Terminator: Genisys) comprobando que no todas las casas productoras dan por sentado a sus audiencias.

Los tiempos, sin lugar a dudas, cambian. Las ideas originales ya no se encuentran en el Hollywood de los 80, ahora es más factible verlas reflejadas en el cine independiente. Aquel que se preocupa más por contar una buena historia que obtener una entrada fuerte de dinero en taquilla.

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El problema de estas cintas es su (muy) limitada distribución. En Estados Unidos son estrenadas (la mayor parte de las veces) en muy pocas salas, mientras que en México es muy raro que siquiera hagan una aparición en cartelera. Las grandes compañías de distribución en nuestro país aún creen que sólo los grandes Blockbusters pueden atraer mucho dinero a los cines.

La creación (tardía) de la “sala de arte” de Cinépolis en contados establecimientos cinematográficos del país es un claro ejemplo de ello y sólo un número muy selecto de “películas de arte” son exhibidas ahí.

Sólo aquellas películas creadas por estudios independientes que son nominadas al Oscar, que tuvieron presencia internacional en festivales extranjeros o que cuentan con una gran cantidad de nombres reconocidos cubren los requisitos.

No les voy a mentir, cuando se trata de ir al cine me gusta disfrutar todo tipo de películas y rara vez me niego a una invitación (por más mala que parezca el filme). El cine, sea producido por enormes compañías de Hollywood o pequeñas distribuidoras independientes, siempre me va a gustar.

Sin embargo, me gustaría poder contar con un poco más de accesibilidad de mercado equitativo entre reboots, remakes, secuelas y películas originales (Hollywoodenses o Indies). A final de cuentas, la idea es transmitir una idea e impactar a las audiencias con discursos poderosos que nos muevan sentimientos.