De reduccionismos, simplismos y salidas fáciles.

Soy gay. Una persona gay, en la actualidad, forma parte de una minoría y, como parte de ella, he escuchado todos los argumentos que intercambiamos entre conservadores, minorías, extremistas y liberales. Soy gay y no me da pena serlo, no me intimida que me digan improperios ni que intenten rebajarme por mi orientación sexual. A final de cuentas, eso no me define. No soy un órgano sexual con pies. Ni me interesa que me vean de esa forma. Soy mucho más. Soy un conjunto de características, cualidades y defectos que me hacen ser quién soy.

Claro que no le voy a caer bien a todos, y eso no está mal, no soy una monedita de oro. No espero que así sea.  No me refugio en mi orientación sexual cuando no soy del agrado de alguien. No soy así de simple. No me dejo llevar por discursos reduccionistas. Los reduccionismos y simplismos son la peor salida fácil a la que el ser humano se puede enfrentar.

Me parece terrible cuando alguien reduce a otra persona a una sola característica de su vida: cuando lo define como homosexual, afroamericano o mujer. Me parece peor cuando este reduccionismo lleva un mote peyorativo:  como “joto”, “tortillera”, “negro”, “vieja” o “niñita”. Pero me parece imperdonable que nosotros mismos seamos parte de este simplismo. Cuando nos escudamos de la violencia que nos ataca con estos mismos motes. Que justificamos los discursos de violencia al simplificarnos y ofendernos.

Yo estoy seguro que no le caigo bien a más de uno. Puede que sea porque hablo demasiado, porque soy terco, porque fangirleo  o porque tengo cierta tendencia a ser grammar nazi, pero nunca doy por sentado que es por mi orientación sexualidad. Si hiciera eso estaría cayendo en el juego de muchas otras personas que se les hace fácil reducir a los demás. Que despojan a los demás de su voz, y de su personalidad y los invisibilizan.

En el momento en que nosotros mismos nos despojamos de todas nuestras cualidades estamos permitiendo que los demás nos invisiblicen y nos quiten nuestra voz. No permitamos que estas personas justifiquen su odio con motes reduccionistas. No perdamos la confianza en nosotros, y en todo lo que somos, consecuentando estas acciones con defensas igual de irracionales.

Así que no, no eres nada más tu orientación sexual, ni tu clase social, ni tu color de piel, o tu género. Eres mucho más que eso. No te invisibilices. No permitas que te quiten tu voz, pero, sobre todo, no caigas en dinámicas reduccionistas y simplistas.  Empieza siempre contigo y termina en ellos.

 

 

Club de Cuervos: Volando cerca del sol.

Si han seguido mi blog, se habrán dado cuenta que tengo un soft spot por las series producidas por Netflix. iIn duda alguna, la forma en que sus historias son hechas (a manera de una gran película) me parece de lo más innovador. Además creo deliberadamente que la casa productora ha hecho un buen trabajo al momento de seleccionar las historias que quiere contar.

Por ello, no es de sorprenderse que cuando me enteré que produciría una serie latina -situada en México y protagonizada por Luis Gerardo Méndez- me emocioné de tan sólo pensar en los increíbles alcances que podría tener. Así fue cómo nació ‘Club de Cuervos’.

La historia de ‘Club de Cuervos’ gira alrededor de dos hermanos: Chava Iglesias Jr. e Isabel Iglesias, hijos de el presidente de un equipo de futbol llamado ‘Los Cuervos de Nuevo Toledo’. Así, cuando el patriarca de la familia muere inesperadamente, ambos se someten a una intensa pelea por tener el tan preciado lugar que su padre dejó: la presidencia del Club de Cuervos.

De entrada, la serie por si misma se lleva las palmas. Cada capítulo está elaborado cuidadosamente para acompañarnos en un “detrás de cámaras” (por así decirlo) de lo que ocurre dentro de los clubes de futbol. Sobra decir que los excesos están representados a la orden del día.

Sin embargo, lo más atractivo es la presencia de sus actores: Luis Gerardo Méndez hace un papel inolvidable como el típico “hijo de papi”, Mariana Treviño adopta el papel de contraparte a la perfección y Daniel Giménez Cacho brilla como un vicepresidente atrapado en una disputa familiar.

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La primera parte de la temporada se ilustra con un carnaval de excesos, decisiones arriesgadas y partidos de fútbol ganados. Así se ponen las cartas sobre la mesa y entendemos -como audiencia- las bases de la problemática.

Sin embargo, para la segunda parte, me topé con una enorme disparidad narrativa que hizo que yo  perdiera todo el enfoque en la historia: la representación del género femenino, sobretodo en el papel de Isabel Iglesias.

Al principio de la serie, la disputa de los hermanos es delimitada a la perfección: Chava quiere ser el presidente porque es el siguiente paso lógico en su vida como mirrey malcriado, mientras que Isabel defiende su postura al argumentar que ha dedicado su vida completa a trabajar para su papá y al equipo. Dos razones que, dentro del universo de ‘Club de Cuervos’, son totalmente plausibles.

La serie, en un comienzo, aborda la problemática de ser mujer y vivir en un universo donde el fútbol es imperativo, haciéndonos entender que esa será una de las temáticas rectoras de la serie. Sin embargo, en la segunda mitad de la temporada, ese leit motiv se pierde y las motivaciones de Isabel pasan de ser en pos del beneficio del club a transofrmarse en un mero berrinche.

El problema surge cuando los escritores deciden quitarle las razones sensatas a Isabel para ser presidenta del equipo y le otorgan argumentos infantiles y sin sentido. Así, la historia de fondo -que se trataba de abordar al inicio- de una mujer fuerte e inteligente peleando contra el sistema masculino, rector en el fútbol, se modifica radicalmente para convertirse en una rabieta. No, en un berrinche más de ella.

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De esa forma, la disparidad comienza a permear en todos los aspectos de la serie, llegando a un punto donde los escritores no saben si defender el argumento, que tratan de mantener en un inicio, sobre si el papel de una mujer dentro de un club deportivo de futbol sea necesaria o si las mujeres no pueden participar en deportes como estos “por sus constantes cambios hormonales”.

Algo que la misma Mariana Treviño parece no disfrutar. Al comienzo de la temporada la vemos como una mujer segura de si misma, llena de conocimientos y ganas de sacar adelante al equipo. Para la segunda parte, cuando los escritores comienzan a hacer de las suyas, la actriz aparece menos tiempo en cámara y en cada una de sus escenas se ve la incomodidad que la aborda.

De la misma forma, y en un grado menor, los pocos personajes homosexuales y transgénero que hacen pequeñas apariciones en la serie sólo sirven como burla y ejemplo de lo que, al parecer, los escritores consideran que no se debe de hacer dentro de un equipo de futbol: “ser diferente”.

De esta forma, considero que la propuesta de ‘Club de Cuervos’ es muy buena. La historia es atrapante y (la mayoría de) sus personajes están bien construidos. Sin embargo, creo que -para la segunda temporada- los escritores deben decidir la postura que tomarán en cuanto al personaje de Isabel: Si debe quedarse con la presidencia del equipo porque tiene los conocimientos necesarios o porque es un berrinche más de una mujer “que se deja llevar por las hormonas” como nos quieren hacer pensar.

Nota aparte: ¡Gracias por existir, Netflix!

Cuando el ‘humor gringo’ se vuelve Meta.

Me gustaría hacer un ejercicio de imaginación con ustedes, ¿en qué piensan cuando digo “humor gringo”? Seguro más de uno pensó en películas con trama simple y chistes ridículos, como ‘Hot Shots’ o ‘Scary Movie’, incluso, no dudo que existan los que imaginen algún sketch de ‘Saturday Night Live’, y no los culpo. El mundo del entretenimiento estadounidense se ha encargado de bañarnos, y tenernos muy acostumbrados, a narrativas simplistas

Sin embargo, incluso dentro de esa gran maraña que se considera como ‘humor gringo’ existe el humor inteligente, y de crítica. Antes de que me quieran linchar, ténganme paciencia y permítanme explicarme.

Si bien es cierto, el llamado ‘humor gringo’, la mayor parte del tiempo peca de ser exagerado y extremadamente simple. No podría hablar de este tipo de humor sin considerar los running gags y los punchlines desinflados que las caracterizan, éstos, para la la inconformidad de muchos, suelen tener mucho éxito en diferentes públicos que gustan de risas fáciles y personajes sin complicaciones.

Ahora bien, como mencionaba anteriormente, existe un nicho de producciones audiovisuales dentro del ‘humor negro’ que se aprovecha de los típicos tropes de comedias estereotípicas y los usa a su favor. Así, gracias a la exageración y los chistes recurrentes, estas películas se dedican a “criticar” -por así decirlo- a estas mismas historias y audiencias, otorgándole un nivel muy ‘meta’ a la narrativa y re-significando el discurso.

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Así,  si las acciones comunes de los personajes en las películas típicas de humor gringo son exageradas, en las ‘meta-comedias’ (como me gustaría nombrarlas) son doblemente exageradas y triplemente más ridiculizadas. Las persecuciones imposibles, las peleas fuera de control y las escenas escatológicas pasan de ser salidas fáciles de la comedia para convertirse en dispositivos críticos de una sociedad simplista.

Existen un sinfín de historias meta-críticas de humor gringo, pero son dos (muy recientes) las que creo que se han encargado de retratar bien este tipo de humor: ‘Wet Hot American Summer’ y ‘They Came Together’. En ambas, los personajes son construidos de una forma tan ridícula que resultaría imposible imaginarlos sobreviviendo fuera de su propio contexto.

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(Como dato curioso, tanto Paul Rudd como Amy Poehler son partícipes de ambas películas.)

En la primera, nos adentramos a una parodia de las películas de campamentos de los ochenta. Así, podemos ver la sucesión de eventos tan dispares que podrían ser narrados en diferentes películas y no existiría problema alguno: una competencia de talentos, un satélite a punto de chocar con la tierra, un partido de beisbol entre campamentos y un amor juvenil, son tan sólo parte de esta (ahora llamada) película de culto.

Este diálogo es tan sólo un ejemplo de lo inteligente, y audaz, que puede ser su tipo de humor:

Susie: You guys, I’m really gonna miss this place

.Coop: Me, too.

Ben: Hey, let’s all promise that in ten years from today, we’ll meet again, and we’ll see what kind of people we’ve blossomed into.

Lindsay: Yeah!

Ben: What time do you wanna meet?

J.J.: You mean ten years from now?

Ben: Yeah.

Coop: Let’s meet in the morning so we can make a day of it.

Susie: Okay, so what is it? Is it like 9:00 or 9:30?

Coop: Well, let’s say 9:00, that way we can be here by 9:30.

McKinley: Well, no, why don’t we say 9:30, and then make it your beeswax to be here at 9:30? I mean, we’re all gonna be in our late 20s by then. I just don’t see any reason why we can’t be places on time.

Gary: Okay, then, it’s settled. 9:30 it is. All agreed?

Together: Agreed.

McKinley: Great, ‘cause I have something at 11:00.

Gary: You’ve just got like a trapper-keeper full of appointments, right?

McKinley: No, I just, I have something at 11:00, and I can’t change it, because I already moved it twice.

La segunda, por otra parte, se trata de una parodia de las rom-coms actuales. En ella, nos topamos con una pareja enamorada (a pesar de todo lo que les rodea), una corporación de dulces que quiere eliminar a un pequeño negocio,  ninjas, mucho white supremacist, y numerosas fiestas de Halloween.

Aquí uno de sus diálogos:

Kyle: “So, Joel, Molly, how’d you two meet?”
Molly: “Kind of a corny, romantic comedy kind of story”
Joel: “That’s, that’s true!”
Karen: “Well, great story!”
Kyle: “Yeah, we should get together again very soon!”
Karen: “Yes!”
Joel: “We’re not done!”
Molly: “Yeah, sit down.”
Karen: “Well actually, you know, it’s getting so late.”
Molly: “Sit your ass down, Karen!”
Kyle: “Your story really is like a corny movie!”
Molly: “I know! The only difference is, it’s not a movie! It’s our real life!”

Ciertamente, la línea entre una película exagerada de humor gringo y de las meta-comedias es muy delgada. Tan delgada que muchas películas han intentado hacer algo como la segunda y terminan realizando un desastre de la primera (veáse ‘Scary Movie 2-5’, ‘Date Movie’ o ‘Not Another Teen Movie’ que se encuentra justo a la mitad).

Wet-Hot-American-Summer-Casting

Por ello, me gustaría invitarlos a ver alguna de estas dos películas -y sí de verdad les gusta, darle una oportunidad a la serie/precuela ‘Wet Hot American Summer: First Day Of Camp’ en Netflix- para poder entender la diferencia tan radical que existe entre ambas.

Por supuesto que muchas veces nos gusta ver una película y no pensar en nada más, sin embargo, resulta más atractivo disfrutar de una historia que pretende ser ridícula pero que tiene un discurso inteligente, y desenfadado, de fondo. Eso se agradece más.