Las buenas y no tan buenas nuevas series de la temporada.

Definitivamente esta es una de mis temporadas favoritas por dos razones: el comienzo de las premiaciones y la oleada de estrenos nuevos de series. Si ustedes son igual de traumatizados que yo, ya habrán comenzado a disfrutar de muchas de estas nuevas historias, si todavía no lo han hecho, ¡No se preocupen! A continuación les haré una pequeña crítica de las novedades de principios de temporada.

Domingo:

Quantico (ABC)

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Muchos críticos, y el mismo canal, han descrito a esta serie como el hijo bastardo de Grey’s Anatomy, 24 How To Get Away With Murder y yo no podría estar más de acuerdo. La premisa es sencilla: un grupo de personas (de todas partes del mundo) entran a la academia Quantico del FBI para formar parte de este equipo, sin embargo (y gracias a un inteligente salto en el tiempo) uno de ellos parece estar involucrado en un ataque terrorista ocurrido en la ciudad de Nueva York.  El piloto es consistente y consigue engancharte a la primera. Personalmente, esta es mi recomendación para comenzar a ver ASAP.

¿Qué pueden esperar encontrar?  Sexo, mucho (mucho) drama, una dosis obligatoria de referencia a los ataques del 9/11, misterio y muchas consecuencias.

Lunes

Life in Pieces (CBS)

LIFE IN PIECES is CBS's new single camera comedy about one big happy family and their sometimes awkward, often hilarious and ultimately beautiful milestone moments as told by its various members. Pictured L-R, Top Row: Dan Bakkedahl as Tim, Betsy Brandt as Heather, Colin Hanks as Greg, Zoe Lister Jones as Jen, Thomas Sadoski as Matt and Angelique Cabral as Colleen; Pictured L-R, Bottom Row: Holly Barrett as Samantha, Niall Cunningham as Tyler, Giselle Eisenberg as Sophia, James Brolin as John and Diane Wiest as Joan Photo: Cliff Lipson/CBS ©2015 CBS Broadcasting, Inc. All Rights Reserved
LIFE IN PIECES is CBS’s new single camera comedy about one big happy family and their sometimes awkward, often hilarious and ultimately beautiful milestone moments as told by its various members.
Pictured L-R, Top Row: Dan Bakkedahl as Tim, Betsy Brandt as Heather, Colin Hanks as Greg, Zoe Lister Jones as Jen, Thomas Sadoski as Matt and Angelique Cabral as Colleen; Pictured L-R, Bottom Row: Holly Barrett as Samantha, Niall Cunningham as Tyler, Giselle Eisenberg as Sophia, James Brolin as John and Diane Wiest as Joan Photo: Cliff Lipson/CBS ©2015 CBS Broadcasting, Inc. All Rights Reserved

Después del éxito apabullante de Modern Family, dentro del mundo de las sitcoms familiares, me sorprende que las televisoras se hayan tardado más de 7 años en tratar de imitar su formato. Esta serie se explica así misma con su título: gira alrededor de una familia y sus aventuras desarrolladas en 4 historias pequeñas con cada pieza de la misma.

Me topé con una serie sumamente refrescante, que cuenta con un reparto estelar (Colin Hanks, entre ellos) y una forma diferente de contar historias familiares. Recomendable para pasar el rato y para todos los fans de la increíble Betsy Brandt (Marie en Breaking Bad).

¿Qué pueden esperar encontrar?  Comedia involutaria, situaciones vergonzosas, niños genio y padres primerizos.

Martes

The Muppets (ABC)

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Después de tener una racha exitosa con sus últimas dos películas, los Muppets regresan a la televisión con un mockumentary que sigue a nuestras estrellas en su historia con Miss Piggy y su programa tras bambalinas de Up Late Night With Miss Piggy. 

Personalmente, me parece que empezó un poco lento y muy tibio. Los creadores no parecen decidirse si quieren hacer un humor más oscuro o mejor quedarse con la inocencia infantil; algo que se movió más hacia la primera opción en el segundo capítulo.

¿Qué pueden esperar encontrar? Muppets interactuando con famosos, entrevistas tras bambalinas de los Muppets, mucho Miss Piggy, mucho Kermit, Mucho Fozzie, muy poco Gonzo.

Scream Queens (Fox)

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La última creación de los creadores de Glee. Algo así como el hijo drogadicto y bañado en brillantina de American Horror Story (Hecho por uno de ellos: Ryan Murphy) y la misma serie sobre concursos corales que acabo de mencionar. La historia gira en torno a una fraternidad de “queen bees” que es forzada a recibir a cuánta estudiante quiera participar, mientras son asediadas por un asesino con un fanatismo por sierras eléctricas, cuchillos y cortadoras de pasto (hasta ahorita).

De todos los nuevos estrenos es una de las pocas series que limita su audiencia gracias al conocimiento de sus creadores y antecesoras. Si no te gusta el humor incoherente y sin sentido de Glee o la sobreactuación de American Horror Story entonces esta serie no es para ti.

¿Qué pueden esperar encontrar? Emma Roberts 24/7, humor simplón/inteligente, una cascada de referencias a la cultura pop, numerosos tributos a Heathers y las películas slasher de los 90, insultos a diestra y siniestra.

Jueves 

Heroes Reborn (NBC)

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Si bien no considero esta serie como un “nuevo” estreno, es un intento de su creador, Tim Kring, por comenzar de nuevo con su mitología de Heroes que no pudo terminar a principios del 2000 por su pésima selección de ideas y guiones. La historia sigue siendo prácticamente la misma: un grupo de personas repartidas a lo largo del mundo, y con poderes, que huyen de grupos y organizaciones que están en su contra.

Los primeros dos capítulos son interesantes, pero no ofrecen nada nuevo. Si bien hay nuevos personajes con poderes interesantes, nunca dan ese salto más allá que tanto distinguía a la primera (y única buena) temporada de su predecesora. Quizás Tim Kring prefiere comenzar calmado antes de impactarnos de verdad.

¿Qué pueden esperar encontrar?  Personas con poderes huyendo de humanos con armas, jóvenes usando sus poderes como parte de su “coming of age”, Noah Bennet y otro grupo de ex-alumnos de Heroes haciendo apariciones.

Pronto viene la segunda ola de nuevos estrenos que, con gusto, me encargaré de recomendar.

La televisión y las redes sociales: de espectadores a pésimos partícipes.

Con el avance de la tecnología, y el reinado actual de las redes sociales, es natural que los formatos y modos de presentar historias se modifiquen. Ahora, es normal que nos encontremos con una avalancha de hashtags diferentes a lo largo de un  capítulo de nuestro programa favorito o que podamos encontrar escenas de nuestra serie predilecta en youtube.

Sin embargo, nada ha influenciado más la forma en la que vemos, y disfrutamos,  la televisión que la llegada de Facebook (en menor medida) y Twitter.  Gracias a ellos, comenzamos a generar narrativas transmedia (aquellas que conectan, desarrollan y ligan historias gracias a diferentes plataformas) todo el tiempo. Buscamos estar actualizados e interconectados en todo momento, generando información que compartir y personas con quién construir teorías en conjunto.

Nos comenzamos a acostumbrar a ver la televisión al mismo tiempo que leemos Twitter (incluyéndome) para opinar sobre lo que está sucediendo y compartir algún momento que nos haya causado risa o miedo.

Estamos tan acostumbrados a este modo de consumir productos audiovisuales que ya es normal que evitemos usar las redes sociales a la hora en que se transmite un final de temporada de alguna serie de nuestro interés para no toparnos con spoilers. Consumimos televisión de la misma forma que lo hacemos con las redes sociales y las cadenas nos alimentan gustosamente.

El internet, en cierta medida, nos ha ayudado a visibilizarnos y tener una voz sobre lo que queremos y no queremos ver. Ahora contamos con diversos espacios y plataformas (el mejor ejemplo es este mismo blog) para dar nuestras opiniones y puntos de vista de nuestras series favoritas.

Así, las redes sociales nos han permitido tener una comunicación bilateral (mediada, sesgada y modificada) con las personas que se encuentran detrás de nuestras historias favoritas. Todas las noches, miles de personas toman dichas plataformas para vanagloriar o criticar un capítulo. Algo que, a mi parecer, es un arma de doble filo.

Por un lado, tenemos “cierto” nivel de poder para influenciar en el modo en que alguna serie debe seguir su camino. Sin embargo, esto ocasiona que muchas narrativas se distorsionen y se conviertan en discursos complacientes.

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Así, las historias comienzan a romper los límites de su propia estructura por el simple hecho del shock value,  y el impacto inmediato que ésto genere en las personas. Por supuesto, funciona, pero fomenta la construcción de la estructura perfecta en una serie para que las audiencias olviden estos momentos con la llegada del siguiente shock.

Ahora, es normal que se maten personajes (con su debido hashtag), se descubran traiciones y se revivan otros personajes en un siantamén. Por supuesto, estas situaciones son siempre adeptas a causar impacto, sin embargo le restan legitimidad a la historia y, por lo tanto, un sentido de consecuencia.

Resulta lógico – e incluso atractivo- que el siguiente paso en la relación de las audiencias con la narrativa transmedia convierta al  espectador actual en un participante externo de sus historias favoritas (side note: no por nada ahora los espectadores de Big Brother puedan decidir qué es lo que el participante infiltrado hará ahora en la casa para generar más “controversia” y ratings. Fin del side note). Sin embargo, existe una línea muy pequeña entre ser un participe y convertirte en el “portador” de la última decisión sobre el destino de un personaje.

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El mejor ejemplo, y que siempre tengo muy presente (sobre todo porque me dio mucho coraje), es el momento en el que Steven Moffat decidió anunciar que una de los personajes que había matado, por el simple hecho de generar un impacto y schock value, en el capítulo final de la octava temporada de Doctor Who, regresaría para la novena por ser una favorita de los fans.

No niego que las redes sociales hayan abierto un abanico infinito de posibilidades sobre las diferentes formas en que se puede construir una historia (a todos nos gusta ser tomados en cuenta), sin embargo creo que estas plataformas deben funcionar más como niveles intermedios y no puntos finales en la decisión de los escritores de nuestras series favoritas de televisión.

A final de cuentas, en un mundo donde las consecuencias no existan, las decisiones comenzarán a pasar a un segundo plano. Y eso no es algo que se deba tomar a la ligera.

 

‘The 33’: 33 voces invisibilizadas.

No puedo comenzar a enumerar la lista de razones por las que la película ‘The 33’ me pareció, no sólo mala, un total insulto para los 33 mineros chilenos que tuvieron que pasar por aquella tragedia el 5 de agosto del 2010 en el derrumbe de la mina de San José.

El filme, teóricamente, narra lo sucedido desde el punto de vista de Mario Sepúlveda -interpretado por Antonio Banderas- y de (algunas de las) familias de los mineros. A primera vista, la idea suena atrayente: una tragedia filmada exhaustivamente e interpretada por actores reconocidos. Sin embargo, el trasfondo de todo este discurso se mantiene con fuertes implicaciones.

Pareciera que – y tomando en cuenta el nombre de la película- los involucrados  quisieran hacer honor a los 33 mineros atrapados por meses bajo tierra. Sin embargo, y gracias a diferentes alegorías discursivas, los protagonistas son borrados sistemáticamente -y constantemente- de la estructura narrativa de la película, para dar paso al lucro descarado con la tragedia.

Lo primero que llamó mi atención -desde el momento que vi el trailer- es la cantidad de celebridades, y nombres reconocidos, del mundo del cine interpretando a estos valientes hombres y mujeres. Algo que, también, significa el primer problema del filme: la falta de actores chilenos. Uno creería que por ser una película que basa sus esfuerzos en un grupo de chilenos, al menos uno de sus protagonistas tendría raíces propias del país. Algo que definitivamente los involucrados no parecieron tomar en cuenta.

De entrada contamos con el papel protagónico de Antonio Banderas (un actor español), y seguimos con el resto del reparto: Rodrigo Santoro (actor brasileño), Kate del Castillo (actriz mexicana), Adriana Barraza (actriz mexicana) e incluso la participación de Juliette Binoche (actriz francesa), todos hablando en inglés con un (intento de) acento chileno. Algo que sólo provoca una tremenda invisibilidad a los mineros y sus familias, despojándolos de sus nacionalidades y centrando el discurso en la tragedia y no en sus participantes.

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Lo que me lleva a mi segundo problema: el idioma. Entiendo que, al ser una producción hollywoodense, es “necesario” que el filme sea hablado en inglés. Pero de eso a que se seleccione (una mayoría de) actores, con un sinnúmero de nacionalidades, fingiendo un acento chileno parchado, con un mal inglés, me parece que es un insulto. Incluso el actor que interpreta al presidente chileno -que resulta ser un actor estadounidense- cambia de acentos a diestra y siniestra entre toma y toma.  Ya ni porque Don Francisco (SPOILERS ¡Tiene un pequeño cameo!) opta por hablar en español se molestan en darle un poco de coherencia narrativa.

 

Sin embargo -y si aún así se obviaran estos grandes problemas- la película no se ayuda así misma. Por ello, el tercer problema con el que me topé (y el que me parece más grave de todos) es el hecho de que la narrativa sólo se centra en 5 historias básicas, y dos más que se mueven de forma satelital. Así, de los 33 mineros, sólo conocemos el nombre de 10 ellos y la historias de, al menos, la mitad de ellos.

De esa forma, el discurso se olvida sistemáticamente de los protagonistas, y  de su historia, y los convierte en sombras -personas sin nombre- que se mueven a tumbos al fondo, mientras Antonio Banderas sufre frente a la cámara. No es hasta los créditos cuando la directora decide nombrar a los involucrados con una especie de “reunión” de los verdaderos protagonistas de dicha tragedia en la playa. Así de fácil se invisibiliza a un grupo de personas: despojándolos de su nación, su idioma y hasta de su propio nombre.

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Con ‘The 33’ se  legitima la (trastornada) idea de que una tragedia habla más por un grupo de personas que ellos mismos. Que un conjunto de acciones es más capaz de definir a 33 sombras, que tuvieron que vivir más de 3 meses bajo tierra, que las propias voces de estos individuos. Que un discurso puede reducir 33 voces a un grupo de personas sin nombres, sin motivaciones, sin miedos.

Así que no, una película no debería de enfocarse nada más en la tragedia y dejar de lado a los involucrados. Una película debe otorgar voz a los invisibles, visibilidad a los subalternos, legitimidad a las voces.Una película como ‘The 33’ debió de haber hecho lo que el gobierno de Chile no ha logrado en 5 años: regresarle la voz a sus mineros.