Supergirl y Jessica Jones: Motivación y Consciencia.

Si hay algo que ha tomado muchísima fuerza a la hora de contar historias en medios audiovisuales en estos últimos años es la adaptación de cómics. Desde películas  a televisión, Marvel y DC se han encargado de engalanar nuestras pantallas grandes y chicas con sus superhéroes y aventuras. Algo que, sin ser sorpresa, ha tenido muchísimo éxito.

Ya he hablado antes de lo constreñido que me parece el universo Marvel en el cine y lo mal que ha comenzado el que nos plantea DC y también he externado un poco mi molestia con ambos por la pobre representación del género femenino en sus filmes: mujeres con poca o mínima agencia. Sin embargo, a pesar de todo esto, considero un gran acierto lo que han logrado avanzar y hacer en televisión.

Si Marvel puede vanagloriarse por ser los pioneros del universo cinematográfico, DC puede sentirse muy orgulloso de su universo televisivo. Arrow tuvo tanto éxito que decidieron expandir su narrativa a Flash, Legends Of Tomorrow Supergirl. La monstruosa casa productora de Stan Lee, por otro lado, decidió no quedarse atrás y, después de cerrar un jugoso contrato con Netflix, ya cuenta con temporadas de Daredevil Jessica Jonesen streaming, Luke Cage a punto de estrenarse y Iron Fist en producción, todo para culminar en un evento especial llamado The Defenders.

A mi parecer, resulta un tremendo acierto contar con universos televisivos donde, gracias a dicha plataforma, se pueden realizar casos de estudio de personaje y dedicar suficiente tiempo para desarrollar a sus protagonistas mientras las historias se desarrollan con tiempo y ritmo.

Algo que sucedió de maravilla con dos series que se estrenaron el año pasado: Supergirl Jessicas Jones. Las primeras superheroínas de cada casa productora en tener sus propias series. Ambas tan diferentes, tanto en su narrativa como en sus historias, como similares, gracias al mensaje positivo de equidad de género que atraviesa todos sus capítulos. Ambas series protagonizadas por personajes femeninos bien construidos: Kara y Jessica Jones, con una historia digna de contar y un discurso bien cimentado alrededor de las historias de vida de sus protagonistas.

En las dos nos encontramos con personajes femeninos y masculinos bien formados, que no compiten por protagonismo, que cuentan con representaciones que no caen en estereotipos ni reduccionismos típicos del género, que están formados por diferentes capas y características que los distinguen de los demás, con motivaciones y agencia propia.

Las vidas de Kara y Jessica Jones no podrían ser más diferentes. Sería demasiado simple si se pensaran como similares por el simple hecho de tener superpoderes. No, sus historias de vida son más que eso, son narrativas entrelazadas que convergen en diferentes aspectos, pero que se distancian en otros. Compararlas sólo por su posición como superheroínas significaría restarle complejidad a sus personajes.

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La historia de Kara en Supergirl comienza con la primera vez en que ella usa sus poderes para proteger a su hermana. La de Jessica Jones, cuando deja de usarlos para salvar a los demás y comienza a preocuparse de si misma. Ambas se preocupan por si mismas y su felicidad, independientemente de su exceso o falta de ellos.

Para Kara es esencial vivir su vida por completo, estableciendo una realidad como la chica de Krypton  que vive en la tierra, donde sus poderes no la definen, pero aportan grandes elementos en su vida. Jessica Jones, por el contrario, es todo lo contrario. Ella ya vivió su etapa de defensora de los débiles y, a diferencia de Kara, no le trajo más que malos recuerdos y un trauma severo. No necesita de sus poderes para hacer su trabajo, ni mucho menos le interesa llamar la atención.

Uno de los grandes aportes de ambas series es que ninguna de las dos necesita de otros personajes que las definan para validar su existencia en dicho universo. Kara no necesita de Superman para ser reconocida e institucionalizada como Supergirl, su presencia es meramente satelital. De la misma forma, Jessica Jones no necesita de Kilgrave, ni de los recuerdos traumáticos que él le provoca, para ser la mujer fuerte que es ahora. Cada una es un personaje con consciencia propia.

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Si en el mundo de Supergirl lo importante son las relaciones que Kara mantiene con sus amigos y familia, en el de Jessica Jones se le da relevancia a su independencia , su agencia y su capacidad de tomar decisiones por si misma y de si misma, sin necesidad de que ningún hombre ni otra persona lo haga por ella. Ambas realidades resultan ambivalentes , pero convergen en el mismo punto: en todo aquello que las hace fuertes, que las motiva, que las lleva a recorrer su propio camino.

Por ello, la manera en que relaciones son representadas en  en ambas series es clave, éstas no son definidas por el género. En el National City de Kara existen diversas relaciones de amistad fuertes entre hombres y mujeres (*gasp*) que no son, ni necesitan ser, entendidas como algo más. En el Hell’s Kitchen de Jessica Jones el acoso no es dulcificado ni premiado, al contrario, se muestra como parte, y consecuente resultado, de una relación obsesiva y enfermiza.

De la misma forma, ambas series equiparan a las relaciones humanas con el poder. Las graves consecuencias que la relación obsesiva que Jessica Jones mantuvo (en contra de su propia voluntad) con Kilgrave son efecto de la relación de poder y violencia simbólica , y física, en la que ella se vio obligada a vivir. La relación que Kara vive con Cat Grant , por otro lado, está cargada de poder, pero se alimenta de respeto mutuo. Ambas formas de entender a las relaciones empoderan a sus protagonistas.

"Hostile Takeover" -- Kara (Melissa Benoist, left) goes toe-to-toe with Astra when her aunt challenges Kara's beliefs about her mother. Also, Cat (Calista Flockhart, right) is threatened with being removed as the CEO of CatCo after a hacker exposes her private and damaging emails, on SUPERGIRL, Monday, Dec. 14 (8:00-9:00 PM, ET/PT) on the CBS Television Network. Photo: Trae Patton/CBS ©2015 CBS Broadcasting, Inc. All Rights Reserved

Donde los universos cinematográficos de Marvel y DC sufren, lo recompensan con sus universos televisivos. Un espectro tan grande necesita de plataformas y narrativas que le den la misma prioridad a los personajes que a la historia. Supergirl Jessica Jones son prueba de ello.

El concepto del amor ha cambiado en las series: Kimmy y Rebecca version.

¿Qué es el amor? Evidentemente es la pregunta que maneja nuestra vida, nos ronda continuamente y se encarga de muchas de nuestras decisiones. La televisión y el cine no son ajenos a desarrollar historias y centrar narrativas en todo lo que el amor representa (incluso me atrevería a decir que un 90% de ellas surgen y terminan en eso). Lo cual nos brinda una infinidad y enorme variedad de respuestas a esta pregunta, en la riqueza de la subjetividad y las diferentes voces que dichas perspectivas conforman.

No hace mucho, dediqué una entrada a tratar de entender las concepciones actuales del amor en la televisión. Gracias al desarrollo de personajes menos perfectos y más reales, con defectos y problemas, obtenemos relaciones difíciles y compromisos irreales con las personas que los rodean. Nuevas ideas del amor.

Ideas que son la tesis central de las series creadas, escritas y producidas por Rachel Bloom y Tina Fey: ‘Crazy Ex-Girlfriend’ y ‘Unbreakable Kimmy Schmidt’. En ellas vemos a personajes ordinarios, con historias similares por contar: Kimmy se re-descubre después de vivir 15 años encerrada en un bunker, mientras que Rebecca intenta hacer lo mismo después de vivir una fantasía de lo que  ella creía que su vida debía ser. Ambas están buscándose así mismas, mientras enfrentan contextos nuevos y totalmente ajenos a ellas.

Ninguna de las dos tiene una idea de lo que significa el amor en sus vidas y siguen viviendo con una mentalidad un tanto infantil e inocente de lo que es la vida. Kimmy no tiene referente alguno aparte de lo que veía en la televisión antes de ser secuestrada, Rebecca, por otro lado, sigue enamorada -y atorada- con la relación de fantasía que vivió con su ex-novio en la preparatoria.  Las dos perpetúan lo que aprendieron en su contexto más cercano, lo que ellas creen que es correcto y necesario en su vida.

Ambas aún idealizan el tipo de amor que vivieron al crecer: el del cuento de hadas donde existe un príncipe que llegará a sus vidas para complementarse y vivir felices hasta el fin de los tiempos. Por eso Rebecca decide mudarse a la ciudad donde Josh vive, para tratar de recuperar esa sensación de felicidad que tenía cuando estaba con él, mientras que Kimmy se aferra a Dong y la chispa que alguna vez sintieron, aunque la situación en la que ambos se encuentran diga todo lo contrario.

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Para Kimmy y Rebecca la felicidad se encuentra, en gran medida, en el amor de pareja, en la alegría que atrae a tu vida el hecho de estar con otra persona, de complementarse el uno al otro. Por ello dedican gran parte de sus esfuerzos a ser felices con sus contrapartes masculinas, a que ellos entiendan las razones detrás de sus actos (por más egoístas y maníacos que suenen).

Sin embargo, a lo largo de la primera temporada de ‘Crazy Ex-Girlfriend’ y las dos temporadas de ‘Unbreakable Kimmy Schmidt’ (La segunda acaba de estrenarse en Netflix) vemos cómo estas ideas preconcebidas cambian. Rebecca y Kimmy -después de varios golpes de realidad- confrontan sus problemas y dan la cara a su ansiedad, a los problemas que llevan arrastrando, a sus pasados y a sus nuevos presentes. Josh y Dong dejan de ser aquellos fines para alcanzar su felicidad y pasan a ser parte de ella.

El amor de pareja cambia  de ser un último fin a la parte esencial de una felicidad que no es inamovible ni estática, sino que se modifica constantemente. El concepto del amor crece y da entrada a otras formas de entenderlo: al propio, al de familia y al de los amigos. Nuestras protagonistas entienden que el amor llega de diferentes formas y en variadas presentaciones.

Para Rebecca llega en forma de su amistad con Paula, aquella persona tan importante en su vida como ella misma, su amor por la interpretación de musicales y su estabilidad emocional. Para Kimmy aparece en forma de Jacqueline, Titus y Lilian: su nueva familia, la que estará ahí para lo que necesite, su amor por ella misma que representa dejando atrás su pasado y su paz mental.

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Como menciono en el post anterior, el concepto del amor evoluciona mientras los personajes comiencen a perfilarse a ser más reales, con defectos, dispuestos a confrontar sus miedos y estando abiertos a encontrar la felicidad en lugares donde menos lo imaginarían.

Sí, el concepto de amor en las series ha cambiado, pero eso sólo significa que ha evolucionado para aterrizar en un nivel mucho más real. Un lugar donde los príncipes y princesas pueden quedarse dentro de sus fábulas para dar paso a personas de carne y hueso con sueños, metas, miedos y defectos.

 

The Ares delusion on Batman v Superman.

Let me start by setting the record straight, Batman v Superman is not a good movie, it’s entertaining, and somewhat fun, but not good, nonetheless. I could easily spend the entirety of this post ranting about how Snyder and co. totally misused and wasted their feminine cast (even though they succefully managed to make a wonderful, but shoehorned, appearence from Wonder Woman), or how all their actors and actreesses turned out to be used as a bunch of one-note characters, or even to take on how a convoluted mess is the movie as a whole. However, I’m here to talk about something else: the main conflict (or what it seems to be a conflict) between our heroes.

When the movie begins, and before we get to see yet another scene with Bruce Wayne’s parents being brutally murdered for the billionth time, we found out that one of Wayne Enterprises’ tower (full of people) was destroyed as a result of the fight between Superman and Zod on  Man of Steel, bringing about Bruce’s anger towards the Kryptonian god-like figure.

Clark, on the other hand, has problems of his own. His girlfriend Lois Lane is being constantly kindapped whilst he have to fight against the belief of half of the United States pouplation -specially the government- who happens to think that he could be a dangerous threat to their nation.

As you could see, the movie kicks off by introducing a well-known trope on the world of alien-like stories: xenophobia. Initially, I thought it was a great way to lay the groundwork of the conflict between Batman and Superman. Xenophobia is very relatable to any given situation nowadays, and the perfect narrative tool to raise the stakes at the movie central core.

With this in mind, one would think that the film will probably go on with that particular storyline and develop an interesting analysis with it whilst preparing the audience to experience a well-choreographed fight. How wrong one was.

Batman v Superman not only single-handeldy achieve to forget this very idea halfway down the movie, but it also introduces Lex Luthor as the catalyst between the feud, and the “grand master mind” behind the scheme. So, what were Luthor’s main reasons to put these two to fight, you may ask. None whatosever, will be the correct answer. Just that he is mad evil and want to see the world burn. A “god of war” sort of speaking.

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You see, the movie ask us to faithfully believe that Batman and Superman are going to fight (hell, even the title shove that very idea down our throats) without even explaining us the reasons behind it. Our main heroes fight because the film ask them to do so. Because the movie puts Luthor as an excuse to carry on with it.

Yes, Batman hates Superman for his above-the-law persona and his carefree way of thinking. Sure, Superman maybe feels threatened by Batman’s vigilante way of resolving conflict. Of course, we can even believe that Luthor planned all of this because he’s evil, but in no way Snyder would make us believe, as an audience, that this are reasons enough to carry on with a plot. Hell, not even a plot, but the core conflict that manages to reunite this two iconic figures of the DC universe without a purpose, but to feed their fanbase.

Look, I get it, and even I’m able to accept that. Nurturing a fanbase is crucial nowadays,  it even has much more impact when you’re talking about such powerful figures and stories as comics may have. Something that DC desperately needed to do before Marvel succefully managed to outsmarted them with their cinematic universe. That’s understandable.

Thus, it needed to be at least a coherent story. You know I’m not a big fan of the Marvel Cinematic Universe either, but at least they are constantly trying to have a sequacious storyline, if not, a simple one, that can explain the motives behind the bad guys and the good guys intentions, whilst carrying some sorts of action sequences and shoehorned love triangles.

In Batman v Superman Batman and Superman ended up fighting (a very simple fight, if you ask me) thanks to Lex Luthor influence on them, because of reasons. He is evil and we’re supposed to play along with it without even asking any follow-up questions or reasons to support it.

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The director and his team wonderfully managed to blind themselves with gratuitous easter eggs and unnecessary storylines, instead of making some must-needed groundwork with the xenophobia trope,   their core characters background stories and the DC Cinematic Universe in general.

So, when your main storyline involves a conflict between your central characters, the least you could do is to explain properly the motives behind it. If not, you’re only throwing things to the screen instead of trying to make sense of your own story.

La performatividad de salir del clóset.

“A mi se me hace que es joto”, “Yo no sé porqué no sale del clóset si claramente se ve que es gay”, “¿No se te hace que el novio de fulana es maricón? Pobrecita, no se ha dado cuenta”, “Yo creo que ya va siendo hora de que le digas a tus papás que eres gay, ¿no lo crees?”, “¿A poco no has salido del clóset? Si te ves bien joto”, ¿Les suena familiar?

Hola, mi nombre es Diego y salí del clóset hace 10 años (¡Hola Diego!). Si no me hubiera puesto a hacer memoria, no hubiera caído en la cuenta de que justo por estas fechas, hace 10 años, fue cuando decidí dar uno de los pasos más complicados, pero satisfactorios, de mi vida: aceptar -y abrazar- mi homosexualidad.

Salir del clóset no sólo es un proceso personal, sino que también es un acto performativo. Judith Butler (2002) define al acto performativo como formas de habla que autorizan (…) si el poder que tiene el discurso para producir aquello que nombra está asociado a la cuestión de la performatividad, luego la performatividad es una esfera en la que el poder actúa como discurso.

Salir del clóset significa nombrar  tu realidad para (valga la redundancia) volverlo real. Esto no es real hasta que lo nombras, hasta que lo dices fuerte, hasta que lo conviertes en algo real, tangible e inamovible en tu vida. Por eso es que creo fervientemente quese trata de  un proceso tan íntimo y personal.

Sin embargo, muchas personas -demasiadas para ser sincero- lo entienden al revés y se aferran por convertir un momento de intimidad en un espectáculo público. No, una persona que no ha salido del clóset no necesita que le digan cuándo y cómo debe hacerlo. No, salir del clóset lleva su tiempo, tiene un proceso y un modo de hacerlo muy personal.

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Aún, a la fecha, no deja de sorprenderme cómo los medios y nosotros mismos, como sociedad, presionamos tanto a las figuras públicas para salir del clóset que no les queda otra que hacerlo público, sin importar el proceso que están viviendo o la forma en que están tratando de entenderlo.

¿De verdad nos importa si Pedro Sola no había querido salir del clóset? ¿Es realmente tan importante saber si Ricky Martin era homosexual cuando anduvo con tal o cual actriz famosa? ¿De verdad es necesario comunicarle a todos tus compañeros de trabajo tu preocupación sobre la tardanza de fulano o sutano para hacer pública su homosexualidad? No, de nadie es asunto más que de la misma persona.

A mi parecer, obligar a una persona a salir del clóset es uno de los actos más violentos que puede una persona puede inflingir  sobre otra. Debido a su carácter performativo, el proceso de aceptación no es sencillo ni rápido. Muchas veces, la persona en cuestión no está preparada para vivirlo, para confrontar una realidad que desde hace mucho pensaba nombrar, pero no tenía el valor para hacerlo. Por ello, nadie debería tener poder sobre el acto performativo de alguien.

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¿Tienes ganas de hablar sobre la sexualidad de una persona? Comparte más sobre la tuya, ¿Te llama la atención la forma en que una persona acepta su sexualidad? Trata de entenderla en lugar de juzgarla, ¿Te preocupa que mengano no haya salido del clóset y no esté viviendo los mejores años de su vida? Deja que lo haga a su tiempo y cómo crea que es mejor.

Nombrar es un acto cotidiano, dejar que cada persona nombre su propia realidad es el verdadero acto performativo.

Bibliografía:

Butler, J. (2002) Cuerpos que importan, Editorial Paidós.