Todas las entradas de: Diego García

Living the dream. One mistake at a time.

Lucy y los manifiestos cinematográficos

Una de las cosas por las que más disfruto ir al cine es por la cantidad de emociones y sensaciones que cada película me hace vivir. Personalmente, una historia me deja satisfecho cuando me hace sentir algo; cuando me deja algo que me hace pensar y que me motiva a escribir. Sin embargo, son muy pocas las que me ponen de mal humor y, aún así, siento que me quedo con algo.

Dentro de ese pequeño umbral de enojos se ubica Terrence Malick y sus últimas dos obras: Tree Of Life y To The Wonder. Con ambas salí despotricando en contra de la historia, la fotografía, el mensaje y el ritmo del filme. Algo muy curioso me sucede con el cine de este director, me cuesta mucho trabajo ser objetivo con lo que muestra en sus filmes y me apasiono mucho tratando de defender mis argumentos de porqué no me gustan sus historias. Personalmente, me parece un director que se dedica a realizar caprichos filosóficos de interés personal y que nunca alcanzan a transmitir suficiente.

En general, no estoy muy de acuerdo con los caprichos (n’omás porque sí) de los directores que buscan -por medio de analogías cinematográficas que muchas veces les quedan grandes- en crear manifiestos filosóficos de la vida y el sentido que tiene nuestra existencia en la tierra. Sin embargo, esta semana un capricho de otro director, que plantea ideas parecidas a las de Malick, me calló la boca.

Como todos ustedes sabrán, queridos lectores, se acaba de estrenar la nueva película de Luc Besson, Lucy. De entrada, esta película se vendió a los espectadores como otra historia de “superhéroes” con poderes, lo cual sólo fue reforzado por la participación de Scarlett Johansson (también conocida como Black Widow) y un sinnúmero de escenas de ella haciendo uso de sus poderes.

Sin embargo, y para mi grata sorpresa, la historia toma una dirección totalmente contraria. Si bien es cierto, podemos gozar de momentos extraordinarios donde Lucy hace uso de sus “poderes mentales”, gracias a una droga que incrementa su capacidad cerebral, pero estos eventos no son más que un pequeño contexto (o pretexto, de alguna manera) de algo mucho más grande que sucede a lo largo de todo el filme.

Luc Besson (gracias a la capacidad mental de Lucy) nos expone un manifiesto (muy trans-humanista) donde sus argumentos giran alrededor de la creación del universo, la vida humana, la muerte, la moral del ser humano y la importancia del tiempo. El director hace uso de la ciencia ficción y explica el sentido que el cree que tiene la vida en la tierra y el futuro que nos depara si seguimos viviendo como lo hacemos actualmente.

Lucy -como su personaje lo hace en la película- funciona como un camaleón mutable que el director usa a su conveniencia para explicar los diferentes niveles narrativos de su filme. De forma que ella toma (de forma muy sutil) los papeles de protagonista, narradora, voz re-presentativa del director, símbolo y personaje omnipresente, al mismo tiempo que la historia se va desenvolviendo frente a nosotros. Lucy se convierte en nuestro acompañante y protagonista de la película.

Con esto, Luc Besson nos inunda con imágenes que hacen alusión a la teoría de la evolución en contraposición con el creacionismo, la relación intrínseca entre el tiempo y el cambio, el impacto de los humanos en la tierra y el sentido de la vida.

Sin embargo, en esto radica uno de los mayores problemas del filme: los enormes huecos en la continuidad de la historia. El director, en su afán de no hacer de Lucy una simple historia de ciencia ficción y más un manifiesto personal, omite importantes detalles secuenciales que son cruciales para entender algunas conexiones entre escena y escena y, en su lugar, le da más importancia a todo lo que sucede alrededor de su historia: sus propio punto de vista.

Personalmente, Lucy es de las pocas películas de este año que me han dejado pensando (aún a la fecha) y que he disfrutado enormemente. Quizás disfruté más de este pequeño capricho de Luc Besson debido a su bagaje en ciencia ficción o quizás simplemente la narrativa me logró atrapar desde el principio pero, sin duda alguna, es uno de los filmes que más he disfrutado de este año y que, con gusto, compraré cuando salga a la venta.

La dicotomía de lo moral en el cine

Ayer fui a ver el nuevo (y refrito) remake de TMNT. La verdad es que no esperaba nada de ella. Sabía que era un capricho más de Michael Bay y que, por supuesto, debería contar con sus dosis de explosiones, mujeres cosificadas y exceso de cámara lenta. No estaba en lo incorrecto.

Sin embargo, me dejó pensando en muchas cosas, ¿Por qué Megan Fox parece una estatua al botox cuando todavía es una muchachita guapa?, ¿Por qué Shredder parece más un robot deshumanizado que en un ninja? y ¿Qué diablos hace Will Arnet queriendo coquetear con Megan Fox? Pero, sobre todas esas importantes dudas, me surgió una gran interrogante ¿De dónde viene la maldad malísima de los malos y la bondad buenísima de los buenos?

En TMNT vemos a los malos hacer cosas de malos y a los buenos hacer cosas de buenos todo el tiempo. Pareciera que la razón por la que Shredder es malo porque debe ser malo y que April y las Tortugas Ninja son buenos porque tienen que ser buenos. Shredder necesita apoderarse de Nueva York para ser el villano más maloso de toda la ciudad y las Tortugas Ninja necesitan ser defensores de los indefensos para ser los vigilantes bondadosos que la comunidad necesita, sí. Pero ¿y eso a qué nos lleva?

Me queda claro que las razones de fondo de tanta bondad y maldad tampoco se manifiestan, de gran manera, en la caricatura original pero ¡Vamos! estamos en el 2014. Los guionistas podrían esforzarse un poco más para que los personajes gozaran más profundidad o, por lo menos, motivos suficientes para argumentar sus acciones en lugar de explicarse así mismos en un loop infinito de actos buenos/malos.

Lo mismo sucede en otras películas de acción como Avatar, donde los humanos villanos se muestran como criaturas desalmadas que no buscan otra cosa que satisfacer sus necesidades, y ambiciones, mientras los héroes son bondadosos, triunfadores y arriesgados. Me resulta imposible pensar que los actos de cualquier individuo aparezcan como resultado de una espontaneidad y no como una cadena de sucesos claros y explicados.

Por supuesto, no se necesitan de tres precuelas (como es el caso de los Episodios I, II y III de Star Wars) para entender el pasado y la psicología de los protagonistas de un filme pero sí se agradecería un esfuerzo mayor para permitirnos entender el leitmotiv de los personajes con los que hemos decidido pasar por dos horas (al menos) de nuestro día.

Si los estudios se desviven por antropomorfizar a sus personajes/aliens/mutantes/ y brindarles características que definen a los humanos por excelencia, ¿por qué no darles un poco de matiz a sus personalidades? Las personas no estamos ligadas intrínsecamente a los actos puros de maldad/bondad. Al contrario, contamos con una gama de borrosidades muy amplia que nos permite tomar decisiones correctas e incorrectas y de donde se despliega una serie de consecuencias que nos afectan directamente.

No sugiero que conviertan una buena película de acción en un drama de amplias profundidades pero, al menos, pido que los señores productores confíen un poco más en sus audiencias y den ese salto entre un”las cosas pasan por que sí” a “las cosas no son tan simples”.

La ciencia de Transcendence

Si bien es cierto, en el extenso mundo de películas de Ciencia Ficción podemos toparnos con una enorme variedad de historias –donde podemos encontrar Aliens que se incuban en estómagos de humanos, que desean regresar a casa o que incluso cazan a otro tipo de Aliens– que van de lo ridículo a lo divertido, de lo irreal a lo surreal y de la ficción a la realidad. Sin embargo, existe un pequeño mundo donde las narrativas no se preocupan por sus audiencias y las historias parecen escritas por niños berrinchudos. Ahí es donde se puede encontrar, fácilmente, a la nueva película de Johnny Depp: Transcendence.

La historia gira alrededor de Will Caster, un científico que busca crear una inteligencia artificial que sea capaz de resolver todos los problemas del mundo y haga lo que sus creadores le pidan. Sin embargo, como se espera, las cosas no salen bien: un grupo terrorista atenta contra su vida, dejándolo al borde de la muerte. Y, como si fuera tarea de los creadores del filme, la historia pierde todo sentido y se dispara por una serie de sucesos inexplicables y surreales: La conciencia del Doctor Caster es “subida” a una computadora –por su esposa– con el afán de mantenerlo vivo y, de esa forma, comprobar su teoría de la creación de una inteligencia artificial.

Si ustedes, como el que escribe esta entrada, se sintieron confundidos con la trama ¡no desesperen! el filme parece que tiene el fin de confundir a las audiencias y perder la coherencia interna del filme al primer pestañeo. Pero vamos analizando esto por partes.

Primero hablemos de la ciencia vista en el filme. Tanto Will Caster como su esposa, Evelyn, son científicos renombrados que se dedican a hacer experimentos con el afán de beneficiar al mundo académico y, como tal, sus diálogos son adornados con términos científicos elaborados que institucionalizan su labor como investigadores. Sin embargo, se quedan sólo en ese nivel de profundidad.

Will y Evelyn son científicos investigadores que investigan. Son doctores experimentadores que experimentan. Son científicos que hacen cosas de científicos. Son personajes fílmicos haciendo cosas de ciencia pero que nunca muestran sus credenciales ni la teoría que los sustenta. Y, con ello, Will y Evelyn se la viven rodeados de pizarrones llenos de números (que no tienen explicación alguna), de máquinas, y computadoras, que resuelven problemas matemáticos (que nadie se molesta en mencionar) y de hologramas y secuencias numéricas (que no tienen fundamento alguno). Los personajes dedicados a la ciencia en esta película son, en pocas palabras, científicos “cientificando”.

La ciencia de los personajes de Transcendence es igual de escueta e incoherente que sus bases científicas. Los personajes de Paul Bettany, Morgan Freeman y Cillian Murphy sólo están ahí para representar a la comunidad científica, académica y policíaca del mundo (respectivamente) y bien podría desarrollarse la historia sin su participación.

Por otro lado, los personajes femeninos sólo existen para configurar la presencia de los masculinos. Evelyn (interpretada por Rebeca Hall) es considerada como el eterno objeto del deseo de Will, es el leitmotiv de las acciones de Johnny Depp y la institucionalizadora de sus acciones como científico”cientificador”. Bree (interpretada por Kate Mara) es la “líder”del grupo terrorista que funciona como contrapunto de Evelyn. Ella intenta quitarle credibilidad a Will y busca “salvar” al mundo de la tecnología pero no parece tener motivos fuera del mundo creado por el Doctor Caster. Ambas mujeres se encuentran girando alrededor del protagonista masculino y constantemente buscan darle, y quitarle, sentido a las acciones de Will.

Transcendence podrías ser un buen filme si consideraran a su audiencia como personas pensantes capaces de entender lo que está sucediendo en el filme pero, contrario a lo que parece, el director da por sentado demasiadas cosas y no explica lo suficiente como para hacer de su filme una experiencia interesante. Al contrario, la vuelve repetitiva y sumamente aburrida.

Si el filme necesita de la ciencia para construirse tiene que considerarse como una base fundamentada y con sentido coherente en la narrativa, no como un pretexto para poner a los personajes a hablar sobre números y fórmulas.

La borrosidad de Maleficent

He leído varias críticas –tanto positivas como negativas– de la película de Maleficent. Sin embargo, ninguna me ha parecido los suficientemente convincente en cuanto a sus argumentos a favor o en contra. De modo que he decidido pone un granito de arena en el debate.

Maléfica, como chicos y grandes saben, es una de las villanas más conocidas de Disney –y del mundo literario– actualmente. Gracias a ella es que la historia de The Sleeping Beauty toma forma y funciona como principal catalizadora de todo lo que significa maldad en el mundo de Aurora. Sin embargo, la Maléfica de este clásico de Disney no es más que un personaje plano con un único motivo: Hacer miserable el reino, ¿la razón? No haber sido invitada al bautizo de la pequeña Aurora. Simple as that.

Ahora, precisamente aquí, veo uno de los grandes puntos a favor de la película de Maleficent: la profundidad y desarrollo del personaje. La Maleficent de Jolie no es una mujer malvada nomás porque sí (como se presenta en la película animada). Esta mujer tiene un leitmotiv más allá de una fallida invitación a una fiesta: un corazón roto y muchos sentimientos enterrados. Con esto en mente podemos ver las numerosas capas que constituyen a este personaje. Maleficent es engañada por el hombre que ama para poder reclamar el reino de los humanos.

Y, a pesar de eso, el personaje de Maleficent se oscurece con el tiempo. No se vuelve malvada de un momento a otro. Ella tiene que pasar por una serie de sucesos que, poco a poco, la van convirtiendo en una persona rencorosa y adolorida (no malvada y maldita). Maleficent se encierra en un mundo de dolor y de tristeza que le impide reaccionar de forma razonable, pero se da cuenta de su error. Su coraje no es eterno ni único en su vida. Incluso después de haber hechizado a Aurora ella decide darle una oportunidad de conocer su mundo y, al mismo tiempo, se permite abrir su corazón de nuevo.

Verán, la forma en que Aurora ve a Maleficent en la cinta es desde la perspectiva de una niña. Una niña que no ha sido influenciada por la sociedad que la rodea y que tiene el libre albedrío de decidir, por sí misma, lo que es bueno para ella. Y aún al enterarse que Maleficent fue la que la hechizó decide seguir queriéndola, como aquella hada que siempre fue la que la cuidó.

Me sorprende la cantidad de argumentos con los que me he topado asegurando que Maleficent no es lo suficientemente mala, que no deja caer la maldición absoluta sobre Aurora como se debe y que es un personaje bondadoso cuando no debería serlo, ¿hasta cuándo dejaremos de condenar a los villanos de las películas bajo un código moral de blancos y negros? ¿Cuándo dejaremos de crear antagonistas superfluos que su único motivo en la vida es ser malos porque ¡viva la maldad!?

Me parece una aseveración demasiado superficial argumentar que Maleficent debe ser una perra maldita y no tener un motivo de fondo para hacerlo aparte de que “pues porque sí”. Estoy seguro que no existe en el mundo una persona que sea lo suficientemente malvada e hijaeputa sólo porque un día se despertó queriendo serlo. Reducir al personaje de Maleficent a su maldad absoluta como su único eje de motivación es dejar de lado todo lo que conforma al personaje, todas las capas de construcción de carácter que tiene de fondo. Sí nos rigiéramos por ese paradigma ¿donde quedaría la construcción narrativa, el perfil de los personajes y el trabajo de guión que una película aporta?

Me pareció magnífica la idea de que Maleficent fuera la que despertará de su sueño eterno a Aurora ya que, a final de cuentas, ella era la única que se preocupaba por la princesa, era la hija del amor de su vida y merecía vivir todas las cosas hermosas que tenía por delante. También me pareció acertado reforzar la idea de que el amor no es una cosa que se da porque sí. Al contrario, lleva tiempo y necesita de mucho trabajo para nutrirse, por lo que era evidente que el Príncipe Phillip –Al haber visto una sola vez a Aurora– no iba a despertarla de su sueño eterno. Sin embargo, nos dejan la idea de que algo bueno está por suceder entre ellos.

Encuentro muy positivo el papel que los personajes femeninos juegan en esta película: Maleficent es un hada poderosa que vive en un reino donde no se necesita de reyes que los gobiernen. Aurora es una princesa que no necesita de un príncipe –que acaba de conocer– para que la salve de su sueño eterno. Aurora no necesita de ese mismo príncipe para ser coronada como reina, porque la presencia de un hombre de la realeza no la institucionaliza como tal. Ni siquiera el príncipe Phillip se intimida al ver a Aurora tomando un lugar en el trono.

Creo que el camino que Disney está tomando en sus nuevos filmes ha mejorado poco a poco. Ahora ya vemos a princesas –como Elsa y Anna– gobernando una nación por sí mismas. Vemos a parejas de madres participando en shows infantiles –como en Good Luck Charlie–. Vemos princesas de color que –como Tiana– figuran como roles a seguir entre las niñas. Y vemos personajes malvados –como Maleficent– volverse más humanos y con muchos matices de personalidad.

No dudo que la película pudo haber sido mejor al corregir ciertos detalles minúsculos (Las estoy viendo a ustedes Flora, Fauna y Primavera) sin embargo, en cuanto a la elaboración del personaje de Maleficent, me parece un gran acierto darle profundidad y vida más allá de la maldad absoluta que la conformaba. Después de todo, siempre habrá grises muy profundos entre los blancos y negros que busca imponer la sociedad. Si Maleficent puede cambiar, ¿por qué no darle la oportunidad de hacerlo?

Series con mejores vidas

Ok, ahora vamos a hablar de una serie que se acaba de estrenar la semana pasada: Friends With Better Lives. Primero que nada, me parece importante mencionar que su lanzamiento fue pensado con la idea de cubrir el hueco de comedia que How I Met Your Mother dejó en CBS hace dos semanas. Tiene muchas esperanzas depositadas en ella.

La premisa es sencilla: un grupo de amigos (una pareja de casados, una pareja de recién comprometidos, un divorciado y una soltera) buscando —y manteniendo— relaciones amorosas. Suena interesante e, incluso, el cast tiene a James Van Der Beek que los represente. Sin embargo, en una época donde el mockumentary y el humor no tan simple están presentes en la mayor parte de las series de comedia, se necesita —casi obligatoriamente— tener algo que diferencie la serie de las demás.

En un mundo plagado de LeslieKnopes, MichaelScotts y MindyKallings la comedia siempre —con risas de fondo— ya no es suficiente. Los espectadores de sitcoms ya no esperan (nada más) que les provoquen una risa espontánea. Buscan que las historias tengan sentido. Que el humor sea mejor pensado y menos involuntario.

Si bien es cierto que varias series con humor simple han logrado salir a flote a largo plazo no logran mantener a sus audiencias pendientes de lo que suceda con sus personajes. Los espectadores buscan máss historias con arcos largos y bien hechos, no capítulos aislados con gaga involuntarios. Las audiencias buscan un mejor trato.

Y si, definitivamente está serie tiene potencial para salir adelante y lograr buenos ratings (¡Hola James Van Der Beek!) pero creo que tendrán que dejar de lado la carcajada fácil y pensar muy bien las historias que contarán. Su ventaja es que tienen personajes bien formados y fórmulas ya preestablecidas. Esperemos que no decidan irse por la salida sencilla.

¿A ustedes que les pareció?