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Anaconda: ¿Discurso de empoderamiento o cosificación?

Hace no poco, mientras buscaba videos en Youtube, me topé con un canal llamado TheFineBros donde, aparte de realizar audiovisuales musicales, tenía una sección en la que diferentes grupos de edades (niños, adolescentes y tercera edad) veían un video y hablaban sobre lo que pensaban de ello.

Y entre tantísima curiosidad me topé con este extraordinario video: https://www.youtube.com/watch?v=1Uf7UpkbfmY donde un grupo de adolescentes tenían que opinar sobre el nuevo video de Nicki Minaj, ‘Anaconda’. Fueron muchas las reacciones, sin embargo, hacia al final los autores les preguntan a sus invitados  si creen que este video es empoderador o cosificador femenino. Algo que me pareció extraordinario.

La mayor parte de los entrevistados estuvieron de acuerdo con que ‘Anaconda’ no reflejaba ningún discurso empoderador, al contrario, se encargaba de cosificar a la mujer y a su cuerpo. Eso me dejó pensando.

Primero que nada, me gustaría agregar que me parece interesantísimos estos tipos de ejercicios, donde ponen a sujetos de cierto grupo social y con edades específicas a opinar sobre temas que son parte de la cultura pop actual pero que pueden tener un bagaje conceptual importante. Habiendo dicho eso, me gustaría dar mi opinión sobre el tema.

De entrada, lo crucial de la pregunta planteada por estos individuos proviene de un discurso latente presente en los argumentos de la cantante autora de dicha canción. Ella, al ser atacada por mostrar tantas imágenes sexualizadas de la mujer en su video, argumentó que le sorprendía mucho que se pusiera la lupa en ese particular característica de su video cuando en portadas de revistas es posible encontrar imágenes de mujeres con mucho menos ropa y que, en realidad, su video se encargaba de mandar un mensaje de empoderamiento.

Según Hilary Lips (1991) un ser empoderado “experimenta un crecimiento y un desarrollo de su sentido de autonomía, así como una confianza en sus propias habilidades y una capacidad para lograr un propósito”. De manera que una persona se empoderará al momento en que sea capaz de entender, y aceptar, de lo que es capaz con sus habilidades y características propias que lo diferencian de los demás. La cosificación, por otro lado, se trata de reducir a un sólo atributo a una persona y, en consecuencia, tratarla como si fuera un objeto.

En el video de Anaconda podemos ver cómo la cantante, constantemente, muestra imágenes sexualizadas de sí misma y de las mujeres que la acompañan. Nicki, en ese sentido, termina por cosificarse así misma y a las mujeres a su alrededor al reducir su discurso a su trasero como único atributo.

nicki-minaj-anaconda

 

Si el video -y la canción- se centrarán en el empoderamiento de la mujer no depositarían todos sus esfuerzos por resaltar un sólo atributo femenino, al contrario, permitiría entender a las mujeres mostradas en el audiovisual -así como a la audiencia- que una sola característica no debe catalogar a una mujer sino todo lo que la conforma.

Y por supuesto que podría entenderse como un discurso de empoderamiento el hecho de que la artista argumente que es dueña de su cuerpo y puede tener control sobre sí misma -y los demás- con ello, pero creo que ese es precisamente el problema. Sí se tratara de hablar de la mujer como una totalidad -con sus atributos, capacidades, habilidades y deficiencias- y no como un objeto sexual el discurso sería totalmente empoderado, pero no es el caso de ‘Anaconda’.

Incluso la artista no tiene opinión -ni agencia- sobre su cuerpo ya que, en contraposición, solamente está siguiendo las tendencias que se tienen sobre la imagen de la mujer: un objeto sexualizado que debe cumplir nada más una función, ser sensual. En este sentido, la sociedad tiene control sobre el cuerpo de Nicki y la manera en que debería de verse.

Me parece importante agregar que ni el empoderamiento ni la cosificación son discursos exclusivos de las mujeres. Ambos son conceptos que atraviesan los cuerpos -y la sexualidad- de hombres y mujeres, colocándolos en espacios simbólicos de escrutinio y crítica permanente. Los estereotipos de género  estarán atravesados en todos nuestros discursos.

Actualmente podemos encontrar muchísimos discursos de empoderamiento en la música y la televisión (de diversas mujeres que son voces representativas en la sociedad), sin embargo, ‘Anaconda’ no es uno de ellos.

Bibliografía:

Lips, H. (1991) Women, men, and power. Mountain View: Mayfield.

El impacto de la cultura pop en el feminismo y las masculinidades.

Hace algunas semanas atrás las redes sociales se saturaron de imágenes de la actriz Emma Watson y el discurso de Igualdad de Género que dio como embajadora de la UN Women.  En él Emma explicó a profundidad su punto de vista sobre lo que para ella significa el feminismo y lo que es ser feminista.

La actriz trató muchos puntos de suma importancia que llamaron mi atención de principio a fin; los derechos humanos que todas las personas, como individuos, podemos gozar; la importancia que tiene tomar en cuenta la igualdad de género para todas las personas; y la percepción actual del feminismo, entre otras.

Y en este último punto, en particular, creo que es donde se debe poner extrema atención. Emma explica, certeramente, que el feminismo no debe de entenderse como un odio hacia los hombres, sino, más bien, como una “creencia de que hombres y mujeres deben tener igualdad de derechos y oportunidades”, y -después de colocar a las masculinidades en el mismo nivel conceptual- no podría estar más de acuerdo.

Uno de los mayores problemas con los que me he encontrado últimamente es con la común malinterpretación de movimientos de género tan potentes como lo son el feminismo y las masculinidades. Existe una fiel percepción, entre la gente, de que el feminismo se define intrínsecamente como un odio rotundo al género masculino. El caso de las masculinidades no es muy diferente, ya que se considera como una repulsión hacia el género femenino. Por ello, y para poder entender un poco más a estos movimientos, creo prudente -y muy necesario- hacer unas aclaraciones conceptuales.

Después de una concienzuda lectura hecha a un texto publicado por María Alejandra Salguero (2013) y previas investigaciones a trabajos de Judith Butler,  pude entender que el feminismo y las masculinidades catapultan -sí- sus intenciones en busca de una igualdad (tanto en derechos como oportunidades) entre hombres y mujeres pero, también, buscan entender -y complejizar- las prácticas que forman parte del proceso de construcción de identidades de cada persona (independientemente de su sexo).

Contrario a las ideas preconcebidas que se tienen sobre ambos movimientos, el feminismo no busca erradicar al género masculino ni mucho menos erigir a las mujeres sobre los hombres. De la misma forma, las masculinidades no buscan nuevas formas de violentar a las mujeres ni de quitarles su lugar en la sociedad. Estos movimientos buscan entender las razones en que, tanto hombres y mujeres, se comportan de la forma en que lo hacen -es decir, su agencia- y las formas en que los contextos los determinan -es decir, su estructura-, para así entender y aspirar por una igualdad de géneros plausible.

Sería un error de mi parte asegurar que todo lo que no abarcan dichas definiciones deberían ser considerados como radicalismos (machismo y hembrismo), sin embargo, muchas de esas  malintepretaciones conceptuales surgen de eso mismo,  de la “batalla entre sexos” tan recurrente, en nuestra sociedad actual, que su único fin es minimizar al otro.

El problema, entonces, radica en la constante generalización a la cual nos sometemos a nosotros mismos y a los demás, sin antes saber sobre el origen de las palabras y sus vertientes, así como el impacto social que nuestras conclusiones apresuradas generan.

La idea es dejar de llevarnos por supuestos interiorizados y comenzar por preguntarnos de dónde vienen esas percepciones y a dónde queremos llegar con ellas  sin que sea de extrema necesidad el uso de discursos hechos por figuras públicas para darnos cuenta de ello.

Bibliografía:

Salguero, M. (2013) Los Hombres en México. Academia Mexicana de Estudios de Género de los Hombres, México.