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The Flash y la representación de las masculinidades contemporáneas

Vivimos en una época donde podemos encontrar en todas partes narrativas que giran alrededor de superhéroes. Si hay algo que la televisión, el cine y los cómics nos han enseñado a través de los tiempos, es que no es necesario contar historias complicadas para poder disfrutar de los mejores momentos de nuestros héroes favoritos.

Sería un error decir que estos personajes icónicos no representan la idealización de lo que el ser humano debería ser. Un superhéroe, más allá de sus conflictos internos y modos de reaccionar, es un modelo de conducta, es la construcción del sujeto moral que defiende al inocente y que es difícilmente corrompido.

Los superhéroes, al igual que las deidades, reflejan las necesidades de las sociedades, y contextos, en los que se encuentran inscritos, mientras actúan según las preconcepciones y roles que cada cultura les otorga. Superman es el mejor ejemplo de ello,  ya que funcionó como solución a la necesidad de historias optimistas de momentos difíciles que atravesó Estados Unidos con La Gran Depresión , Capitán América, por su parte, hizo lo mismo en medio de la Segunda Guerra Mundial.

Algo muy parecido sucede hoy en día con las adaptaciones de historias de superhéroes y las narrativas alrededor de la representación de género en la sociedad, sobre todo en televisión.   Mientras Jessica Jones se ha encargado de profundizar en el tema de el consentimiento y la agencia de los personajes femeninos y Supergirl ha centrado sus esfuerzos en hablar sobre el empoderamiento femenino y la importancia de las amistades, The Flash ha hecho un increíble trabajo tratando de reflejar las masculinidades contemporáneas y lo que significa ser hombre en la actualidad.

Si hay algo que han logrado The Flash y sus creadores con esta serie, es desarrollar un relato donde la construcción de sus personajes goza de la misma relevancia que la historia dentro de la narrativa. Así, cada capítulo es diseñado para distribuir equitativamente su tiempo entre sujetos y acción, lo que da pie a un interesante estudio de personajes tanto femeninos como masculinos.

Sin embargo, lo que resulta realmente cautivador del mundo de The Flash es la facilidad con la que representa a su variedad de masculinidades.

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Desde el enfoque de género, la masculinidad se entiende como el conjunto de valores, rasgos y características que la sociedad acepta y valida como comunes en un hombre. Las masculinidades, como parte importante de un sentido de identidad, son variadas y muy diferentes.No existe una sola forma de ser hombre ni de construir a un “El Hombre” como tal.

Por ello, la serie presenta adecuadamente un abanico amplio de masculinidades que permiten entender y visualizar diferentes rasgos de lo que significa para los personajes masculinos “ser hombre” y las maneras en que lo adaptan a su propia personalidad. La paternidad, la vulnerabilidad, el orgullo, el honor y la preocupación por el otro son tan solo algunos de ellos.

La paternidad y las diferentes formas en las que una persona puede convertirse en padre son clave para la narrativa de esta serie. Entender que engendrar a un hijo o hija no convierte automáticamente a alguien en padre es esencial para comprender sus implicaciones dentro de la construcción de la masculinidad en el sujeto.

En The Flash, un padre es aquella figura paterna que se preocupa por tu bienestar, con el que se comparte un lazo fuerte, al que se le puede confiar cualquier cosa y con el que se puede mostrar vulnerable sin temor a sentirse reprimido.

Que Henry Allen sea  el padre de Barry Allen, y esté presente siempre en la vida de su hijo aunque esté encerrado en la cárcel, no significa que Joe West no pueda ser parte de su vida de la misma forma al convertirse en su tutor legal y ejemplo a seguir. Que Harrison Wells no sea el padre de Cisco Ramón no impide que funcione en su vida como aquella figura de autoridad, respeto y admiración que él busca en un padre. Darle vida a alguien es muy fácil, formar un lazo es lo que puede resultar complicado.

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Estas tres figuras paternas también forman parte clave en la creación y crecimiento del héroe. The Flash necesita del apoyo emocional de Henry Allen para no perder los pies de la tierra, de la guía de Joe West para no olvidar su propósito y del conocimiento de Harrison Wells para no perder el control de sus habilidades y de sus emociones, pero sobre todo, necesita de la humanidad de Barry Allen para no dejarse llevar por el ego.

Si la humanidad de Barry es el motor que lo motiva a tomar un camino, la construcción y entendimiento de su propia identidad es el pavimento que lo mantiene corriendo. Él es una persona sensible, que se preocupa por los demás y que, muchas veces, se deja llevar por la impulsividad y sus emociones. Sin embargo, son esos rasgos lo que lo motivan a comunicarse con sus seres queridos sin miedo a mostrarse vulnerable frente a otro hombre.

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Las masculinidades son algo más que una serie de representaciones de lo masculino. Son rasgos, características, principios, valores y perfiles cambiantes que no dejan de moverse gracias a la agencia y motivación de los propios sujetos. Los hombres construyen su masculinidad a partir, y a través,  de ellos.

Los hombres en el mundo de The Flash son conscientes tanto de ello como de los propios alcances que tienen como individuos con agencia.  No son definidos por sus acciones, no son sujetos enmarcados por sus decisiones, su personalidad no es estática ni tampoco inamovible. Eddie Thawne, por ejemplo, rige su camino y modos de actuar según  sus principios, Cisco Ramón lo hace con su instinto y emociones, Harrison Wells con su ambición.

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Entender que el espectro de masculinidades es tan amplio como las aventuras de The Flash es esencial para comprender el trasfondo real de la serie. Disfrutar de una historia tan rica en personajes y representaciones contemporáneas de los hombres es lo que realmente la hace tan innovadora y emocionante.

Si Capitán América y Superman funcionaron como modelos a seguir y agentes de felicidad en una época de tristeza y desesperación, las adaptaciones a la televisión de Jessica Jones, Supergirl y Flash están funcionando como representaciones necesarias de género en respuesta al discurso sexista que vivimos día a día.

 

 

The Disaster Movie problem: Women using scrubs.

Ah, Disaster Movies, those awe-inspiring films that can put their audiences to live all sorts of sceneries around the  inevitable apocalypse, the dreadful consequences of superpopulation, and the possible obliteration of human race.  They are also known as the stories that has and stil have been constantly exploiting  the already worned out trope of women as carers.

It doesn’t matter if Godzilla is threatening to destroy an entire city, an alien race is on the verge of wiping out the whole human race of existence or a new ice age is on its way of freezing the entire planet, women will always be those concerned human beings that will stay behind (and even sacrifice their lives) to take care  of all the helpless people that can’t take care of themselves, waiting for their ultimate demise.

This superficial representation of women in cinema is nothing new. The selfless mother trope exists since the Golde Age of Hollywood, when woman (specially mothers) where portrayed as those people that transformed their households into waiting sanctuaries, waiting for their families to finally arrive in order to help them to fulfill their only mission in life (and on the movie): be there for everyone. In México’s golden age of cinema, the selfless mothers where often compared with clocks.

Apparently, even after all these years of progress in female representation on cinema, women’s intrinsic and sole effective attitude to deal with the unstoppable planet’s destruction is still to take care of their loved ones until the very end. Such characters as Kate (Amanda Peet) on 2012, Sarah (Leelee Sobieski) on Deep Impact or even Jasmine (Vivica A. Fox) on Independence Day are clear depictions of this idea.

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Films nowadays seem to kind-of know that, though. So, in order to create a somewhat adequate depiction of their martir selfless  women, Disaster Movies have gifted us with their ultimate solution to solve this one-note character problem: the Doctor/Nurse women!

Ah yes, the Doctor/Nurse women are those concerned characters that will stay behind (and even sacrifice their lives) to take care of all the helpless people that can’t take care of themselves, waiting for their ultimate demise, but wearing scrubs!

Godzilla gave us Elizabeth Olsen’s nurse, Elle Brody, The Day After Tomorrow presented us Sela Ward’s Doctor, Lucy Hall  and even Independence Day: Resurgence outsmarted itself by promoting Vivica A. Fox’s selfless character, Jasmine Dubrow, into a Doctor before (SPOILERS) killing her off at the movie’s beginning.

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These carers are in charge of the weak and innocent  people that are left behind when the catastrophe strikes. Lucy Hall stayed behind to take care of her (woman) patient at the hospital while a new ice age was happening around them, Jasmine Dubrow sacrificed herself to help her very pregnant patient to get into a helicopter before the hospital  they’re in was destroyed, and Elle Brody evaquated the premises she’s attending before running to look after her son while Godzilla is destroying the whole city.

This particular type of characters, such as the woman doctor, the woman nurse and the selfless mother, have always  worked as the perfect analogy of the womb: Life taking care of life. These women changed their aprons for scrubs and moved their homes to the hospitals. They are the carers in charge of the ill, the helpless and the innocent. They are in charge of the next generation.

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Don’t get me wrong, I think is fantastic that these women are drawn as professional individuals and not one-dimensional clichés whose only motive is to wait for their husbands to come back home alive and well. But, if you are a film director/producer/writer, the least you can do is to give them agency and purpose. Make them  well-thought and fleshed out characters, with a full arc, equated enough with their male counterparts.

Everything is not lost, though. Not all Disaster Movies are trapped in the selfless carer vortex of tropes and clichés . Films like San Andreas and Cloverfiled succesfully have created well-constructed characters like Emma (Carla Gugino), Marlena (Lizzy Caplan) or Lily (Jessica Lucas). Strong women, with particular backgrounds, agency and motives, looking for survival  outside their homes and hospitals and into the apocalypse.

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Death in a time of parallelisms: deconstructing the Antihero trope in TV shows.

Warning: This post contains serious spoilers from Bloodline season 1 and 2, House Of Cards season 2 and Breaking Bad season 5.

Nowadays, it’s very common to watch a whole roaster of heroes and superheroes take on their own stories within the visual products we consume on a daily basis. From literal heroes to protagonists with big ambitions and a strong moral compass embeded in society’s high values, television and cinema have succesfully singlehandedly developed -and adapted- marvelous stories  with heroic characters that we, as an audience, can often relate with.

Heroes are good through and through, they often do the right thing because is right and, most of the times, they get rewarded for their actions. Of course, they are not perfect, but they depict the most accurate version of a good human being. That said, what happens when this person becomes an atypical individual? One that doesn’t go by the rules, or any moral compass but his own, and is often apathetic? Simple, an Antihero arises.

According to tvtropes.org, an Antihero is an amoral misfit that has the opposite of most of the traditional attributes of a hero.  They often work as a profound deconstruction of the traditionally heroic genres. Ultimately, an Antihero is just a consequence of the hero taking another path towards their goals. A hero gone wrong.

So, where do we should draw the line between a hero and an Antihero? What does it have to happen to a hero to walk across to become the Antihero hidden underneath all of that layers? Where is the point break where there is no return? If television has taught us anything, I would probably say it could happen after facing death, specifically by murder.

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Not so long ago, a typical Antihero would be portrayed as an awful human being who’s only way of acting would be on self interest. Nowadays, TV shows are really at its best when they develop well-constructed and layered characters to carry character-driven episodes and fascinating character study plots, something that Bloodline excels at. In order to understand Antiheroes, we need to peel all the layers that surrounds them.

Before murdering his brother in cold blood, John Rayburn, one of their protagonists, was a character with clear goals and ostensibly heading to become the voice of reason and central role model of his family in the showGranted, the Rayburns are not depicted as the most healthy and perfectly functional human beings, they do have a troubled and very fucked up past that always finds a way to come back to haunt them, but at least they keep trying their very best to manage it.

John wasn’t the first Antihero to arise within Bloodline‘s narrative, along came Danny. If you have seen this show (seriously, you should watch it), you’ll know that the youngest Rayburn sibling, Sarah, died  at a young age when Danny was watching her. Living this complicated situation was the reason why he shaped the Antihero figure he became, leaving him only with a broken and damaged life to survive with. Danny and John’s  stories are clearly different whereas their actions are coincidentally embedded.

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That’s why Antiheroes in TV shows often need another character to contrast with in order to be legitimized as one in the first place. Dichothomies, parallels and counterparts work wonders with this type of characters, and their stories, when their flaws and virtues need to be noted. So it definetely wouldn’t be a coincidence if the writers of any given show decided to include someone in their script to balance and tie up their Antihero figure, in order to understand their particular gravitas and ethos.

Portraying both Danny and John as Antiheroes in season 1 and 2, correspondingly, worked greatly because it helped to enrich each character’s profound layers and motives as it was ideal to contrast them with the Bad Guy/Good Guy dichotomy level of understanding they carry with themselves.

When season one started off, John was certainly trying to do his best to be a hero. Notwithstanding, when his toxic brother arrived, he rapidly welcomes him back to the family without any hesitation, trusting him with blind faith and hoping for better days to come. Unfortunately, and depicting the perfect Antihero figure, Danny totes nothing but problems to their siblings, and even to the family inn, leading to his inevitable demise whilst passing the Antihero torch to his brother John in an somewhat act of self-defense.

Ah, ‘self-defense’, a simple word reflecting on an act so big and backhanded that can easily trigger any kind of feelings within a human being. Something that can transform a self-righteous cop into a murderer or a chemistry teacher, into a drug lord.

Just like Walter White, one of the most well-known Antiheroes of our time, that became that cold apathetic drug lord we all love to hate after his very first murder: a drug dealer called Emilio Koyima. Just like John Rayburn, he commited murder thoughtlessly on a self-defense act that not only pushed him to a road where there was no coming back, but also awoke the Antihero hidden deep inside of him.

Breaking Bad did a great job portraying Walter White’s ascension from the shy cancer victim to the shrewd drug lord, thirsty with power, that uses his family as an excuse for his behavior. Jesse Pinkman, on the other hand, served as a counterpoint to Walt’s antihero. He was the inocent life that White carried along, and couldn’t save, but didn’t turn into him either.

Their relationship didn’t work as a dichotomy as it is, but more as an action/consequence kind of dynamic. Where Walter White’s delusional plans were, Jesse Pinkman’s insecurities arose. Narratively speaking, this depiction was perfectly thought in order to draw upon the Antihero status of the character by contrasting him with his student’s decisions.

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Whereas Jesse Pinkman did get to live on the season’s end, Walter White, just as Danny Rayburn, got a comeuppance of his own and  ended up dying. The same fate that Zoe Barnes, in House Of Cards, had to face, before even having the chance of becoming an Antihero, when a murkier Frank Underwood decided that she was not relevant for him anymore as she started to pose a threat to his journey for the presidency.

Underwood’s main Antihero qualities veer around his prowess to manipulate people to do what he wants without making him look bad. Zoe Barnes’ murder, along with Peter Russo’s, was that necessary flame that the character needed in order to gain that apathy and brazen attitude that distinguish his Antihero status.

So, whilst John and Walter are paired with another men in order to aknowledge their bits and parts that they all share as male Antiheroes, House Of Cards cleverly matched up Frank with his wife, Claire, an evident Antihero on the rise for power. Unlike any of them, Underwood’s wife function in the story is not to become a contrast character but more to work as a parallel, or an equal. Whatever Frank does, Claire has already thought and perfected. She embodies everything he is. She is the result of all the decisions he took along the way and managed to get away with it.

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Whilst death and murder are often used as a defining moment of the Antihero, contrast and parallelisms with characters around are used to understand what’s going on in their minds. Hence, as it happens in real life, we only judge someone when we compare them with our own experiences.

 

 

Las ceremonias obligadas del cuerpo en Orphan Black

La relación de cuerpo-poder ha sido base del planteamiento teórico y filosófico de muchos académicos . Sin embargo, nadie lo ha tratado más a fondo como Michel Foucault. Según el autor (1975), el cuerpo está directamente inmerso en un campo político; las relaciones de poder operan sobre él una presa inmediata; lo cercan, lo doman, lo marcan , lo someten a suplicio, lo fuerzan a unos trabajos, lo obligan a unas ceremonias, exigen de él unos signos. El cuerpo, entonces, está imbuido en las relaciones de poder, no puede escapar de ellas.

Este poder infligido sobre el cuerpo permea todos los aspectos de nuestras vidas; tan sólo con echar un vistazo en las diferentes formas en que, como sociedad, nos entendemos podemos ver cómo lo primero que cosificamos es el cuerpo del otro, cómo nos comunicamos a través y gracias a él, cómo reclamamos la pertenencia e individualidad del otro a través de su cuerpo, pero, sobre todo, cómo nos apropiamos del otro gracias y a través de su  cuerpo. Nuestro cuerpo nos pertenece, sí, pero también está a merced de las relaciones de poder que los demás ejercen en los diferentes campos.

Lo que el otro reclama sobre nosotros siempre, e irrevocablemente, será la libertad sobre el propio cuerpo. Hoy en día muy pocas series y filmes se encargan de reflejar eso tanto y tan bien como en el programa canadiense de la BBC, Orphan Black.

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En ella, las protagonistas son clones que buscan su propósito y motivo de existir, sin embargo, existen varias organizaciones que están decididas por reclamar propiedad sobre ellas, su cuerpo y su agencia.

Cosima, Alison, Sarah, Beth, Helena, Rachel y Krystal son tan sólo algunas de las clones que conocemos. Son mujeres con agencia que buscan hablar por si mismas, poder ser libres de vivir sin que ninguna organización, persona o sociedad decida sobre ellas y su cuerpo.

Las relaciones de poder inmiscuidas a su alrededor crean redes involuntarias de dominación por parte de las instituciones y los individuos.  En Orphan Black éstas giran alrededor de dos grandes grupos: los científicos y religiosos; la dicotomía típica del mundo contemporáneo.

Desde el punto de vista científico, su cuerpo no es más que un objeto más de análisis que no tiene otro fin más que aportar datos a las investigaciones relacionadas con el progreso y el mantenimiento de la vida humana. Ellas poseen en su código genético algo que nunca antes se había podido encontrar en otro ser humano: la permanencia y esencia del ser humano. Son desposeídas de su humanidad para ser reducidas a un simple experimento de la ciencia. Sarah y sus hermanas son perseguidas para ser analizadas y marcadas.

Las instituciones religiosas, por otro lado, las necesitan para controlarlas y otorgarles la única función que para ellos es esencial en una mujer: la reproducción de la especie humana. En su discurso, el cuerpo de los clones no es resultado de un experimento científico sino una aberración que necesita ser re-interpretada y santificada por medio de la maternidad. Su cuerpo no es suyo, siempre le ha pertenecido a dios y su plan divino, por ello, es necesario cercarlo y obligarlo a participar en sus ceremonias.

Bajo ese precepto es como podemos entender a Helena, una asesina a sueldo que creció dentro de una organización religiosa donde los clones eran vistos como demonios disfrazados en el cuerpo de una mujer con la única función de tentar a los hombres.

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Tal poder infligido sobre ellas depende invariablemente de la posición que gozan dentro del campo de poder y la sociedad en la que se desarrollan. Al ser mujeres gozan de un privilegio menor que el de los hombres, individuos que, aún así, encuentran sus vidas atravesadas por las relaciones de poder.

Resulta conveniente que en la serie también exista una rama de clones masculinos criados por la milicia, donde la fuerza bruta es su característica esencial y motivación básica. Mientras las mujeres son criadas para ayudar a reproducir y mejorar a la raza humana, los hombres están encargados de defenderla.

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Desde luego, ellos y ellas forman parte de una sociedad, por lo que su cuerpo no sólo es sometido a las relaciones de poder infligidas por las instituciones, sino que sus cuerpos también son domados por las personas a su alrededor para corresponder al estilo de vida que refleja sus esferas más cercanas. Alison, por ejemplo, es la madre de casa abnegada que se encuentra en constante lucha por alcanzar el papel de la matriarca indomable que la sociedad ávidamente celebra, mientras que Rudy debe comportarse como el depredador sexual que los demás esperan que sea.

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Lo que Orphan Black logra visibilizar con su discurso es que, invariablemente, el cuerpo termina por ser el medio de expresión y comunicación no sólo del individuo que lo porta, sino de las redes que lo rodean. El poder que se ejerce sobre él dependerá de la posición que tienen dentro del campo de poder y las relaciones de poder que atraviesen a su propia agencia.

Foucault, M. (1975) Vigilar y Castigar, p. 32.

 

 

 

La performatividad de salir del clóset.

“A mi se me hace que es joto”, “Yo no sé porqué no sale del clóset si claramente se ve que es gay”, “¿No se te hace que el novio de fulana es maricón? Pobrecita, no se ha dado cuenta”, “Yo creo que ya va siendo hora de que le digas a tus papás que eres gay, ¿no lo crees?”, “¿A poco no has salido del clóset? Si te ves bien joto”, ¿Les suena familiar?

Hola, mi nombre es Diego y salí del clóset hace 10 años (¡Hola Diego!). Si no me hubiera puesto a hacer memoria, no hubiera caído en la cuenta de que justo por estas fechas, hace 10 años, fue cuando decidí dar uno de los pasos más complicados, pero satisfactorios, de mi vida: aceptar -y abrazar- mi homosexualidad.

Salir del clóset no sólo es un proceso personal, sino que también es un acto performativo. Judith Butler (2002) define al acto performativo como formas de habla que autorizan (…) si el poder que tiene el discurso para producir aquello que nombra está asociado a la cuestión de la performatividad, luego la performatividad es una esfera en la que el poder actúa como discurso.

Salir del clóset significa nombrar  tu realidad para (valga la redundancia) volverlo real. Esto no es real hasta que lo nombras, hasta que lo dices fuerte, hasta que lo conviertes en algo real, tangible e inamovible en tu vida. Por eso es que creo fervientemente quese trata de  un proceso tan íntimo y personal.

Sin embargo, muchas personas -demasiadas para ser sincero- lo entienden al revés y se aferran por convertir un momento de intimidad en un espectáculo público. No, una persona que no ha salido del clóset no necesita que le digan cuándo y cómo debe hacerlo. No, salir del clóset lleva su tiempo, tiene un proceso y un modo de hacerlo muy personal.

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Aún, a la fecha, no deja de sorprenderme cómo los medios y nosotros mismos, como sociedad, presionamos tanto a las figuras públicas para salir del clóset que no les queda otra que hacerlo público, sin importar el proceso que están viviendo o la forma en que están tratando de entenderlo.

¿De verdad nos importa si Pedro Sola no había querido salir del clóset? ¿Es realmente tan importante saber si Ricky Martin era homosexual cuando anduvo con tal o cual actriz famosa? ¿De verdad es necesario comunicarle a todos tus compañeros de trabajo tu preocupación sobre la tardanza de fulano o sutano para hacer pública su homosexualidad? No, de nadie es asunto más que de la misma persona.

A mi parecer, obligar a una persona a salir del clóset es uno de los actos más violentos que puede una persona puede inflingir  sobre otra. Debido a su carácter performativo, el proceso de aceptación no es sencillo ni rápido. Muchas veces, la persona en cuestión no está preparada para vivirlo, para confrontar una realidad que desde hace mucho pensaba nombrar, pero no tenía el valor para hacerlo. Por ello, nadie debería tener poder sobre el acto performativo de alguien.

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¿Tienes ganas de hablar sobre la sexualidad de una persona? Comparte más sobre la tuya, ¿Te llama la atención la forma en que una persona acepta su sexualidad? Trata de entenderla en lugar de juzgarla, ¿Te preocupa que mengano no haya salido del clóset y no esté viviendo los mejores años de su vida? Deja que lo haga a su tiempo y cómo crea que es mejor.

Nombrar es un acto cotidiano, dejar que cada persona nombre su propia realidad es el verdadero acto performativo.

Bibliografía:

Butler, J. (2002) Cuerpos que importan, Editorial Paidós.