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La ciencia de Transcendence

Si bien es cierto, en el extenso mundo de películas de Ciencia Ficción podemos toparnos con una enorme variedad de historias –donde podemos encontrar Aliens que se incuban en estómagos de humanos, que desean regresar a casa o que incluso cazan a otro tipo de Aliens– que van de lo ridículo a lo divertido, de lo irreal a lo surreal y de la ficción a la realidad. Sin embargo, existe un pequeño mundo donde las narrativas no se preocupan por sus audiencias y las historias parecen escritas por niños berrinchudos. Ahí es donde se puede encontrar, fácilmente, a la nueva película de Johnny Depp: Transcendence.

La historia gira alrededor de Will Caster, un científico que busca crear una inteligencia artificial que sea capaz de resolver todos los problemas del mundo y haga lo que sus creadores le pidan. Sin embargo, como se espera, las cosas no salen bien: un grupo terrorista atenta contra su vida, dejándolo al borde de la muerte. Y, como si fuera tarea de los creadores del filme, la historia pierde todo sentido y se dispara por una serie de sucesos inexplicables y surreales: La conciencia del Doctor Caster es “subida” a una computadora –por su esposa– con el afán de mantenerlo vivo y, de esa forma, comprobar su teoría de la creación de una inteligencia artificial.

Si ustedes, como el que escribe esta entrada, se sintieron confundidos con la trama ¡no desesperen! el filme parece que tiene el fin de confundir a las audiencias y perder la coherencia interna del filme al primer pestañeo. Pero vamos analizando esto por partes.

Primero hablemos de la ciencia vista en el filme. Tanto Will Caster como su esposa, Evelyn, son científicos renombrados que se dedican a hacer experimentos con el afán de beneficiar al mundo académico y, como tal, sus diálogos son adornados con términos científicos elaborados que institucionalizan su labor como investigadores. Sin embargo, se quedan sólo en ese nivel de profundidad.

Will y Evelyn son científicos investigadores que investigan. Son doctores experimentadores que experimentan. Son científicos que hacen cosas de científicos. Son personajes fílmicos haciendo cosas de ciencia pero que nunca muestran sus credenciales ni la teoría que los sustenta. Y, con ello, Will y Evelyn se la viven rodeados de pizarrones llenos de números (que no tienen explicación alguna), de máquinas, y computadoras, que resuelven problemas matemáticos (que nadie se molesta en mencionar) y de hologramas y secuencias numéricas (que no tienen fundamento alguno). Los personajes dedicados a la ciencia en esta película son, en pocas palabras, científicos “cientificando”.

La ciencia de los personajes de Transcendence es igual de escueta e incoherente que sus bases científicas. Los personajes de Paul Bettany, Morgan Freeman y Cillian Murphy sólo están ahí para representar a la comunidad científica, académica y policíaca del mundo (respectivamente) y bien podría desarrollarse la historia sin su participación.

Por otro lado, los personajes femeninos sólo existen para configurar la presencia de los masculinos. Evelyn (interpretada por Rebeca Hall) es considerada como el eterno objeto del deseo de Will, es el leitmotiv de las acciones de Johnny Depp y la institucionalizadora de sus acciones como científico”cientificador”. Bree (interpretada por Kate Mara) es la “líder”del grupo terrorista que funciona como contrapunto de Evelyn. Ella intenta quitarle credibilidad a Will y busca “salvar” al mundo de la tecnología pero no parece tener motivos fuera del mundo creado por el Doctor Caster. Ambas mujeres se encuentran girando alrededor del protagonista masculino y constantemente buscan darle, y quitarle, sentido a las acciones de Will.

Transcendence podrías ser un buen filme si consideraran a su audiencia como personas pensantes capaces de entender lo que está sucediendo en el filme pero, contrario a lo que parece, el director da por sentado demasiadas cosas y no explica lo suficiente como para hacer de su filme una experiencia interesante. Al contrario, la vuelve repetitiva y sumamente aburrida.

Si el filme necesita de la ciencia para construirse tiene que considerarse como una base fundamentada y con sentido coherente en la narrativa, no como un pretexto para poner a los personajes a hablar sobre números y fórmulas.

La borrosidad de Maleficent

He leído varias críticas –tanto positivas como negativas– de la película de Maleficent. Sin embargo, ninguna me ha parecido los suficientemente convincente en cuanto a sus argumentos a favor o en contra. De modo que he decidido pone un granito de arena en el debate.

Maléfica, como chicos y grandes saben, es una de las villanas más conocidas de Disney –y del mundo literario– actualmente. Gracias a ella es que la historia de The Sleeping Beauty toma forma y funciona como principal catalizadora de todo lo que significa maldad en el mundo de Aurora. Sin embargo, la Maléfica de este clásico de Disney no es más que un personaje plano con un único motivo: Hacer miserable el reino, ¿la razón? No haber sido invitada al bautizo de la pequeña Aurora. Simple as that.

Ahora, precisamente aquí, veo uno de los grandes puntos a favor de la película de Maleficent: la profundidad y desarrollo del personaje. La Maleficent de Jolie no es una mujer malvada nomás porque sí (como se presenta en la película animada). Esta mujer tiene un leitmotiv más allá de una fallida invitación a una fiesta: un corazón roto y muchos sentimientos enterrados. Con esto en mente podemos ver las numerosas capas que constituyen a este personaje. Maleficent es engañada por el hombre que ama para poder reclamar el reino de los humanos.

Y, a pesar de eso, el personaje de Maleficent se oscurece con el tiempo. No se vuelve malvada de un momento a otro. Ella tiene que pasar por una serie de sucesos que, poco a poco, la van convirtiendo en una persona rencorosa y adolorida (no malvada y maldita). Maleficent se encierra en un mundo de dolor y de tristeza que le impide reaccionar de forma razonable, pero se da cuenta de su error. Su coraje no es eterno ni único en su vida. Incluso después de haber hechizado a Aurora ella decide darle una oportunidad de conocer su mundo y, al mismo tiempo, se permite abrir su corazón de nuevo.

Verán, la forma en que Aurora ve a Maleficent en la cinta es desde la perspectiva de una niña. Una niña que no ha sido influenciada por la sociedad que la rodea y que tiene el libre albedrío de decidir, por sí misma, lo que es bueno para ella. Y aún al enterarse que Maleficent fue la que la hechizó decide seguir queriéndola, como aquella hada que siempre fue la que la cuidó.

Me sorprende la cantidad de argumentos con los que me he topado asegurando que Maleficent no es lo suficientemente mala, que no deja caer la maldición absoluta sobre Aurora como se debe y que es un personaje bondadoso cuando no debería serlo, ¿hasta cuándo dejaremos de condenar a los villanos de las películas bajo un código moral de blancos y negros? ¿Cuándo dejaremos de crear antagonistas superfluos que su único motivo en la vida es ser malos porque ¡viva la maldad!?

Me parece una aseveración demasiado superficial argumentar que Maleficent debe ser una perra maldita y no tener un motivo de fondo para hacerlo aparte de que “pues porque sí”. Estoy seguro que no existe en el mundo una persona que sea lo suficientemente malvada e hijaeputa sólo porque un día se despertó queriendo serlo. Reducir al personaje de Maleficent a su maldad absoluta como su único eje de motivación es dejar de lado todo lo que conforma al personaje, todas las capas de construcción de carácter que tiene de fondo. Sí nos rigiéramos por ese paradigma ¿donde quedaría la construcción narrativa, el perfil de los personajes y el trabajo de guión que una película aporta?

Me pareció magnífica la idea de que Maleficent fuera la que despertará de su sueño eterno a Aurora ya que, a final de cuentas, ella era la única que se preocupaba por la princesa, era la hija del amor de su vida y merecía vivir todas las cosas hermosas que tenía por delante. También me pareció acertado reforzar la idea de que el amor no es una cosa que se da porque sí. Al contrario, lleva tiempo y necesita de mucho trabajo para nutrirse, por lo que era evidente que el Príncipe Phillip –Al haber visto una sola vez a Aurora– no iba a despertarla de su sueño eterno. Sin embargo, nos dejan la idea de que algo bueno está por suceder entre ellos.

Encuentro muy positivo el papel que los personajes femeninos juegan en esta película: Maleficent es un hada poderosa que vive en un reino donde no se necesita de reyes que los gobiernen. Aurora es una princesa que no necesita de un príncipe –que acaba de conocer– para que la salve de su sueño eterno. Aurora no necesita de ese mismo príncipe para ser coronada como reina, porque la presencia de un hombre de la realeza no la institucionaliza como tal. Ni siquiera el príncipe Phillip se intimida al ver a Aurora tomando un lugar en el trono.

Creo que el camino que Disney está tomando en sus nuevos filmes ha mejorado poco a poco. Ahora ya vemos a princesas –como Elsa y Anna– gobernando una nación por sí mismas. Vemos a parejas de madres participando en shows infantiles –como en Good Luck Charlie–. Vemos princesas de color que –como Tiana– figuran como roles a seguir entre las niñas. Y vemos personajes malvados –como Maleficent– volverse más humanos y con muchos matices de personalidad.

No dudo que la película pudo haber sido mejor al corregir ciertos detalles minúsculos (Las estoy viendo a ustedes Flora, Fauna y Primavera) sin embargo, en cuanto a la elaboración del personaje de Maleficent, me parece un gran acierto darle profundidad y vida más allá de la maldad absoluta que la conformaba. Después de todo, siempre habrá grises muy profundos entre los blancos y negros que busca imponer la sociedad. Si Maleficent puede cambiar, ¿por qué no darle la oportunidad de hacerlo?