Archivo de la categoría: Películas

Los tres Méxicos de la cartelera actual.

Con la cartelera actual en los cines mexicanos, resulta paradigmático ver los contrastes tan grandes que existen entre la realidad y la ficción mexicana.

Mientras, por una parte,  la gente sale a las calles para exigir una re-presentación -o imagen propia de cada sujeto- justa de su realidad social, en la cartelera de los cines de cualquier ciudad del país se pueden encontrar diferentes representaciones -o discursos que hablan por nosotros-, pero de algún modo entrelazados, en México: La política y el poder (en La Dictadura Perfecta), la ‘mexicanidad’  (en La Hija de Moctezuma)  y el folclor (en El Libro De La Vida).

La-dictadura-perfecta

Si bien estas películas cuentan con un manifiesto propio del director, cada una de ellas son también reflejos – y representaciones- muy vagos del contexto que se vive actualmente en el país. Me gustaría pensar que se trata de una mera coincidencia que dichos filmes hayan sido estrenados con tan poca diferencia en las salas de cine, sin embargo -como ejercicio imaginativo- estos tres discursos ayudan a pensar en un México Otro.

Un México en el que la India María no es solamente un estereotipo que raya en la mofa. Un México donde las tradiciones -y el folclor-propias del país no son mercantilizadas como capital económico de nuestra cultura. Un México donde los medios no tienen la capacidad y agencia de manipular los sucesos importantes.

20141001-Haciendobilisenelcine01

Si bien, cada uno de los filmes goza con elementos narrativos interesantes, me parece que se quedan cortos en cuanto al mensaje que buscan transmitir y, en su lugar, acuden a herramientas muy gastadas para presentar ecos de nuestra cultura.

Con ello no pretendo satanizar la creación de discursos como los antes mencionados. Al contrario, me parece muy rico contar con diferentes perspectivas de lo que significa ser -o no ser- mexicano. Resulta atractivo el hecho de poder gozar de tres perspectivas paradigmáticas de nuestro país y, sin duda, es emocionante  realizar ejercicios imaginativos como los que mencioné anteriormente.

Sin embargo, hay que entender a estos discursos como herramientas narrativas que pueden actuar como armas de doble filo. A filmes como La Dictadura Perfecta, La Hija De Moctezuma y El Libro De La Vida hay que verlos con una mirada muy objetiva, ya que cada uno de ellos muestra características únicas de diferentes aspectos de México que -si bien- no significan un gran aporte ni una visión cuidadosa del contexto que re-presentan, permite identificar lo propio del individuo en esos mismos huecos.

Por ello, no es necesario identificarnos con el personaje de la India María para poder entender los aspectos del arquetipo que nos representan y los que se distancian de nosotros. Tampoco necesitamos ver al Día de Muertos como una historia de Disney para entender la importancia que tiene en nuestras raíces y el impacto que genera en nuestras acciones. De la misma forma que no debemos dejarnos llevar por los fuertes golpes narrativos que Carmelo Vargas manifiesta contra la integridad de los ciudadanos para sentirnos aludidos por la corrupción que existe en el país.

Personalmente, me da gusto poder encontrar discursos con los que pueda -por medio de lazos simbólicos entre unos y otros-  encontrarme como aquel individuo que vive en un contexto específico, con características sociopolíticas específicas y raíces únicas,  como el de nuestro país.

En un mundo donde los discursos son tan maleables, y los filtros de información actúan con tanta facilidad, resulta enriquecedor encontrar  en los huecos -y aportes narrativos- las diferentes historias que se nos cuentan -y que deciden omitir- a las audiencias hoy día.

Ahí es donde reside la perspectiva objetiva de este ejercicio, en la capacidad de entender las herramientas que trabajan en dicha representación y los estragos que actúan en la propia re-presentación. De esa forma, depende enteramente de nosotros lo que decidamos hacer con esa información.

Las Survivor-ish Movies y la perspectiva dentro del Apocalipsis.

Sí hay algo que abunda en el cine actual son las películas ‘Survivor’/Apocalípticas. Aquellas historias donde alguna enfermedad / meteorito / extrarrestres / monstruos /desastre natural/ atentan contra la tierra y la vida contenida en ella. Lo peculiar de estos filmes es el tratamiento que le dan a sus personajes -humanos- principales, donde (la mayor parte del tiempo) lo único que hacen es correr y tratar de salvar sus vidas. Algo muy simple y (casi siempre) muy entretenido.

Sin embargo, con el éxito que han tenido siempre las chick-flicks, y con la llegada de las historias independientes que no necesitan más que una buena narrativa para contar su historia, han comenzado a aparecer  filmes que invierten estas reglas básicas, donde la catástrofe es una situación de fondo que afecta a los personajes pero que no impide que su historia sea narrada a fondo: algo que llamaré como  Survivor-ish Movies.

Este giro de tuerca hace posible que los personajes tengan leitmotivs suficientes para construir un perfil completo de una persona que tiene otra función más que correr y huir de los peligros que atentan a su vida. En esta variación del género Survivor podemos ver personajes completos, individuos que tienen sus propios problemas y que se encuentran en medio de un contexto apocalíptico que -si bien- media sus acciones pero no las controla en su totalidad.

Resultaría imposible pensar en un Harry Stamper de ‘Armageddon’ aceptando la inminente caída del meteorito en la tierra y tratando de pasar sus últimos momentos con alguien que valga la pena como Dodge y Penny en ‘Seeking A Friend For The End Of The World’.

seeking-a-friend-for-the-end-of-the-world-road-trip

Para los personajes de las Survivor Movies es impensable no encontrar una solución al problema que atenta contra sus vidas y es imprescindible resolverlo antes de que los créditos aparezcan en pantalla. Por otro lado, los de las Survivor-ish Movies ven la catástrofe como una imposición inevitable en sus vidas y tratan de vivir lo mejor que puedan con ello. En la primera se trata de sobrevivir, en la segunda de vivir.

Si bien, en ‘Contagion’, mientras Mitch trata de proteger la vida de su hija, los científicos y el gobierno a su alrededor tratan de encontrar una cura; contrario a lo que sucede con Susan y Michael en ‘Perfect Sense’, ellos se habitúan a una vida donde van perdiendo poco a poco sus sentidos pero van descubriendo las delicias del amor.

perfect-sense_i02

Esa es la enorme belleza de este tipo de películas: ver la vida de otra forma, encontrar otros modos de disfrutarla al máximo antes de llegar al punto inevitable del que no puedes huir. Los personajes de las Survivor-ish Movies se rinden ante la posibilidad de sobrevivir mientras optan por vivir al máximo lo que les queda.

Otra enorme diferencia entre las Survivor y las Survivor-ish Movies es el modo en que desarrollan su desenlace. Mientras que en la primera siempre vemos cómo sus personajes principales (o al menos algunos de ellos) sobreviven a la catástrofe y tratan de rehacer sus vidas, en la segunda nunca sabemos qué fue de ellos después de la imposición catastrófica, es más, es casi imposible que sobrevivan a ello.

Películas como ‘2012’ donde, a pesar de un inminente fin del mundo, la humanidad aún logra sobrevivir a bordo de numerosos buques creados por el gobierno; cosa que no sucede en ‘4:44’ con Cisco y Skye, donde el fin de su vida es inevitable pero los momentos que pasan juntos son necesarios para hacerse a la idea.

4-44-last-day-on-earth-image

Lo maravilloso de este tipo de cine es poder ver a la humanidad desde otro punto de vista, donde la imposibilidad de huir de la muerte está presente todo el tiempo haciéndonos recordar lo preciosos que son los pequeños momentos que tenemos en la tierra y la fragilidad con la que las cosas vienen y van.

El Mumblecore en los tiempos de las historias apresuradas

Con la fuerte incidencia que tiene el cine independiente en la industria fílmica, hoy día, es habitual que nosotros, como audiencia, nos topemos con historias muy simples que se convierten en verdaderas joyas narrativas en contraposición con los enormes blockbusters que se caracterizan (sin ser una regla) por tener historias simples y muy planas.

De esa forma, una nuevo subgénero cinematográfico que ha logrado propagarse de una manera latente en el cine independiente: el Mumblecore. Las películas que distinguen a éste género se caracterizan por tener un bajo presupuesto y -en la mayoría del tiempo- actores pocos conocidos. Se podría decir que es un subgénero que se reconoce por el enfoque naturalista de la narrativa, donde las historias son lo más objetivas y reales posibles. Centrándose en los personajes y el contexto que los rodea, y presentando situaciones de la vida real (un poco a la Cinéma Verité).

Películas como Frances Ha, Drinking Buddies, Happy Christmas y la -recientemente estrenada- alemana Oh, Boy! Todas comparten características similares: sus historias se desenvuelven de forma sencilla (y un tanto ambigüa a la vez) dentro de un contexto muy similar a la realidad que vivimos actualmente.

Tanto Frances Ha como Oh, Boy! se distinguen por retratar la vida de dos jóvenes de ambos sexos (la primera de una chica llamada Frances y la segunda de un chico llamado Niko) con problemas que cualquier otro individuo de veintitantos años podría identificarse: inseguridad, falta de pertenencia e indecisión. Ambas retratadas con un poético filtro en blanco y negro y un enorme peso en el diálogo y el impacto que las palabras tienen sobre y con los personajes principales.

Ambas películas nos llevan de la mano de Niko y Frances en un momento específico de su vida. Nos muestran la realidad a la que estos jóvenes se tienen que enfrentar mientras construyen sus propias técnicas para evadirla. Ambos personajes se encuentran en una constante decidia por confrontar su realidad y huir de ella.

Tanto Niko como Frances evitan -a toda costa- ser partícipes de su propia historia mientras que la narrativa los arrastra -y empuja- a hacer lo contrario. Son personajes en contraposición de la característica inherente que determina sus historias: la propia realidad.

Foto-21

Lo interesante del Mumblecore es la facilidad con la que la narrativa va llevando de la mano al espectador a través de la vida de sus personajes. Fácilmente podemos entender los problemas con los que sus protagonistas se enfrentan e, incluso, sentirnos identificados con su eterna indecisión. Después todo, ¿a quién le gusta lidiar con los problemas de su vida?

Con esto no pretendo asegurar que un filtro en blanco y negro y buenos diálogos son suficientes para hacer una buena película, al contrario, me parece refrescante que un subgénero como este acuda a técnicas tan básicas en el cine para crear verdaderas obras de arte. Algo que distingue perfectamente al cine independiente.

Con ello en mente, los invito a darse un chapuzón en el cine Mumblecore. Para ello deben estar dispuestos a conocer narrativas otras a las que un Hollywood lleno de historias apresuradas y sin fijación por los detalles nos tiene muy acostumbrados.

The Maze Runner y el laberinto de las adaptaciones fílmicas

Como mencionaba en entradas anteriores, últimamente Hollywood se ha encargado de convertir sagas completas de Young Adult en filmes. Ya sea desde la perspectiva romántica (como If I Stay o The Fault In Our Stars) hasta aventuras distópicas con toques románticos (The Hunger Games y Divergent) y, entre este mundo de aventuras adolescentes, se coloca otra saga de aventuras distópicas que busca abordar menos temas románticos y más de acción: The Maze Runner.

Debo advertirte, querido lector, que yo mismo me considero un fan irrevocable de este ramificación de la literatura, que está tan de moda actualmente, la llamada lectura para Adultos Jóvenes. Sin embargo, no por ello puedo dejar de reconocer los constantes clichés de los que hace gala este tipo de narrativas que (por supuesto) buscan llegar a las audiencias juveniles con elementos y salidas fáciles.

El caso de The Maze Runner no es la excepción. En esta aventura distópica se nos presenta un grupo de chicos jóvenes encerrados en el centro de un laberinto y sin memoria alguna. La premisa, de entrada, reverbera un poco en The Lord Of Flies e, incluso, en sus compañeras The Hunger Games y Divergent. Sin embargo, y conforme avanza la historia, los personajes retoman sus propias historias que proponen destinos diferentes a los de Katniss y Tris.

Pero ¿Cómo traducir todos los sucesos, y destinos de diversos personajes, de un libro de 500 páginas en tan sólo dos horas y media de filme? Esta es la interrogante a la que siempre me someto al momento de ver películas de este tipo. Algunos me podrán decir que se necesitaría de más tiempo para poder realizar algo de esa magnitud. Yo, por otro lado, creo que mientras se mantenga la esencia del libro (junto a los elementos importantes que lo distinguen) no tiene porque ser una mala adaptación.

En el caso de The Maze Runner se presentan los aspectos esenciales de la historia. Thomas, el protagonista, pasa por el mismo proceso de adaptación en el filme que en su contraparte literaria. Ciertamente el director aprovecha técnicas narrativas para resumir eventos que en el libro duran más de 10 capítulos pero los aspectos importantes están ahí. Eso es lo que verdaderamente se agradece.

En ello radica que un libro goce de una buena adaptación. En entender a los personajes. Entender lo que los autores trataron de transmitir a través de ellos y evidenciarlo en los filmes. La psicología de cada uno de ellos debe de estar perfectamente delimitada y entendida como tal. De otra forma, todo lo que sucede a su alrededor no tendría sentido alguno.

Un claro ejemplo de ello es lo que parece que sucede con The Giver. Aún no he tenido la oportunidad de ver su adaptación al cine pero, por lo que los trailers y la crítica me han permitido conocer, sus creadores han cometido errores monumentales al momento de su adaptación. Jonah (el protagonista) tiene 16 años en lugar de los 12 con los que cuenta su contraparte literaria y Fiona (un personaje totalmente secundario en el libro) toma protagonismo innecesario.

Una buena adaptación debe hacer honor al libro y a las reglas diegéticas que fueron creadas como base esencial de la narrativa. Los personajes deben ser fieles a sus contrapartes. Los eventos cruciales (o puntos fijos inamovibles) deben estar presentes. La narrativa debe permitirnos disfrutar el filme como un producto audiovisual que se sostenga por si mismo sin necesidad de remitirnos al libro y a las esencialidades que lo componen.

Ahí tenemos el ejemplo de The Lord Of The Rings o la saga de Harry Potter. Ambos tuvieron diferentes usos narrativos que les permitieron ahondar en las historias que sus autores trataban de narrar desde un principio. Convirtiéndolas en unas de las sagas más redituables de principios de siglo.

The Hunger Games y Divergent corren con la misma suerte, a mi parecer. Tanto Katniss como Tris en sus personajes de cada filme sufren y viven los mismos obstáculos que sus contrapartes literarias. Ambas son mujeres que terminan peleando por una causa mayor que ellas. Ambas son partícipes de las circunstancias que las rodean y, para poder entender ello, es necesario ver su proceso emocional. Lo mismo que sucede con Thomas y Theresa. Algo que debe estar plasmado en el filme.

triskatniss_LargeWide

Por supuesto que The Maze Runner falla en otros aspectos de su adaptación y cae en el humor simple con tal de resolver la incomodidad de una situación mal planteada desde el guión. Incluso, el director se permite pequeños lujos que, desde una perspectiva mayor, pueden interpretarse como misoginia mal intencionada.

Sin embargo, son las tesituras de los personajes, y sus diferentes capas que los conforman, los que nos permiten gozar de una buena adaptación. Para que una adaptación fílmica de un libro funcione es necesario que sea fiel a las características narrativas más básicas que lo componen. No hay otra fórmula más efectiva que esa.

If I Stay y el impacto del Young Adult

Debo confesar algo, amigos lectores, dentro de mi recóndito ser existe una fangirl sedienta por leer y ver todas las historias de Young Adult habidas y por haber. Disfruto mucho meterme en los dramas adolescentes de los protagonistas y me emociono muchísimo con los triángulos amorosos planteados entre líneas. Ya sea en mundos distópicos o en pequeñas ciudades de Estados Unidos, los problemas juveniles son mi gusto culposo.

Para mi suerte, no me encuentro solo en esta travesía de asombro juvenil. Hollywood se ha encargado de producir y dirigir películas, con dichas tramas, a gran escala. Desde Twilight hasta Hunger Games, de The Fault In Our Stars a la más reciente If I Stay.

Con el estreno, y éxito instantáneo, de If I Stay se continúa con la tendencia actual de los estudios cinematográficos por hacer adaptaciones de libros con temática Young Adult, es decir, aquellas historias que utilizan técnicas narrativas que permiten a los lectores jóvenes (Entre 16 y 25 años, según el internet) identificarse.

El caso de If I Stay no es diferente a las películas que la preceden: chica se enamora de chico. Chica y chico son totalmente opuestos pero hay algo que los une. Chica vive una serie de eventos que dificultan su relación con el chico. Chico y chica rompen y mientras todo eso sucede, un problema mayor que confronta a la chica hila la historia. Y aún así, no pude contener las primeras lágrimas desde el inicio de la película.

Miles de espectadores alrededor del mundo se emocionan (como yo) con el dolor de Katniss en los Juegos del Hambre, se identifican con Triss y sus problemas de adolescente, sufren con la volubilidad de la vida de Mia e, incluso, se asombran con la ridiculez de la historia de Bella. Las historias Young Adult no sólo nos permiten recordar nuestros problemas adolescentes, también nos recuerdan que alguna vez fuimos jóvenes y tuvimos dificultades que sólo eran relevantes para nosotros. Vaya, nos traen de regreso la sensación del primer amor.

Por supuesto que una buena película (y libro) de ficción Young Adult debe estar construida de forma acorde y contar con todos los elementos necesarios para funcionar: colocarnos en la situación por la que el/la protagonista están viviendo, deben hacernos recordar pero, sobre todo, deben hacernos sentir.

Con esto debo aclarar que mi argumento no invita a los lectores a pensar que dichas historias son (y deben ser) obras maestras del cine contemporáneo. Al contrario, la mismas premisas suenan tan ridículas e imposibles que es necesario verlas para disfrutarlas como tal. Una buena película Young Adult nunca se podrá comparar con cualquier historia del cine de arte, y esa es la clave para poder disfrutar de estas historias: saber lo que estás a punto de ver y lo que esperas que provoque en ti. Nada más, nada menos.

Y sí, quizás a muchos de nosotros nos dé pena aceptar nuestro gusto por este tipo de historias pero creo que es momento de salir del closet cinematográfico y comenzar por disfrutar de las películas sin culpabilidad, de identificar cuando un boleto valió la pena ser gastado y cuando fue una pérdida de tiempo, de reconocer lo que sí te gustó de un filme y lo que te molestó.

Sí hay algo que las historias de los Adultos Jóvenes ha logrado es motivar a las personas a leer, a regresar la emoción de disfrutar un filme en las salas de cine, a salir de tu casa y optar por ver una película que sabes, de entrada, que te va a hacer llorar. A final de cuentas, Young Adult o no, el cine seguirá siendo cine y los adolescentes con problemas no se irán a ninguna parte.