Club de Cuervos: Volando cerca del sol.

Si han seguido mi blog, se habrán dado cuenta que tengo un soft spot por las series producidas por Netflix. iIn duda alguna, la forma en que sus historias son hechas (a manera de una gran película) me parece de lo más innovador. Además creo deliberadamente que la casa productora ha hecho un buen trabajo al momento de seleccionar las historias que quiere contar.

Por ello, no es de sorprenderse que cuando me enteré que produciría una serie latina -situada en México y protagonizada por Luis Gerardo Méndez- me emocioné de tan sólo pensar en los increíbles alcances que podría tener. Así fue cómo nació ‘Club de Cuervos’.

La historia de ‘Club de Cuervos’ gira alrededor de dos hermanos: Chava Iglesias Jr. e Isabel Iglesias, hijos de el presidente de un equipo de futbol llamado ‘Los Cuervos de Nuevo Toledo’. Así, cuando el patriarca de la familia muere inesperadamente, ambos se someten a una intensa pelea por tener el tan preciado lugar que su padre dejó: la presidencia del Club de Cuervos.

De entrada, la serie por si misma se lleva las palmas. Cada capítulo está elaborado cuidadosamente para acompañarnos en un “detrás de cámaras” (por así decirlo) de lo que ocurre dentro de los clubes de futbol. Sobra decir que los excesos están representados a la orden del día.

Sin embargo, lo más atractivo es la presencia de sus actores: Luis Gerardo Méndez hace un papel inolvidable como el típico “hijo de papi”, Mariana Treviño adopta el papel de contraparte a la perfección y Daniel Giménez Cacho brilla como un vicepresidente atrapado en una disputa familiar.

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La primera parte de la temporada se ilustra con un carnaval de excesos, decisiones arriesgadas y partidos de fútbol ganados. Así se ponen las cartas sobre la mesa y entendemos -como audiencia- las bases de la problemática.

Sin embargo, para la segunda parte, me topé con una enorme disparidad narrativa que hizo que yo  perdiera todo el enfoque en la historia: la representación del género femenino, sobretodo en el papel de Isabel Iglesias.

Al principio de la serie, la disputa de los hermanos es delimitada a la perfección: Chava quiere ser el presidente porque es el siguiente paso lógico en su vida como mirrey malcriado, mientras que Isabel defiende su postura al argumentar que ha dedicado su vida completa a trabajar para su papá y al equipo. Dos razones que, dentro del universo de ‘Club de Cuervos’, son totalmente plausibles.

La serie, en un comienzo, aborda la problemática de ser mujer y vivir en un universo donde el fútbol es imperativo, haciéndonos entender que esa será una de las temáticas rectoras de la serie. Sin embargo, en la segunda mitad de la temporada, ese leit motiv se pierde y las motivaciones de Isabel pasan de ser en pos del beneficio del club a transofrmarse en un mero berrinche.

El problema surge cuando los escritores deciden quitarle las razones sensatas a Isabel para ser presidenta del equipo y le otorgan argumentos infantiles y sin sentido. Así, la historia de fondo -que se trataba de abordar al inicio- de una mujer fuerte e inteligente peleando contra el sistema masculino, rector en el fútbol, se modifica radicalmente para convertirse en una rabieta. No, en un berrinche más de ella.

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De esa forma, la disparidad comienza a permear en todos los aspectos de la serie, llegando a un punto donde los escritores no saben si defender el argumento, que tratan de mantener en un inicio, sobre si el papel de una mujer dentro de un club deportivo de futbol sea necesaria o si las mujeres no pueden participar en deportes como estos “por sus constantes cambios hormonales”.

Algo que la misma Mariana Treviño parece no disfrutar. Al comienzo de la temporada la vemos como una mujer segura de si misma, llena de conocimientos y ganas de sacar adelante al equipo. Para la segunda parte, cuando los escritores comienzan a hacer de las suyas, la actriz aparece menos tiempo en cámara y en cada una de sus escenas se ve la incomodidad que la aborda.

De la misma forma, y en un grado menor, los pocos personajes homosexuales y transgénero que hacen pequeñas apariciones en la serie sólo sirven como burla y ejemplo de lo que, al parecer, los escritores consideran que no se debe de hacer dentro de un equipo de futbol: “ser diferente”.

De esta forma, considero que la propuesta de ‘Club de Cuervos’ es muy buena. La historia es atrapante y (la mayoría de) sus personajes están bien construidos. Sin embargo, creo que -para la segunda temporada- los escritores deben decidir la postura que tomarán en cuanto al personaje de Isabel: Si debe quedarse con la presidencia del equipo porque tiene los conocimientos necesarios o porque es un berrinche más de una mujer “que se deja llevar por las hormonas” como nos quieren hacer pensar.

Nota aparte: ¡Gracias por existir, Netflix!