De reduccionismos, simplismos y salidas fáciles.

Soy gay. Una persona gay, en la actualidad, forma parte de una minoría y, como parte de ella, he escuchado todos los argumentos que intercambiamos entre conservadores, minorías, extremistas y liberales. Soy gay y no me da pena serlo, no me intimida que me digan improperios ni que intenten rebajarme por mi orientación sexual. A final de cuentas, eso no me define. No soy un órgano sexual con pies. Ni me interesa que me vean de esa forma. Soy mucho más. Soy un conjunto de características, cualidades y defectos que me hacen ser quién soy.

Claro que no le voy a caer bien a todos, y eso no está mal, no soy una monedita de oro. No espero que así sea.  No me refugio en mi orientación sexual cuando no soy del agrado de alguien. No soy así de simple. No me dejo llevar por discursos reduccionistas. Los reduccionismos y simplismos son la peor salida fácil a la que el ser humano se puede enfrentar.

Me parece terrible cuando alguien reduce a otra persona a una sola característica de su vida: cuando lo define como homosexual, afroamericano o mujer. Me parece peor cuando este reduccionismo lleva un mote peyorativo:  como “joto”, “tortillera”, “negro”, “vieja” o “niñita”. Pero me parece imperdonable que nosotros mismos seamos parte de este simplismo. Cuando nos escudamos de la violencia que nos ataca con estos mismos motes. Que justificamos los discursos de violencia al simplificarnos y ofendernos.

Yo estoy seguro que no le caigo bien a más de uno. Puede que sea porque hablo demasiado, porque soy terco, porque fangirleo  o porque tengo cierta tendencia a ser grammar nazi, pero nunca doy por sentado que es por mi orientación sexualidad. Si hiciera eso estaría cayendo en el juego de muchas otras personas que se les hace fácil reducir a los demás. Que despojan a los demás de su voz, y de su personalidad y los invisibilizan.

En el momento en que nosotros mismos nos despojamos de todas nuestras cualidades estamos permitiendo que los demás nos invisiblicen y nos quiten nuestra voz. No permitamos que estas personas justifiquen su odio con motes reduccionistas. No perdamos la confianza en nosotros, y en todo lo que somos, consecuentando estas acciones con defensas igual de irracionales.

Así que no, no eres nada más tu orientación sexual, ni tu clase social, ni tu color de piel, o tu género. Eres mucho más que eso. No te invisibilices. No permitas que te quiten tu voz, pero, sobre todo, no caigas en dinámicas reduccionistas y simplistas.  Empieza siempre contigo y termina en ellos.