Jessica Jones y el poder sobre el cuerpo.

Disclaimer: La siguiente entrada la hago como fan de las series y de las películas, no como gran conocedor de cómics. Por lo tanto, la argumentación se centrará en técnicas narrativas audiovisuales.

SI han seguido de cerca este blog sabrán que no me considero muy fan de lo que hace Marvel con su Universo Cinematico (como podrán ver en este antiguo post). Me parece constreñido y poco diverso. Sin embargo, también sabrán que soy fan aguerrido de todo lo producido por Netflix. Las series de esta plataforma de streaming me parecen frescas y -gracias a su formato- llenas de profundidad y desarrollo de personajes. A mi parecer, ambas compañías trabajan de formas contrapuestas y muy diferentes.

Por eso, cuando me enteré de que Netflix produciría una serie de series (Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist) no estaba seguro del resultado que de esto devendría. Muchas otras veces un producto de Marvel me había emocionado y perdido en poco tiempo. Con ‘Jessica Jones’ pasó precisamente lo contrario.

En mi experiencia -y dentro del espectro de lo que he podido ver- una serio o película de superhéroes siempre centra sus primeros momentos para explicar el origen de sus poderes, sus motivaciones y (hasta cierto punto) filosofía. Algo que encuentro coherente, más no inherentemente necesario.

Con ‘Jessica Jones’ sucede totalmente lo contrario. La serie comienza con la protagonista siendo una detectiva privada, con un pasado turbio y un alcoholismo severo, resolviendo casos en la medida de lo que su sobriedad se lo permitiera. Sin embargo, cuando un caso la vuelve a unir con ‘Kilgrave’, un hombre que poco conoce los límites, la emoción arranca y no se detiene hasta el capítulo final.

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Con esto en mente, podemos ver que esta serie no se trata de cualquier otro producto manipulado por Marvel.  A mi parecer es. más bien, una historia creada por Netflix donde el gran corporativo del comic sólo tiene incidencia en dar su nombre y proporcionar los personajes.

Jessica Jones no es una heroína, ni pretende serlo, es una mujer que quiere vivir su vida sin ser molestada y que, coincidentemente, tiene super fuerza, y aquí es donde encuentro el primer punto interesante de la serie. Los poderes de Jessica son representados como un rasgo más de su persona.

Cuando en las demás historias de superhéroes los poderes parecen ser lo que definen al personaje -de verdad, intenten removerlos de cualquier héroe del MCU y verán que no se quedan más que con personajes planos, acartonados y sin motivos-, para Jones son sólo parte de su vida, como cualquier otro rasgo propio de ella. A cómo lo veo, sus poderes no tienen más injerencia en su vida que su preferencia sexual o color de cabello.

Rasgo que llama la atención del maniaco de Kilgrave, un hombre sin límites que tiene la capacidad de controlar la mente de la gente a su voluntad y precisamente es en él mismo donde encuentro el segundo punto a favor de la serie: la relación entre estos dos personajes. A Jessica no la definen ni sus poderes ni su pasado con Kilgrave. Sin embargo, Kilgrave hace lo contrario, la reduce a eso nada más -¿No les recuerda a, no sé, Marvel?- y se obstina en hacerla suya.

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Con esta idea es con lo que la serie toma toda fuerza y profundidad. En lugar de quedarse con una idea plana de agresor/víctima, ‘Jessica Jones’ se atreve a ir más allá y a descubrir las razones que permean esta relación. Incluso se mete tanto de lleno que se toma la libertad de tratar temas de importancia actual como el consentimiento, la violación y las relaciones de poder.

Mi ñoño interior comenzó a saltar de felicidad cuando vio que conceptos teóricos de sociología (tales como “Violencia simbólica”, “Subalternidad” y “Otredad”, entre otros) estaban siendo representados  con suficiente soltura y de forma tan sencilla y entendible en sus capítulos (sobre todo en el 9, ¡qué maravilla!).

En un mundo donde la violencia de género se impregan y escurre en todos los ámbitos de nuestra vida, resulta refrescante que una serie se dedique a explicar lo que significa el consentimiento (algo que muy pocas personas parecen entender) y los alcances que tiene en una persona cuando ésto no se respeta, cuando el individuo pierde poder sobre su cuerpo y otra persona decide lo que se hará con él, ¿les suena familiar?

Jessica, y el resto de las personas afectadas por Kilgrave, no son personajes ficiticios, son personas reales con conflictos reales. Son todas aquellas mujeres que se atraven a decir “no” y terminan muertas, son todos aquellos hombres que deciden vivir su masculinidad como mejor le plazca y terminan siendo rechazados, son todos las personas que son los únicos que tienen poder sobre su cuerpo y aún así son forzadas a hacer lo contrario.

No, Jessica Jones no es una víctima ni pretende serlo.  Sufrió mucho tiempo de violencia simólica y física por parte de Kilgrave, pero en ningún momento se dejó victimizar. Tampoco permite que esto la definiera como villana o heroína, ni mucho menos que destruya su vida, al contrario, simplemente sigue con su vida, tratando de dejar atrás todo el asunto.

Por supuesto, la serie tiene un puño de referencias a héroes de Marvel para tener a los fans de los comics muy contentos, pero no es sino en los temas de trasfondo donde de verdad se luce. Es ahí donde sé que Netflix de verdad sabe lo que hace y que, de una u otra manera, Marvel por fin está participando en proyectos que se dediquen a atraer gente que no lea sus comics. Algo que, sin lugar a dudas, celebro y sé reconocer.