La prostituta y la madre: El contrapunto femenino de ¡madre!

En la filmografía de Darren Aronofsky, sobre todo en sus últimas películas, existen dos constantes que permean sus narrativas: la presencia constante de una iconografía y alegoría religiosa  en sus historias y la tremenda necesidad de llevar a sus personajes femeninos al extremo de una crisis nerviosa; por supuesto que ¡madre! no es la excepción.

Antes de comenzar, quiero hacer una aclaración, debido a que ningún personaje tiene nombre en el filme, haré mención de cada uno de ellos por medio de los actores que los interpretan y de los estereotipos que representan, de esta forma no habrá confusiones y podré seguir un hilo argumentativo mucho más claro.

A mi manera de verlo, uno de los grandes aciertos de Aronofsky con esta película, es la de su representación de la figura femenina como  aquella persona dividida, y fracturada, entre dos fantasías estereotípicas que son producto de la perspectiva masculina: la madre y la prostituta.

En ¡madre! los personajes femeninos relevantes son interpretados por Michelle Pfeiffer y Jennifer Lawrence. Ambas son caracterizadas como meros estereotipos bíblicos: la primera figura como la prostituta que representa el deseo y la lujuria provocadora del hombre para hacer cosas atroces y, la segunda, como la madre que sacrifica su vida y entrega todo por su familia.

Sobra decir que éstas son alegorías directas de figuras religiosas y bíblicas. Eva (o la prostituta) es aquella mujer que cayó ante la tentación del fruto prohibido y se convirtió en la personificación del deseo, y a la Madonna (y hasta cierto punto, la Madre Naturaleza) aquella mujer que se entrega sin condición a la maternidad y a la atención y dedicación por otros.

Estos estereotipos han funcionado como contrapunto del otro desde el inicio de los tiempos. Desde la perspectiva masculina  una mujer puede debe ser un objeto de deseo y lujuria primero y una madre dadivosa y entregada después. Así, estos personajes son retratados como recipientes donde los máximos deseos y anhelos de los hombres son depositados, no como personas completas.

Tanto Pfeiffer como Lawrence son personajes que son definidos por sus esposos, interpretados en la película por Ed Harris y Javier Bardem. Ambos son hombres egoístas que no están interesados en escuchar la opinión de sus esposas y que constantemente las minimizan con afán de arrebatarles su agencia. No son más que imágenes borrosas que pertenecen a la fantasía de un hombre, no a una realidad palpable.

Son ideales  masculinos de lo que una mujer debe o no debe ser ante una sociedad y, por lo tanto, son figuras que no deben convivir en el mismo espacio ni deben de compartir características similares. La mujer debe ser, primero, una prostituta en lo privado, en la cama, en la recámara y, después, debe ser una madre en lo público, ante la mirada de la comunidad, ante los ojos de su esposo. Después de todo, ese es su fin último en la vida.

En el filme, ambas son articuladas como antagonistas, como personas que no tienen la capacidad de convivir bajo el mismo techo y a las cuales les resulta imposible compartir algo. La prostituta llega a crear caos a la casa de la madre mientras que la madre se siente amenazada por las actitudes pecaminosas de la prostituta.

La prostituta representa todo lo que intimida a la figura de la madre, es segura de si misma, es provocadora, dice lo que piensa y no tiene problema con habla e, incluso, mostrar, sus momentos de privacidad sexual con su esposo.  La madre, por otro lado, es callada, sumisa y solo piensa en complacer a sus esposo y sus pedimentos.

La prostituta es la que sugiere la idea de embarazarse y la que invita a la madre a vivir su sexualidad con libertad, a no detenerse, a convencer a su esposo de la idea. La prostituta es la tentación y la madre es la incubadora de la pasión.

Michelle Pfeiffer se encuentra presente en todo el primer acto de la película en la que el personaje de Jennifer Lawrence quiere convertirse en madre y desaparece justo cuando se entera que está embarazada. Más explícito no podría ser.

Quizás es cierto que  Darren Aronofsky buscaba retratar los peligros de la sobrepoblación y la explotación ambiental con su filme , sin embargo, también es importante hacer notar que, haya sido su propósito o no, logró con esta película representar de una forma innovadora la ambivalencia social que se espera de la mujer hoy en día.