Visibilidad y producción de sentido en el cine con actores y actrices transgénero

Si tienes conexión a internet y has estado al tanto de las últimas noticias del mundo de la cultura pop, sabrás sobre las últimas noticias de la contratación y consecuente rechazo de Scarlett Johansson para retratar a un hombre transgénero en la película de Rub & Tug . Seguro te estarás preguntando ¿Por qué la gente y los medios están haciendo tanto escándalo por algo que parece ser tan sencillo y simple como la representación de un personaje en manos de una actriz que se dedica a hacer eso? ¡No temas! Que yo estoy aquí para explicarte.

Antes de meterme de lleno en el tema, me gustaría primero hacer una pequeña pausa y hablar un poco sobre la performatividad y la creación de sentido como preámbulo explicatorio. Como todos sabemos, el lenguaje es la forma más inmediata  y sencilla con la que los seres humanos nos comunicamos, al intercambiar ideas por medio de un sistema de formas y símbolos compartidos.  Cuando decimos algo, sabemos que el receptor nos va a entender porque esperamos que cuente con la misma estructura simbólica y de procesamiento de formas simbólicas que nosotros. Al comunicarnos, estamos produciendo sentido.

¿A qué me refiero con producir sentido? Esto hace referencia al proceso que realizamos al transformar y adaptar una idea en nuestra mente en una frase u oración que tenga sentido y coherencia para que el otro pueda entenderlo al momento de recibirla, sin necesidad de contar información extra. En cierto modo, al producir sentido estamos creando una realidad; y precisamente de esto se trata la performatividad, cuando enunciamos y nombramos algo, lo volvemos real.

Una manzana no es una manzana en nuestra mente hasta que la llamamos de esa forma, de la misma manera,  una persona transgénero no es transgénero hasta que la nombramos, hasta que le damos sentido y significado en nuestra mente. El proceso de nombrar a algo o alguien no solo crea sentido, sino que visibiliza lo que nuestra conciencia no había considerado o tomado en cuenta en cuanto a formas simbólicas se refiere. La performatividad es, en esencia, la representación de la realidad.

Es por ello que creo que la idea de la performatividad se adecua a la perfección a la hora de tratar de entender a las políticas de identidad y los problemas subsecuentes con los que se está topando Hollywood  con ellas. El cine, al ser también un lenguaje, está destinado a producir sentido y crear realidades al nombrar lo que está poniendo y representando en pantalla.

En la actualidad existe una gran variedad de actores y actrices transgénero capaces de dar vida a cualquier papel que se les requiera ya  los que ni siquiera se les está considerando para hacerlo. También existe todo este grupo de actores y actrices cisgénero a los que se les están dando aquellas oportunidades y a los que se les están otorgando papeles de personajes transgénero sin dudarlo, muchos de ellos aplaudidos, reconocidos como personas valientes y merecedores de diversos premios por ello.

Si a los actores y actrices transgénero no se les está brindando las oportunidades necesarias para aparecer en alguna película o interpretar cualquier papel, ¿por qué ni siquiera se les está considerando a la hora de realizar audiciones para un papel de un personaje transgénero? En un ambiente sobrepoblado por hombres heterosexuales que son representados una y otra vez en diversos filmes por actores cisgénero, debería de haber también cabida de las voces trans para participar en los espacios y tomar los papeles que se les han estado negando.

Lo que Hollywood hace al darle el papel de un hombre transgénero a una actriz que no lo es, es producir sentido y crear una realidad. Con ello, las grandes casas productoras están enunciando explícitamente que las voces diversas no existen y, por lo tanto, son invisibles y no tienen cabida en el medio. Por supuesto que una actriz como Scarlett Johansson puede interpretar un personaje transgénero sin lugar a dudas, pero ese no es el problema. El verdadero problema es el rechazo e invisibilización sistemática de la diversidad en el medio al desaparecer las voces trans.

Seguro estarás preguntándote —y lo digo porque he leído este tipo de argumentos numerosas veces— “¿Entonces qué sucede con los actores y actrices digamos, caníbales, que no fueron considerados para el papel de Hannibal Lecter en Silence Of The Lambs o las amas de casa que no buscaron a la hora de contratar actrices para The Stepford Wives?” Yo te respondería que una cosa no tiene nada que ver con la otra, porque  1) como suele pasar mucho actualmente, estás confundiendo estilo de vida con identidad de género,  mientras la primera se decide, la segunda es algo con lo que se nace y 2) ni los caníbales, ni las amas de casa han sido catalogadas como un género cinematográfico ni han sido sistemáticamente utilizadas como herramientas narrativas a la disposición de un actor o actriz que en busca de “intepretar un papel valiente”.

Por ello, resulta importante y muy relevante celebrar los avances que la televisión ha comenzando a lograr con series como el nuevo proyecto de Ryan Murphy,  Pose, que cuenta con el cast más grande de personas transgénero en la historia de la televisión, o Transparent —a pesar del casting de Jeffrey Tambor como una mujer transgénero— que le ha otorgado grandes papeles de personajes transgénero a actrices transgénero o Sense8, una de las primeras series en darle a una actriz transgénero un papel protagónico, o la más reciente noticia de Supergirl, la cual contará una superheroína abiertamente transgénero, interpretada por una actriz transgénero en su siguiente temporada.

La representación  es importante, sobre todo cuando se trata de un medio y un lenguaje que crea y produce sentido con cada producto que lanza al mercado, como lo es el cine. Si el entorno social donde nos desarrollamos está lleno de diversidad y voces alternantes, resultaría coherente ver eso reflejado en la pantalla grande por personas que lo viven día a día en carne propia, no solo por la capacidad que tienen de incluir su experiencia en su interpretación, sino que también porque ya es hora de que comiencen a habitar los espacios e intepretar los papeles que sistemáticamente les han sido negados una y otra vez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Hereditary and the selfless mother/selfish woman dichotomy

Warning: This post includes MAJOR Hereditary spoilers. Proceed with caution.

As I previously stated , the mythical mothers in cinema history have the tendency to be represented as these selfless individuals who are capable of putting everyone else before them and who would do everything for their families, specially for their children.

What’s really dangerous of this portrayal is not the very idea of selflessness, but the assumption that motherhood is inherent to all  women and, even worse, that it constitutes the definition of womanhood.

With this trope, movies are telling us that women need to be mothers in order to fulfill their purpose, that women need to be mothers to feel complete and that there’s really nothing else for them to do in this world but to deliver babies .

From rom-coms to dramas, movies go out of their way trying to beatify their mothers’ purpose on their stories. But there’s actually one genre that has been subverting this trope all along: horror movies.

I’m talking about horror movies, not their suitable cousin, slasher movies, where the mother figure is commonly the first one that is willing to die, literally, for her family at any time, as she is always available for screenwritters to use as cannon fodder in order to increase the body count to up the movie stakes.

Unlike these films, recent horror movies, like The Babadook (2014) or Good Night Mommy (2015), have helped to change the ways cinema represents their mothers  by portraying flawed maternal figures that are tired of the inherent responsability that comes with motherhood and are acting on it in sadistic and vicious ways. Everything but mother-like.

Fortunately, the wonderful jaw-dropping Hereditary (2018), falls right into this place, too. Specially when it tries to unpack the trials and tribulations  behind  the difficult relationship between its protagonist Annie, her mother Ellen, and with her children, Charlie and Peter.

From the very beginning of the movie, Annie lays it all for us at her mother’s funeral: she really loved her, but their relationship was complicated and really difficult to process, Ellen had her secrets and was a really secretive person whose husband died young at the hands of a mental disease and a son who went mad blaming her for placing the voices in his head. Clearly, she did not embraced the stereotypical idea of motherhood.

Later we discover that not only did she offered up all her family —specially her grandchildren— as a sacrifice to bring back a demon from hell, but that her first attempt involved using her husband and son as a mean to achieve her goal, but eventually failed.

With Ellen, the movie paints a character that  goes against everything the mother trope stands for. She is someone who’s purpose goes beyond her inherent motherhood and a cult leader who also happens to have children. She is the antithesis of the selfless mother: the selfish woman; that’s what happens when a mother stops thinking about her children and starts thinking about herself.

In fact, not only does she has a particular aim whose very process involves putting herself and her cult interests first and foremost before their family and their well being, but she carries along with it without even considering it or flinching. Ellen’s purpose on earth is clearly not putting their children first, as society expects her to do. She sees her kids as tools to find meaning to her life,  not the meaning itself.

Ellen, as a character, is easy to portray because her motivations are clear and directly comes from a subverted trope. Annie, on the other hand, is a more complicated, and nuanced, individual. She tries to act like an overbearing mom with Charlie, her younger daughter, but the ghost of her mother, and her consequential heritage, lingers with her.

Annie loves her children, but she also knows —on a subconscious level— that there’s something wrong with them. Charlie represents the first embodiment of the demon her grandma is trying to bring back to earth, while Peter is the masculine body that later will be used as a vessel for the same demon to occupate.

Annie’s character represents perfectly the dichotomy of the selfless mother/selfish woman on a conscious/unconscius level as a criticism against the expectations that society has towards women. A mother know on a conscious level that her selflessness must be part of her daily “job” but, on an unconscious level, she will always try to fight back all these ideas bestowed upon on her, by separating the idea of motherhood from her very own construction of womanhood.

We learn, as the movie goes on, that Charlie was Annie’s mother favorite  child as she always wanted to fed her since she was a little baby; that was the main reason why Annie smothered her so much, to kept her away from her.

Annie also didn’t want to have Peter, her oldest son, as she even tried to abort him on a failed attempt. She also tried to kill both of her children on a sleepwalking night by showering them on kerosene and lightning a match before walking up.

Annie is overbearing and smothering with her children on a conscious level because it’s the only way she understands how a mother should behave, but she is also selfish, on a unconscious level, by doing what it has to be done  for the sake of her family and against her mother’s wishes, by trying to get rid of the evil her children will become in the future.

The great thing about Hereditary is that, not only does it give us the opportunity to get excited about an inteligent horror movie with nuanced symbolisms to talk about, but it also offers a great way to understand the stereotype behind motherhood and the different ways that some women are capable of carrying along in order to break this mold in numerous and fulfilling ways.

Club de Cuervos tiene un problema con sus mujeres

Club de Cuervos es una de las series mexicanas más exitosas del momento y no es para menos, ya que no solo cuenta con uno de los equipos de actores más renombrados a la fecha, sino que también tiene la capacidad de contar historias entrañables a través de sus episodios. Es innecesario recalcar que me considero un fan asiduo del programa.

Cada que Netflix lanza una temporada nueva soy de los primeros en celebrarlo y de los más emocionados por continuar las aventuras y nuevas historias de los hermanos iglesias. Sin embargo, desde el lanzamiento de la primera temporada, ha habido algo que no me ha permite disfrutar plenamente de la misma, el tratamiento  y representación que le dan a sus mujeres.

En el mundo de Club de Cuervos las mujeres actúan y responden  ante ciertas situaciones solo al ser motivadas por las acciones de un hombre; comenzando por Isabel Iglesias, protagonista interpretada por la magnífica Mariana Treviño.

Desde el primer momento que conocemos a Isabel podemos entender que se trata de una mujer ambiciosa, preparada y talentosa, que comparte la pasión por el futbol con su papá y que  tiene una visión muy específica sobre el futuro del equipo deportivo que heredó junto con su hermano, interpretado por Luis Gerardo Méndez,: los Cuervos de Nuevo Toledo.

Isabel tiene las habilidades y el conocimiento necesario para dirigir al equipo y, sin embargo, se encuentra en medio de una encrucijada con  su hermano Salvador que no se encuentra interesado en ello, al contrario, que solo busca ser dueño para vivir una vida de excesos y reconocimiento. Esta es la razón que nos dan a entender por la que comienza a pelear con él y  la fuerza motora con la que dirige sus motivaciones como personaje: su ambición y talento innato por dirigir un  equipo.

Sin embargo, después del segundo capítulo, y a lo largo del resto de las temporadas, esta motivación es completamente olvidada e instantáneamente reemplazada, y reducida, por otra: un berrinche motivado por la necesidad de ser mejor que su hermano. Con esto, la Isabel ideal para ser dueña que conocemos en un inicio, desaparece para dar paso a Chabela, la hermana enojada con su papá y su hermano y que solo busca vengarse de ellos; la Chabela irracional que no piensa y que solo actúa y responde con sentimentalismo.

Y es aquí donde las cosas se comienzan a tornar problemáticas, pudiendo haber creado un personaje femenino fuerte y racional capaz de obtener y mantener un puesto directivo gracias a su conocimiento y talento, los escritores prefirieron caer en el trope tan gastado y cansado de siempre, el de la mujer irracional y sensible que no es capaz de tomar decisiones conscientes debido a sus hormonas y su perspectiva sentimental que es aparentemente inherente a la representación de todas las mujeres. Mujer que cada paso que da, es motivado por la acción de un hombre y no por su propia convicción.

De ahí en adelante nos encontraremos con que Isabel no es la única mujer en este show sometida a esta narrativa. Lo mismo sucede con su mamá, Gloria Iglesias, interpretada por Verónica Terán, cuyas acciones giran siempre en torno de su ex-esposo y lo que significaba para ella, y la madre de Salvador, Vanessa Iglesias, interpretada por Claudia Vega, cuya presencia es relevante solo cuando Chava necesita ser respaldado por alguien.  Son personajes satelitales que necesitan de una presencia masculina para justificar su existencia, ya que ellas por si mismas no cuentan ni con motivaciones ni ambiciones más allá de lo que sienten por su ex-esposo e hijo, respectivamente. Si elimináramos la presencia de Salvador Iglesias Sr. y a su hijo de la historia, estos personajes femeninos no tendrían sentido ni relevancia.

En el mundo de Club de Cuervos las mujeres son personajes emocionales, sin motivaciones ni sentido, que giran en torno a su contraparte masculina; los hombres, por otro lado, son individuos que piensan por si mismos y que sus ambiciones van más allá que las mujeres a su lado.

Ellas son un ejemplo más de la larga lista de personajes femeninos mal representados en la pantalla, que sufren de una falta de agencia propia. Este problema está totalmente ligado a la falta de interés por parte de los creadores y creativos de la industria por entender y construir mujeres reales en lugar de caricaturas extraídas directamente de sus fantasías.

Mary Luz Solari, interpretada por Stephanie Cayo, sufre del mismo problema. No solo es retratada como una mujer emocional que  toma todas sus decisiones desde un lugar emocional como lo es el enamoramiento que sentía por su ex-esposo, Salvador Iglesias Sr., sino que también es representada como una mujer a la que solo le interesa el dinero y la fama. Mary Luz, al igual que Vanessa, es un personaje que existe solo para validar la hombría y relevancia de  Salvador y Chava Iglesias en la historia.

El tratamiento de estas cuatro mujeres no está tan mal manejado si lo comparamos con el personaje de  Isabel Cantú, interpretado por Melissa Barrera. Isabel es la heredera de una fortuna millonaria que funge como interés amoroso de Chava en la tercera temporada y, como el resto de los personajes femeninos, es una mujer impulsiva, emocional y berrinchuda.

Sin embargo, el problema no radica en la repetición constante de esa pobre representación femenina que los escritores de este show parecen querer tanto, sino en la razón por la que ella actúa de esa forma: Isabel tiene una enfermedad mental.

Me encantaría poder decirles que Club de Cuervos aprovecha la oportunidad para argumentar algo en referencia a las enfermedades mentales o que, incluso, hacen el intento de tratar el tema de manera responsable y respetable, pero no es así. Al contrario, el show se encarga de representar a las enfermedades mentales, y las personas que las sufren, como individuos vengativos, impulsivos y sin contacto con la realidad.

De entrada, los escritores nunca nos dicen cuál es la enfermedad que tiene Isabel, solo sabemos que, después de que su primer novio rompiera con ella, tuvo que ser internada en un hospital psiquiátrico.  El show espera que esa información nos sea suficiente para entender al personaje y sus motivaciones, cuando, en realidad, lo único que provoca es que nos quedemos con una imagen de una mujer perturbada que reacciona de manera irracional.

Pero la historia no termina ahí, a la mitad de la temporada, Isabel deja de tomar sus medicamentos y comienza a actuar de manera más errática y emocional. Para el final de la misma, su personaje tiene otra crisis nerviosa después de que Chava rompe con ella y termina en el psiquiátrico de nuevo, no sin antes hacer un berrinche y tomar una serie de decisiones impulsivas.

Esta representación no solo es injusta con las mujeres, sino con las personas que sufren de una enfermedad mental. Los escritores no solo caricaturizan a las personas enfermas, sino que utilizan su enfermedad como un pretexto para justificar a las mujeres emocionales y transforman a un personaje, que pudo haber tratado de visibilizar un tema tan importante como ese, en una villana superficial.

Lo que me lleva a preguntarme una serie de ideas ¿Por qué se sigue representando a las mujeres como personas sentimentales y emocionales solamente? ¿Por qué los personajes femeninos tienen que tener su historia o arco atado al de un hombre? ¿Por qué siguen sin tener agencia propia? ¿Hasta cuándo comenzaremos a tratarlas como personas y no como caricaturas de si mismas?

Club de Cuervos puede ser una serie interesante y divertida, sin embargo, su poco entendimiento de lo que significa ser mujer y, sobre todo, lo que es la experiencia femenina, provoca que sus personajes femeninos pierdan instantáneamente el suelo y pasen de ser personas reales con agencia a personajes caricaturizados con motivaciones vacías y decisiones impulsivas.

3 Billboards Outside Ebbing, Missouri y la falta de voces femeninas en las producciones fílmicas

(Hay vario SPOILER de la película, si no la han visto, sugiero que no lean esta entrada)

3 Billboards Outside Ebbing, Missouri es una película con una idea interesante, una protagonista soberbia y una premisa que podría haber logrado mucho. Esta película también es el mejor ejemplo de lo que sucede cuando una historia ligada a una experiencia que debería beneficiarse de la perspectiva femenina es contada por un equipo mayoritariamente masculino.

Frances Mcdormand hace el papel de Mildred Hayes, una mujer devastada en busca de algo que le ayude a entender lo que sucedió con la investigación realizada en cosecuencia de la violación y asesinato de su hija adolescente, Angela Hayes. Razón por la que decide rentar 3 anuncios en las afueras de su ciudad, Ebbing, Missouri, exigiéndole a la jefatura de policía respuestas. Sin duda alguna, es una premisa que llama mucho la atención.

El discurso es fuerte, directo y bastante actual, sobre todo en una realidad enmarcada en la terrible idea de que, en 2017, 1,600 mujeres fueron asesinadas tan solo en Estados Unidos (país donde sucede la película) y 1,844 en México. Donde el 66.1% de mujeres sufren violencia de género en nuestro país y en donde cada 9 segundos una mujer es golpeada en nuestro vecino del norte. El contexto donde el filme se desarrolla es acertado y representa estas estadísticas a la perfección

Ebbing, Missouri es un pequeño pueblo en Estados Unidos donde las relaciones de poder soy muy claras; los hombres son los que toman las decisiones y mantienen los trabajos reconocidos; policías, bomberos, dentistas y publicistas, todos son puestos ejercidos por el sexo masculino, mientras que las mujeres son amas de casa, secretarias o dependientes de tiendas.

En Ebbing, Missouri es normal encontrar a hombres que golpean a sus esposas y que mantienen amoríos con mujeres mucho más jóvenes que ellos, como lo hace el esposo de Mildred. También es un lugar donde los policías pueden ejercer cierto nivel de autoridad como para tener la libertad de actuar como racistas radicales y golpeadores a sueldo sin ser mal vistos, como lo hace continuamente Jason Dixon (Sam Rockwell), un policía acusado de torturar a una persona de color.

Ebbing, Missouri es un pueblo donde la ciudadanía no se inmuta ni con el feminicidio de uno de sus habitantes y donde le permite a su jefatura de policías realizar un trabajo de investigación superficial antes de cerrar el caso y dar carpetazo al asunto, como sucede con Will (Woody Harrelson), el jefe de policía.

Como podemos ver, el director/escritor no toma reparo en hacer una fuerte crítica a las desventajas tan marcadas que existen en las relaciones de poder entre hombres y mujeres en la actualidad. Sin embargo, el problema del filme no radica en la representación de este mismo contexto, sino en la forma en que el mismo discurso enmarca a Mildred Hayes dentro de la narrativa.

Mientras la película hace lo imposible por contar la historia de Mildred de la forma más real posible, la perspectiva de la misma no hace otra cosa más que juzgarla con las mismas técnicas de crítica detrás de las estructuras simbólicas que mantienen al sexismo vivo y funcionando.

Dentro de la historia, Mildred es sometida al escrutinio público debido a su decisión de colocar los tres anuncios acusando a la jefatura de la policía por su falta de acción en el caso de su hija. Fuera de la misma, el filme hace lo mismo y pasa de convertirse en el medio de representación de su historia a ciudadano sexista irracional que se deja llevar por una serie de errores imperdonables.

El primer error del filme sucede cuando éste falla en entender ese mismo contexto en el que sitúa su historiacomo los ciudadanos que tanto critica, al equiparar la tristeza y desesperación que una madre, como Mildred, sufre al perder a su hija a manos de un asesino violador, con la tristeza y desesperación que siente un hombre, como Jason Dixon, por perder a su único amigo en manos de un suicidio. Ambas realidades son igual de desgarradoras y difíciles de asimilar pero totalmente diferentes e imposibles de comparar.

El caso de Angela Hayes no es un homicidio cualquiera, sino un feminicidio. Es una de las tantas, y recurrentes, situaciones donde una mujer es asesinada por el simple hecho de ser mujer. Es un feminicidio que es resultado del aprovechamiento continuo  de un sistema sexista que sigue permitiendo que los hombres se sientan dueños del cuerpo de las mujeres.

Es por ello que el suicidio de  Will no es equiparable con el feminicidio de Angela. Él decide quitarse la vida por cuenta propia  debido a una enfermedad mortal que lo aqueja. Él, a diferencia de Angela, tiene la oportunidad de decidir sobre su propia vida y el tiempo que le queda para vivirla. Su muerte no forma parte del ejercicio simbólico y poderoso del sexismo.

Sí, tanto Mildred como Jason son personas violentas y llenas de odio, pero las razones que motivan sus acciones no deben ni tienen que ser puestas en el mismo nivel. Mildred reacciona violentamente porque es la única forma en que puede tratar de entender el feminicidio  de su hija, Jason no. Jason simplemente es un policía con problemas de carácter y un racismo latente.

A ambos se les debe juzgar pero entendiendo el contexto de donde vienen sus motivaciones. Los personajes, como en la vida real, no toman decisiones dentro de un vacío descontextualizado, sino que cada uno parte de una realidad y experiencia diferente.

El segundo error radica en la forma en que el filme trata a Mildred, ya que no solo se encarga de equipararla con una persona irracional que actúa desde un punto de ventaja de realidad mejor que ella, sino que también la juzga por la forma en la que reacciona. A lo largo de la historia, el filme decide colocar a personajes —hombres, por supuesto— que funcionan como contrapunto moral y ético, por un lado, y avatars que enuncian los pensamientos —y prejuicios— del guionista, por otro.

Personajes como James (Peter Dinklage) un hombre que la obliga a tener una cita con él a cambio de su silencio y que tiene el descaro de sentirse como una víctima al no ser correspondido por Mildred después de haberle invitado la cena. Personajes como su hijo, que desecha y descarta continuamente las acciones de su madre como violentas e injustificadas. Personajes, como los policías de la jefatura que constantemente acusan a Mildred de vengativa y le piden que sonría con más frecuencia. Personajes que, en lugar de ser posicionados como los actores y reproductores de la maquinaria sexista son representados como los abanderados de la moralidad y la ética.

Que la película falle en entender las terribles implicaciones detrás de estos errores solo demuestra que tiene un problema de perspectiva muy fuerte que nubla su capacidad para entender la experiencia detrás de la violencia contra las mujeres. De las historias que deberían ser contadas por mujeres.

Es por ello que hoy, más que nunca, la producción de filmes — especialmente de este tipo— necesita de mujeres que lo entiendan y sepan detectar este tipo de problemáticas latentes. Es por ello que más mujeres deberían de ser consultadas a la hora de escribir este tipo de guiones. Es por ello, que Hollywood necesita de las mujeres en sus producciones.

Me parece inadmisible el hecho de que se sigan haciendo películas que traten temas tan fuertes, como lo es la violencia de género, y no se consideren a las voces femeninas que entienden lo que esto significa. Necesitamos de las mujeres en el cine y las necesitamos con mucha urgencia.

Loneliness as a transformation force in movies

The awards season is officially here and has sucesfully bestowed upon us a series of wonderful movies to fall in love with and to put our absolute attention into. There are certainly a lot of stories to delve into.

From well-known controversial figures raw biopics  to insightful stories about hurt individuals looking for hope , this years’ awards season has done something amazing; they have brought back a conversation around an important subject: loneliness.

In my mind, some of the most important films of this year have shared and used at their benefit a special kind of narrative in which their authors have profoundly tried to depict intimate portraits of loneliness surrounding their main characters while shining a light on the importance of this very representation on films.

Tonya Harding, the infamous ice skater involved on the Nancy Kerrigan fiasco, is perfectly depicted as a woman that have faced loneliness her entire life in I, Tonya. Rejected by her mom, her dad and her husband, Tonya’s only place where she felt she belonged was on the ice rink. A place where she embraced the loneliness around her making her strong whilst giving her a sense of purpose.

From the very first frame, we see her sitting alone in her kitchen telling her story. In fact, every single frame in this movie positions her always far from everyone, isolated, facing reality on her own. Whereas she is skating and trying to do a triple axel or fighting with her husband, she’s always framed alone.

Tonya Harding’s story is not easy to digest and the movie doesn’t try to sugarcoat it. She’s depicted as a flawed human being that have been stripped from her truth and her voice since she was a little girl. I, Tonya‘s very purpose is to give Tonya Harding back the control of her narrative, of her own story, but more importantly, this movie is trying to give back her voice, so she can confront loneliness knowing she has the power to overcome it.

Lady Bird`s particular way to portray loneliness, on the other hand, is what I found more compelling about this Greta Gerwig’s movie. Christine “Lady Bird” McPherson is the typical misunderstood teenager looking for the meaning of life in the middle of her adolescence. However, there’s a special thing in the ways she confronts reality.

First, and foremost, she doesn’t like to be called by her given name. That’s the way she reacts and the perfect excuse to ostracize herself from her family and from the little town she’s from: Sacramento. She’s not a victim of abandonment, on the contrary, she embraces loneliness as way to define her coming of age.

Along the movie we get to see her dating constantly, meeting new friends, losing old ones and hanging out with her family all the time. Physically, she’s never alone, but that’s the point. She doesn’t need to be around people to feel good. Loneliness is one of the features that defines her, not the relationships she’s been making all along.

She wants to be alone as much as she wants to be heard. She looks constantly for new ways to contradict herself and her family in order to seek for validation. Her loneliness is not a disadvantage, it’s, instead, the crystal with which she uses to see through her reality. When Lady Bird feels alone is when her best self appears to make all the responsible decisions she needs to make.

In fact, the scenes where she is framed alone are certainly the director’s way to tell us that some big decision is coming our way. Whereas she’s framed between big houses, inside a moving vehicle or at edge at her bed Lady Bird is filled with big intimate and lonely moments that helps to define our main character. No wonder the main poster of the film puts Lady Bird alone and facing at the future.

Call Me By Your Name, Luca Guadagnino’s film, is also very much framed in loneliness. This movie, just as Lady Bird, uses this particular subject to depict an unique way to understand the coming of ageof a character, but in a different light. Whereas Lady Bird uses loneliness to define herself, Timothée Chalamet’s* Elio runs constantly away from it.

Elio too is a misunderstood young individual who’s looking for the meaning of life whilst dealing with the insecurities and problems any teenager has to live with. What’s really striking about his story in this movie is the way he understands loneliness. For him, being alone also means to be hopeless and isolated from reality. He sees himslef alone because he doesn’t understand what’s happening with him.

We see this with the way he treats Marzia, one of her friends that happens to have a big crush on him, he only looks for her when he feels lonely, but when Oliver appears in his life, he immediately dismiss her.

What’s really beautiful about this movie is that this type of attitude is not portrayed as something that comes from a place of malice but from insecurities and confusion. Elio feels like his walking in circles, feeling lonely and different. He doesn’t feel like a normal teenager. Oliver’s importance in his life gives him a meaning and something to aspire to.

To Elio, loneliness is not something to be reckoned with, because he links this feeling with confusion. But at the same way, he aknowledges it as an important part of his growth. In that way, loneliness is portrayed beautifully in this movie as one of the means behind transformation.

There’s no better way to portray this argument than the final scene of the movie (SPOILERS) when Elio sits alone facing the fire and feeling lonely. Sure, he’s just realizing that the guy he fell in love with is no longer in his life, but he doesn’t feel confused anymore, because Oliver transformed his insecurities into wonderful memories together (END OF SPOILER). Elio doesn’t feel bad when he’s lonely anymore, because he learned that he doesn’t need an outside validation to feel comfortable with himself.

These are only a handful of movies that you possibly  will be hearing about more on the upcoming awards season. The have a lot to be celebrated for, but I think that their achievements goes beyond technical praises.

The way they captivate intimate portraits of loneliness should be recognized as something important and relevant. Something that goes beyond the incredible story that happened in front of our eyes. To depict loneliness in a positive light is a form of art on itself.

 

*Fun fact: Timothée Chalamet appears in both Call Me By Your Name and Lady Bird.

Un espacio para la desnudez.