La falacia de la mujer protagonista en el cine

Hollywood tiene algo claro: los personajes femeninos empoderados venden. Solo con echarle un vistazo a algunas de las películas exitosas de los últimos años (sobre todo si se trata de franquicias) como The Hunger Games, Mad Max: Fury Road o Rogue One: A Star Wars Story nos podremos dar cuenta de ello.

Tuvieron que pasar muchos años, y diversas peleas dentro y fuera de la industria, para que los estudios comenzaras a ver a las mujeres como algo más que objeto de deseo de los hombres. Ahora es posible encontrar a personajes femeninos que vivan fuera del imaginativo popular y ser protagonistas al mismo tiempo; eso es, sin duda, algo digno de celebrar. Los personajes femeninos pueden -y deben- llevar historias completas en sus hombros sin problema alguno.

Me encantaría argumentar que esto es suficiente para que exista equidad de género y representación femenina suficiente, pero me estaría mintiendo. Es cierto que hemos avanzado mucho, sin embargo, es necesario hacer un especial hincapié y detenernos a pensar en la forma en la que este avance se ha hecho.

Sí, ahora contamos con una mayor representación femenina en las pantallas grandes y sí, ya tenemos mujeres protagonistas dispuestas a llevar historias que antes no eran consideradas dignas de su género.

El problema, en realidad, no radica en la extraordinaria construcción detrás de Katniss Everdeen o de Furiosa, sino en la existencia de otros personajes femeninos que tratan de imitarlas, aprovechando la tendencia actual por representar mujeres fuertes, pero que terminan perdiéndose en esencia.

Ahora tenemos a la muer fuerte, empoderada y con agencia suficiente para mantener una historia donde sus decisiones repercutan directamente en la trama, pero, al mismo tiempo, tenemos a esta misma mujer cuya existencia en la película depende enteramente para validar al personaje masculino (sea protagonista o no) y a sus decisiones.

Aurora, el personaje de Jennifer Lawrence (quién también interpreta a Katniss en The Hunger Games) en Passengers es la representación perfecta de esa idea. Al principio de la película es presentada como una chica independiente, con motivaciones y metas fuertes que la llevan a tomar la decisión de cambiarse de planeta y comenzar su vida de nuevo allá.

Algo que pierde por completo cuando Jim (Chris Pratt) decide despertarla para no estar solo en lo que resta del viaje, es decir, una vida completa. En un momento de la película, Aurora se entera que su despertar no fue accidental, sino a causa de Jim.

En cualquier otra situación de la vida real, una persona común y corriente se sentiría traicionada y herida al enterarse que otra persona literalmente la condena a vivir encerrada. Aurora se enoja, pero al poco tiempo lo perdona e incluso decide olvidar su vida en el nuevo planeta en favor de quedarse con el hombre que ama.

Sus decisiones, antes de conocer al personaje de Chris Pratt, dependen enteramente de ella y de nadie más, pero al momento en que se encuentra con él, comienzan a girar a su alrededor. Todo lo que ella hace es en función de validar a Jim como persona, como ingeniero y como amor de su vida. Aurora termina siendo definida por su relación con Jim y no por sus decisiones.

Lo mismo sucede con el personaje de Maru, intepretado por Karla Souza, en la película mexicana Qué Culpa Tiene El Niño. Maru es una mujer con decisiones propias, ella decide seguir adelante con su embarazo no deseado, no porque Renato (Ricardo Abarca) se lo pida, sino porque ella quiere hacerlo.

El problema radica, más bien, en las acciones que suceden a esta decisión, cuando comienzan a girar en torno a renato y su felicidad, mientras que vemos a Maru pasa de ser protagonista de su historia a espectadora. Para la mitad de la película la narrativa comienza a transformarse sutilmente hasta que llega a un punto en el que  Renato secuestra la decisión inicial de Maru y la hace propia.

Al final, Maru y Renato tienen el bebé y él se corona como el héroe de la historia que mantuvo sus convicciones intactas mientras que Maru se pierde en el fondo, al pasar de ser una portadora de voz y agencia a convertirse en un mero receptáculo de reproducción humana.

La invisibilización de las mujeres en la sociedad -y en consecuencia, en el cine- no es algo nuevo. Por mucho tiempo, incluso en la actualidad, han sido constantemente despojadas de agencia y voz con el afán de tomar papeles dependientes a los demás que les den presencia.

Así, vemos cómo estos dos personajes comienzan su historia portando un nombre y una agencia propia, para terminar al final de la película siendo un dispositivo de validación más, y objetos de sus contrapartes masculinas, “el amor de la vida de Jim” y “la mamá del bebé de Renato”.

Son mujeres a las que se les da agencia, pero no autonomía. Mujeres fuertes que pueden ser protagonistas y llevar la historia principal con facilidad y sin problemas, pero aún necesitan de una presencia masculina a la cual institucionalizar. Mujeres con voz, pero sin credibilidad alguna.

La representación equitativa de género en el cine no significa simplemente tener un personaje femenino que parezca ser fuerte, y que cubra las necesidades básicas de cualquier filme. También significa crear una narrativa acorde a la construcción del personaje, que la valide, e institucionalice, más allá de su aparición.

Abortion and the decision to be a mother on TV shows.

I think there’s something wrong with our society when, still nowadays, people aren’t able to talk openly of abortion without being subjected to a reprimend. It doesn’t matter if you are in favor or against it, people still would snap out of their minds with the very mention of it and this needs to change.

Women are still having -and will keep having- abortions wether people like it or not, it’s a fact. Our responsability, as active members of a society, is to dig in into this controversial -and troublesome- ideas, no matter how (un)comfortable that makes us feel.

We need informed people, we need individuals to be confronted head on with this subject now more than ever, because we can’t keep avoiding it. Abortion is part of our reality and we need to see that. Wee need to accept that and carry on with our lives.

Lately, I’ve been pleasantly surprised to know that TV shows had surpased us on this very subject. Just last year, I’ve came across with four shows that aired different episodes with a variety of colorful stories were abortion has been treated like it is, a  non-judgmental day-by-day decision made by women about her own bodies. Sometimes accompanied by their partners, other times, alone.

Take Bojack Horseman for example, not only did they succesfully managed to make an entire episode (Brrap Brrap Pew Pew) devoted to treat the subject from diferent angles -controversial song included- but it also singlehandedly managed to create an enthralling story for Diane in which she decides to have an abortion with the full support of his boyfriend, Mr. Peanutbutter, and with no regrets whatsoever.

Within Bojack Horseman‘s world, abortion is a delicate topic to engage with too, thus, women are also demonized. What’s refreshing is the much human take of the situation. There is this strong and confident woman who’s not ready -or doesn’t want – to have a child and her life partner is, nonetheless, by her side all the time. Talk about relationship goals.

Something similar happens in a stelar episode (When Will Josh And His Friend Leave Me Alone?) of the wonderful second season of Crazy Ex-Girlfriend, when Paula finds out that she’s pregnant right after receiving the news that she was accepted to study law in order to follow her dreams of becoming a lawyer.

And the show comes up with an interesting take on the matter and certainly one that a lot of women has to deal with in any given moment in their life: how much self-sacrifice should women have to face in order to achieve their dreams? What happens when life gets in your way? What you shoould do? How it will affect your life and the way everybody sees you?

The answer is, and as Crazy Ex-Girlfriend perfectly sums it up, to go on with it, whatever the finally decision is or would be. Eventually, she decides to go on with the abortion, with her husband by her side, holding her hand and taking care of her. Paula already has two kids and a prominent future looking right at her, waiting for her.

As we can see, motherhood is not, and shouldn’t be, an obstacle in one’s life.  Motherhood it’s neither a burden every women has to carry on their shoulders, nor an obligation that should be imposed on their lives.

This is something that crosses Lindsay’s mind on a poignant episode of You Are The Worst (Talking To Me, Talking To Me) when she is met with a crossroad deciding if she wants to go on with her pregnancy because she really wants to have a baby or just because it’s what her husband needs to be happy.

As an audience, we’re aloud to see through the cracks of Lindsay and Paul’s relationship. They are -and had been- together more out of a rutine than by a shared sense of love or mutual respect, for that matter; and, as later Lindsay realizes, a baby will no help improve it either way. They are not meant to be together, pregnancy aside or not.

Lindsay, as immature and impulsive as she is, ends getting the abortion without consulting it with his husband. Eventually he learns about it and, after a big fight, he too acknowledges that even a baby would not save their relationship.

The series is so nuanced and invested on telling this story, that they manage to make a powerful argument with it: being a mother is, as any other aspect in life, a decision that needs to be made, not by others, but by the couple involved; and, first and foremost, by the woman herself.

Fiona Gallagher, the matriarch and the (somewhat) moral compass of the Gallagher family in Shameless US has to make the same decision on an episode (NSFW) of the sixth season. After she learns she is pregnant she decides, with the help of her boyfriend, to have an abortion. As we can see throughout the whole episode, they are not ready to have a kid, nor they want to.

Praises aside, these four bold series have managed to do what any other show couldn’t, treat abortion not as the main event of an episode, but rather as a part of each of their characters’ stories. By not making a big fuzz about it, they’re really changing the way we should be treating the subject, like a life decision more than a game changer.

Lala Land y la cinematografía de un sueño

A estas alturas ya debes estar enterado, querido lector, de la película que ha causado una sensación entre los críticos y las audiencias, Lala Land. Por supuesto que, debido a tanta atención, el filme ha ocasionado puntos de vista muy divisivos, pero yo no estoy aquí para hablar de eso.

No, yo quiero explicarles porqué considero que esta película está hecha por y para soñadores y cómo es que representa esto haciendo uso de una gran variedad de recursos narrativos de diferentes e interesantes magnitudes. Bienvenidos, a la ciudad de las estrellas.

Dejemos esto claro, Lala Land es un musical y, como toda buena pieza audiovisual de este género, involucra una narrativa melódica y elementos fantásticos que permiten a la audiencia sentir empatía por los protagonistas y poder seguir con facilidad la historia que se desenvuelve frente a ellos.

las herramientas narrativas del musical (la música, la lírica, la repetición), en sí, funcionan como una forma alternativa de representar, en el cine y teatro, a los sueños y las fantasías que se desarrollan en el mundo creado por los protagonistas como un medio de escape de la realidad rutinaria que no es melódica, sino estática.

El filme comienza con un momento musical que establece el tono y las bases centrales de la película: una tarde calurosa en Los Ángeles, donde el tráfico y la cotidianidad están a la orden del día, es irrumpida por un grupo de automovilistas que narran (por medio de una melodía, coreografías y atuendos coloridos) una serie de momentos importantes en sus vidas donde recuerdan haber cumplido sus sueños, permitiéndoles ser felices.

Con esta declaración, Lala Land dedica sus casi dos horas de duración a retratar a una pareja con sueños y metas independientes de su relación y cómo, a pesar de las adversidades, los dos hallan formas y modos diferentes para motivarse a alcanzarlos, incluso si una de estas adversidades son ellos mismos.

Gracias al uso de diferentes técnicas cinematográficas, el director logra construir a la perfección el mundo del soñador frustrado. Con cada tropiezo y éxito sucedido, Damien Chazelle logra colocar a la audiencia en la mente de sus personajes elaborando escenas que hablan muchísimo más que el conjunto explícito de diálogos y conversaciones que sus protagonistas, Mia y Sebastián, tienen sobre sus metas a corto y largo plazo.

Cada que uno de su personajes se encuentra en un estado de estaticidad en relación a su vida profesional, el director enmarca sus tomas y asfixia a los involucrados para que el espacio luzca claustrofóbico y apretado, como si no existiera una forma de salir de ahí.

Así, podemos ver cómo Mia es enmarcada entre dos anuncios luminosos mientras se encuentra frustrada después de haber sido rechazada en otra audición, o a Sebastian siendo sofocado por las pequeñas paredes de su departamento mientras su hermana le explica lo complicado que puede resultar su sueño de abrir su propio club de Jazz.

La historia representa a un mundo con adversidades, sí, pero Chazelle también direcciona muchos de sus esfuerzos en asegurar que nada está perdido. Cuando Mia o Sebastian están juntos, platicando de sus futuros, la cámara se coloca estratégicamente detrás de ellos, viendo hacia el cielo, como si fueran parte de la audiencia y el director tratara de colocarnos frente a un futuro prometedor, pero inalcanzable, que podrían tener juntos.

De hecho, muchas de las tomas de Mia y Sebastian juntos son elaboradas para que ellos sean parte de la audiencia y no protagonistas de su historia. Varios momentos son enfocados desde la perspectiva subjetiva del público, a la misma altura de ellos, viendo hacia arriba o hacia el frente.

(SPOILER)

Algo que se invierte cerca del final, cuando la pareja decide terminar su relación y enfocar sus esfuerzos individuales en tratar de alcanzar sus sueños. En ese momento, la cámara los toma desde abajo, colocándolos en el lugar donde antes estaba su mirada, en el cielo estrellado.

Hay una toma en particular, después de la audición de Mia (donde, por cierto, las personas que le hacen la audición se convierten en la audiencia) en la que los dos están sentados en la banca fuera del observatorio y la cámara realiza un contrapicado (es decir, una toma vista desde abajo), dejandólos a ellos a la altura del cielo. Justo en el lugar donde siempre quisieron estar.

(FIN DEL SPOILER)

El protagonismo que toman los planos secuencia (o escenas grabadas en una sola toma) no es mera coincidencia, Lala Land nos recibe con una serie de planos secuencia que no hacen otra cosa que reforzar la idea del camino que los protagonistas tienen que tomar.

Me explico para que un plano secuencia funcione dentro de una narrativa necesita de una innumerable cantidad de ensayos de la misma escena para que no haya ningún error y pueda desarrollarse con la cadencia y ritmo que requiere.

Cuando la cámara sigue a los protagonistas a lo largo de una de estas tomas da entrada a generar empatía y un tipo de camaradería que solo alguien que acompaña a otra persona en su viaje de crecimiento es capaz de entender. Los planos secuencia son, entonces, la ejemplificación narrativa de la historia de Mia y Sebastian.

Si hay algo que debemos reconocerle a Damien Chazelle como director es el esfuerzo y tiempo que le dedica a la representación lógica y cuidadosa de su historia tanto narrativa como cinematográficamente. Dedicación y esfuerzo que imprime de primera mano en los personajes de Mia y Sebastian.

One Remake At A Time

There is no rulebook for a perfect time to premiere a TV show, but, if it were, then the new Netflix series One Day At A Time would’ve ticked all the boxes. In an era where remakes are around the corner, this particular TV show, even though is a remake of the 1975 classic, feels particularly fresh and very aware of the context its living in.

I don’t think that the showrunners, Gloria Calderón Kellet and Mike Royce, would have pictured this particular show as a remedy for the Post-Trump election audience, but it sure feels like it. In this day and time, there’s nothing more radical than a TV show starring a cuban veteran nurse of Afghanistan living in Los Angeles and trying to raise her two kids with the help of her mother, as the life of Penelope Álvarez in One Day At A Time.

Granted, the very idea of the selfless single mother navigating through the challenges of life, has been made countless of times both in movies and TV shows, but, and this is what it makes this serie so profoundly adequate, they have never focused the attention on the challenges of being a woman, specially an immigrant.

Focusing the narrative only on the problems of motherhood without understanding what’s like to be a woman, and on the essence and construction behind a woman’s perspective, has always been an usual problem on stories like this. They have been telling us that motherhood (and especially single motherhood) is something inherent to womanhood, something to suffer about, to embrace as something women must own.

Netflix’s One Day At A Time understands this particular issue and depicts it on a whole new view, by building their characters from scratch. Yes, Penelope is a single mother of two, but in no way the series confines her to portray only that role in her arc. She also is a nurse, a veteran, a divorced woman, a daughter and a single lady looking for love.

Of course that she has problems raising her kids by her own, but what’s really meaningful about this show is that her role as a mother is not the one that is carrying the story along. Her collected experiences as a woman living in the USA are the real focus, motherhood just happens to be one of them.

The same thing happens with the depiction of her mother Lydia and Penelope’s daughter Elena, they are both full and well-rounded characters with their own opinions and agency, trying to understand what does it means to be a woman nowadays. Thus, the more profound and enjoyable episodes are the ones that keeps challenging each and one of their personal opinions with the ones around them, and specially with each other.

Lydia is a catholic woman who migrates to USA in the midst of Castro’s goverment looking for a new place to call home, Elena, on the other hand, is cuban girl born in the United States with a particular interest on social challenge and new ways to improve the world she lives in. They both understand life differently, but because the great love they share, they are capable of grasp their opinions and respect each other.

The show not only finds many ways to give her women a voice, but it also manages to put it front and center with a handful of serious debates, that the characters have in each episode, around women’s rights, sexism, religion, lesbianism and gender pay gap. Make no mistake, giving this women her own voice and agency in no way means that the male roles are overshadowed by them, if anything, it helps them to be portrayed in a happier and more fulfilling light.

One Day At A Time makes an incredible effort to present flawed but caring men, that are usually influenced but not defined by toxic masculinity, capable of having profound discussions about homosexuality, mansplaining and sexism without being subjected or depicted as the villains of the story. Something that, at least in my case, helped me to confront the social perspective around of what’s really like to be a man nowadays.

It feels quite refreshing to find a TV show, with the narrative structure of a sitcom, capable of going to the places that even some serious series hadn’t had the nerve to go. Because in a world full of remakes, the ones that are here to propose instead of playing common patterns are the ones that are more likely to succeed.

 

 

 

 

 

Las 18 mejores series del 2016, parte 2

9 Lady Dynamite Netflix, primera temporada.

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Si hay alguien adecuado para hablar de una enfermedad mental en una serie y reírse sobre ello definitivamente es la comediante Maria Bamford. Su particular sentido del humor y carisma hacen que cada capítulo de Lady Dynamite sea una nueva aventura.

La serie narra la vida de Maria, una actriz diagnósticada con un transtorno bipolar que se tiene que enfrentar al mundo del espectáculo después de haber estado un tiempo en un hospital psiquiátrico y alejada del medio.

Lady Dynamite no solo se encarga de hacer un estudio profundo sobre las personas que sufren una enfermedad mental, sino que también nos dan una perspectiva realista de las personas que las rodean. Serie esencial para todos los fanáticos del humor negro.

8 The Good Place NBC, primera temporada.

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Desde el estreno del remake de The Office, Michael Schur se ha encargado de crear comedias novedosas, con personajes entrañabales, muy adelantadas a su época y con The Good Place no se queda atrás.

Con este programa seguimos a Eleanor, una chica inteligente que se dedicaba a aprovecharse de los demás en una vida mal vivida, hasta que muere y aparece, gracias a un error, en el paraíso (o The Good Place) y no en el infierno (o The Bad Place). Ahí conoce al ángel arquitecto de ahí, Michael (un magnífico ted Danson) al que tendrá que engañar para poder mantener su lugar.

Si con esa explicación imaginaste una serie muy conceptual, entonces estás en lo correcto, y The Good Place se divierte mucho con eso. Resulta muy interesante ver cómo la serie juega con temas morales y profundos de forma tan natural, algo que lo vuelve un programa esencial esta temporada.

7 Love Netflix, primera temporada.

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Para los que ya conocen el trabajo de Judd Apatow, sabrán que su tipo de comedia se distingue por tratar temas en particular de forma incómoda y directa. En Girls el enfoque fue dirigido a las mujeres jóvenes modernas, en Freaks and Geeks a un grupo de inadaptados y en su más reciente creación, Love, se centra en una pareja totalmente diferente.

En manos de cualquier otras personas, esta serie podría ser otro programa más sobre una pareja dispareja. Sin embargo, con Judd Apatow y compañía, podemos disfrutar de la historia detallada de dos individuos imperfectos que intentan acompañarse el uno al otro a pesar de todo lo que se los impide, sobre todo ellos mismos.

6 Stranger Things Netflix, primera temporada.

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Si hay una serie que dio de qué hablar en este año es, sin duda, Stranger Things. Programa que, por si mismo, logró retomar los mejores elementos del terror y el suspenso de la decada de los 80 y aprovecharlos para crear una historia intrigante que sigue a un grupo de personas que están en búsqueda de un niño que, al parecer, se encuentra perdido en otra dimensión. Imperdible.

5 Veep HBO, quinta temporada.

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Esta es la primera temporada de este exitoso show de comedia política en el que el showrunner es diferente al creador original, debido a la partida de Armando Iannucci. Afortunadamente, y gracias a la fuerza del talentoso cast y de las historias ingeniosas, esta es una de las mejores temporadas de la serie.

A lo largo de 13 capítulos , personajes secundarios, como Catherine, ganan fuerza y el protagonismo necesario para llevar su propio episodio (como el fabuloso Kissing Your Sister) sin perder los arcos argumentales del resto. Muy recomendable.

4 Black Mirror Netflix, tercera temporada.

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Fue un gran alivio que el monstruo del entretenimiento Netflix decidiera retomar esta increíble serie antológica que centra sus episodios en los peligros de el aprovechamiento de la tecnología en exceso y la forma en que ésto afecta directamente a nuestra humanidad y relaciones personales.

Resulta refrescante que dicho programa contara con el respaldo y la fuerza creativa de Netflix para abrir las puertas a nuevas e impresionantes historias y a figuras importantes en el medio, como Bryce Dallas Howard y Gugu Mbatha-Raw.

3 You’re The Worst FX, tercera temporada

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Después de haber tenido una de las mejores temporadas del 2015, You’e The Worst tenía demasiadas expectativas que cumplir. esta vez, a pesar de no haber alcanzado el mismo puesto que el año pasado, contó con uno de los arcos argumentales más interesantes y profundos sobre el Transtorno por estrés postraumático, los efectos que tiene en las personas que les aflige y las consecuencias que viven los que lo rodean.

A mí parecer, este show sigue siendo la serie que trata con más profundidad y seriedad las relaciones amorosas y a los integrantes de las mismas. Un verdadero ejemplo de lo que debe ser el humor negro.

2 Bojack Horseman Netflix, tercera temporada.

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Quien diga que los dibujos animados no deberían de tomarse en serio debería de ver inmediatamente Bojack Horseman. Esta serie no solo enfocó su tercera temporada en tratar de entender a sus (de por si) complicados protagonistas, sino que también entró en el debate del aborto y la otredad sin problema alguno.

Para ser una serie protagonizada por un caballo con problemas de alcoholismo y depresión, Bojack Horseman es uno de los programas más sinceros y sencillos que podrás encontrar en la televisión actual.

1 Crazy Ex-Girlfriend The CW, segunda temporada

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Con tan sólo 6 capítulos de la segunda temporada, Crazy Ex-Girlfriend logró encabezar esta lista sin problema alguno. No es solo porque cuenta con uno de los personajes más interesantes de la televisión actual, y antiheroina autoproclamada, Rebecca Bunch, sino que también es una de las series más ingeniosas de la televisión actual.

Acompañada de una lista impresionantes de musicales y un cast muy fuerte, la segunda temporada de Crazy Ex-Girlfriend continua modificando los estereotipos de la mujer loca y el hombre superficial, mientras desarrolla una de las más grandes historias de amor: el de dos mejores amigas que se pierden en el camino.

 

Y ahí lo tienen, este es el listado de series del 2016 que, en mi opinión, tuvieron motivos suficientes para sobresalir de entre el mar de programas que se estrenan cada año, ¿ya viste alguna? ¿qué te pareció?

 

Un espacio para la desnudez.