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El concepto del amor ha cambiado en las series.

El concepto del amor, y el acto de amar, ha cambiado. Es oficial, la era de las series de románticos empedernidos ha llegado a su fin. Con el (muy debatido) final de  ‘How I Met Your Mother’ del año pasado se cerró el ciclo de los enamorados, que creen en el amor de toda la vida, para dar paso a los inconformes con la vida que casualmente cruzan su camino con el amor.

Series como ‘Catastrophe’ y ‘You’re The Worst’ son el vivo ejemplo de lo que planteo. En ellas, dos personas se conocen, comparten un momento de pasión y, por circunstancias ajenas a ellos, terminan regresando el uno con el otro. La situación no se da por si misma, ellos son forzados a pasar su tiempo con la otra persona, en contra de su voluntad,  enfrentando sus miedos e inseguridades.

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Es cierto que los tiempos cambian y, con ellos, las series. Lo que ahora vemos en la televisión es sólo un reflejo de la forma de actuar de la sociedad en la actualidad. Muchas más personas le tienen miedo al compromiso, a pasar el tiempo con alguien más que no sean ellos mismos, a entregarse a alguien.

Cuando en series, como ‘How I Met Your Mother’ o ‘Mike And Molly’, el amor es la fuerza que  mueve a los protagonistas a ser mejores personas, en ‘You’re The Worst’ es una fuerza mayor a su voluntad, algo que no pueden controlar y que, por supuesto, les asusta. En estas series vemos cómo los protagonistas traducen el amor a un peligro a su comodidad. Sus muros caen por completo y no saben qué hacer con ello.

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Ahora ya no vemos situaciones incómodas entre dos personas destinadas a estar juntas, lo único que tenemos son situaciones incómodas; los discursos aspiracionales fueron reemplazados por miradas perdidas y llenas de inseguridad; los momentos de pasión juntos ahora son tomados por las noches de placer carnal. El discurso alrededor del amor (y las formas de amar) han cambiado.

El amor ya no es la razón de vivir, es parte del camino que debemos tomar en nuestras vidas. Las personas enamoradas ya no son modelos aspiracionales, ahora son compañeros de vida . Las prácticas que rodean al acto de amar ya no son sencillas e irreales, son difíciles de alcanzar . Lo que antes se vivía desde dentro, ahora se ve desde fuera, detrás de un cristal de protección que nos separa de ello.

Este discurso es tan recalcitrante, y permanente, en las historias actuales que ni series como ‘Manhattan Love story’ (malhecha y mal dirigida, por cierto), o  ‘A To Z’, tuvieron cabida dentro de la audiencias estos últimos años. Su conceptualización del amor ya no tuvo cabida en el actuar de la sociedad actual.

La gente ya no quiere ver esto. Ahora los personajes ya no son perfeccionados por el amor, al contrario, ahora son imperfectos, corruptos, reales. La época de fantasía, donde el amor reinaba la vida de las personas, ha terminado. La era de las personas imperfectas, que buscan algo más allá del amor, ha llegado a tomar su lugar. Y eso no está mal.

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Así es el camino que ahora hemos decidido tomar: uno donde todos somos conscientes de que el amor no resolverá nuestras vidas, sino que tendremos que ser nosotros los que tomemos las riendas de las mismas, que nos hagamos responsables de nuestros actos.

La televisión actual habla por los que tenemos que estar a gusto con nosotros mismos antes de aceptar a otra persona en nuestras vidas, que tenemos que confiar en nuestras propias habilidades, y reconocer nuestros defectos, antes de confiar en entregar nuestro corazón a alguien más.

El concepto del amor, y el acto de amar, ha cambiado. Ya no es el fin de nuestras vidas, sino uno de los medios principales para alcanzar todas nuestras metas. El concepto del amor ya no significa amar por amar, sino amar para poder amar.

 

A to Z o cómo darle un giro a las comedias románticas.

Debo de reconocer, de entrada, que me considero un fanático irremediable de las historias de amor y, con la finalización de How I Met Your Mother, quedó un enorme hueco en mi programación semanal. Sin embargo, pasó poco tiempo para que NBC anunciará el estreno de una nueva serie de corte romántico: A to Z. Nada me pudo haber hecho más feliz.

La historia es simple: Andrew y Zelda (get it?) son dos jóvenes emprendedores que cruzan sus caminos desde el primer capítulo. El primero es un enamorado empedernido que cree en el destino y “las medias naranjas”, la segunda -por el contrario- es muy pragmática y seria, para ella todo tiene explicación y sentido de ser. La serie, entonces, nos narra los -aproximadamente- 9 meses de relación de los dos enamorados.

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De cierta forma, la serie nos recuerda un poco al romanticisimo utópico que planteaba How I Met Your Mother (especialmente cuando una ex-alumna de esa serie como Cristin Milioti es protagonista de esta) pero la química entre personajes es una de las cosas por la que la historia funciona bien desde el principio.

En primer instancia, pareciera que la premisa es una historia más de amor que hace uso de los mismos recursos que todas las demás historias a las que ya estamos acostumbrados. Sin embargo, sus creadores le dan un giro inicial y -gracias a la bella voz de Katey Segal como la narradora- nos condicionan el tiempo que la relación va durar, creando ese gancho que a tantas series les hace falta en sus pilotos cuando dan por sentado que una serie romántica -por sí misma- va a funcionar.

No me lo tomen a mal, cualquier película o programa de televisión con premisa romántica va a llamar mi atención desde un inicio. Sin embargo, en un mundo donde los productos audiovisuales genéricos son reproducidos en abundancia es necesario tomar una postura crítica sobre lo que te gustaría ver.

Como audiencias estamos muy acostumbrados a que las historias se nos muestren de la forma más sencilla y sin complicaciones posible, cuando en realidad, lo que hace a un buen producto audiovisual algo interesante es su capacidad de sacarnos de nuestro lugar de comodidad y romper ciertos paradigmas que ya tenemos instalados.

Con esto no quiero decir que A to Z es una serie que llegó a la televisión a revolucionar la forma en que se cuentan historias románticas. Más bien, me parece que están empezando a tomar el camino que muchas otras series, como Orange is The New Black, Transparent, Orphan Black y Six Feet Under, hicieron alguna vez: arriesgarse a contar historias complejas y con giros interesantes que nos hagan cuestionarnos sobre diferentes temas.

Por supuesto que A to Z no goza del nivel de complejidad de muchas de las series que acabo de mencionar pero sí tiene la intención de cambiar un poco las reglas en cuanto a crear televisión se trata, y eso se agradece.  Es muy refrescante.

Espero que la historia de Andrew y Zelda nos lleven a considerar y re-considerar los diferentes ámbitos que conforman una relación de pareja (como bien lo han comenzado a plantear en los primeros dos capítulos) y nos dejen con una historia de amor diferente. Una historia que nos haga disfrutar de una narrativa sencilla pero que nos planteé nuevos paradigmas.