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Incel town: los peligros de no entender el consentimiento en el cine y la televisión

Se trata de una historia tan vieja como la existencia de los seres humanos en la tierra: hombre conoce a mujer, al hombre le llama la atención la mujer y la invita a salir, la mujer se niega, el hombre insiste, la mujer se niega, el hombre insiste, la mujer se niega, el hombre insiste, la mujer se niega, el hombre insiste, la mujer se niega, el hombre vuelve a insistir pero de forma menos invasiva y más tierna, la mujer se niega, el hombre hace algo valiente o considerado como “bueno”frente a la mujer, la mujer acepta con dudas pero, de alguna forma, sorprendida por la determinación del hombre.

La idea de que los hombres no tienen la capacidad de entender o, peor aún, no les interesa el significado del consentimiento, es algo que el cine y la televisión se han encargado de romantizar y  usar como una característica adorable dentro de una historia de amor una y otra vez. Para ellos, esto no es una forma de acoso, sino más bien, parte del proceso de conquista.

Actualmente, es muy común encontrar este concepto dentro de las historias de los ‘meet-cute’, una forma de representación de la cultura pop que se centra en los encuentros adorables entre dos personas que están destinadas a estar juntos, y que a la fecha, siguen siendo muy populares entre las audiencias.

Podría enumerar, literlamente, más de 100 películas o series de televisión que romantizan el acoso— sobre todo masculino—de esta manera, tal como Sixteen Candles (1984) o Revenge Of The Nerds (1984) e incluso las series como Friends (1994-2004) y How I Met Your Mother (2005-2014) con los personajes de Joey y Barney respectivamente. De hecho, es muy común toparse con este tipo de razonamientos en las películas románticas, muchas de las que se enfocan en la cultura nerd o geek, o en prácticamente cualquier filme de Adam Sandler.

En Pixels (2015), por ejemplo, tenemos el personaje de Sam (Adam Sandler), un mecánico de televisiones, que conoce a Violet (Michelle Monaghan), una mujer que se encuentra en medio de un divorcio y que trabaja para el gobierno, y de la cual —evidentemente— se enamora. Él, desde la primera vez que la ve, la invita a salir y ella, naturalmente, se niega. Lo  que sucede después, y durante el resto de la película, es el desarrollo de un sinfín de escenas donde podemos ver como él la invita a salir de manera insistente mientras ella se sigue negando a hacerlo, y no es hasta el final, cuando Sam salva a la tierra de una invasión, que Violet acepta.

Algo parecido sucede en When We First Met (2018) cuando el personaje de Max (King Bach), el mejor amigo casanova del protagonista que tiene un exceso de confianza y una necesidad de cosificar a todo individuo del sexo femenino, conoce a Carrie (Shelley Henning), la invita a salir y, a pesar de su rechazo constante, decide decide ignorar por completo su opinión, para convertir en un deporte el hacerle insinuaciones inapropiadas.

En el cine y la televisión, este tipo de ideas son siempre depositadas en personajes que podrían ser reconocidos como “perdedores”,  y que es por ello que constantemente reciben negativas de todas las mujeres que conocen. De hecho, no es hasta que estos personajes demuestran lo contrario, al cometer un acto de valentía o al romper el estereotipo en el que se encuentran catalogados, cuando los objetos de su afecto— normalmente mujeres— deciden aceptar su invitación.

El concepto detrás de esta historia es simple:  el acoso y la falta de entendimiento del consentimiento solo es aceptable cuando el hombre que lo hace es “fundamentalmente” bueno o, por lo menos, valeroso. Eso es lo que resulta peligroso de seguir usándolo en los productos que consumimos a diario, el  normalizar la anteposición de la satisfacción de los deseos de un hombre sobre el poder de decisión sobre el cuerpo y los deseos de una mujer. Que un “no” en realidad signifique un “sí” y que no estén dispuestos a tomar otra respuesta.

Dichas representaciones lo único que hacen es reforzar la idea sexista de que, mientras los hombres crean que son inherentemente buenas personas y miembros activos de una sociedad, serán merecedores de tener a cualquier mujer, a pesar de que ellas no sean recíprocas o estén interesadas en ellos. Mientras ellos sean insistentes y demuestren su valía, eventualmente podrán tener al amor de su vida— y la vida sexual que esto conlleva— a sus pies.

De hecho, la reproducción de este tipo de ideas es tan común y natural que ya podemos ver estragos catastróficos de ello en la actualidad personificados en varios individuos: los incels (involuntary celibates o célibes involuntarios en español), un grupo de hombres enojados con la vida — pero sobre todo con las mujeres — debido a que no tienen la vida sexual activa que la sociedad, las películas y, sobre todo, sus programas favoritos, les prometieron. Los invito a darse una vuelta a cualquier foro de reddit que sea habitado por ellos, para darse una pequeña idea de los niveles de odio y frustración que esto conlleva.

La reproducción de estas ideas también puede ser visto en series como Final Space (2018), donde un astronauta llamado Gary (al que le presta su voz Olan Rogers) conoce a la mujer que el asegura que es el amor de su vida, Quinn (doblada por Tika Sumpter) y se dedica a lo largo de 10 capítulos a invitarla a salir, a coquetear incesantemente con ella y a hacer con constancia insinuaciones francamente incómodas, a pesar de que ella lo rechaza una y otra vez. Sin embargo, esto cambia  para el final de temporada, cuando él actúa valientemente y demuestra su valía ante una Quinn enamorada.

Esto tambié sucede en Passengers (2016) donde el astronauta Jim Preston (Chris Pratt) no solo toma la decisión de condenar la vida de Aurora (Jennifer Lawrence) al despertarla antes de llegar a su destino, sino que logra convencerla de que lo que hizo no fue de ninguna manera egoísta o insensible, sino heroíco y romántico, al demostrar su valía al arriesgar su vida para arreglar la nave espacial y asegurándose de que puedan vivir su historia de amor tranquilamente.

Al ver la cantidad de productos audiovisuales que mantiene esta idea todavía en la actualidad, podemos entender que los escritores y directores de cine y televisión no tienen una idea clara de lo que es el consenitimiento y, si la tienen, no les interesa en lo más mínimo respetar lo que ello significa y los resultados catastróficos que significa no hacerlo. Para ellos vale más una “historia de amor” con tintes de acoso, que las repercusiones peligrosas  que de esto puede devenir.

Si viviéramos en un mundo utópico donde más mujeres compartieran sus experiencias con el consentimiento al habitar los espacios de escritura, producción y dirección de las películas y series, esto no sucedería.

Sin embargo, la realidad dista mucho de ello, por eso, es de suma relevancia comenzar por entender lo que significa el consentimiento y la importancia que existe en siempre tomar en cuenta, antes de cualquier cosa, el poder de decisión que tiene una persona sobre su cuerpo y sus deseos sexuales e individuales, que los propios.

 

 

 

 

 

 

 

Me estás matando, Susana, Mike And Dave Need Wedding Dates y el doble estándar en el cine

Hoy en día, no es algo del otro mundo saber que a las mujeres y hombres se les juzga continuamente con un doble estándar. Donde a un hombre que se acuesta con muchas personas lo llaman “casanova” a una mujer que hace lo mismo le dicen “zorra”, donde a un hombre que es duro y estricto en el trabajo le llaman “asertivo”, a una mujer con la misma actitud le dicen “perra”.

Como sociedad, no somos capaces de discernir entre lo que está sucediendo frente a nuestros ojos, de los símbolos e imaginarios que tenemos impregnados en la mente. Esto  nos lleva a juzgar sin pensar y a dejarnos manipular por las estructuras paradigmáticas de las personas que nos rodean. Lo mismo sucede en el cine y en la televisión.

No solo reproducimos y creamos representaciones con fuerte carga simbólica y cultural con los personajes que interpretan nuestras historias favoritas, sino que también utilizamos un amplio abanico de herramientas narrativas para juzgarlos.

El doble estándar no diferencia ni edad, ni cultura, ni país y está presente en nuestras series y películas favoritas. En esta entrada hablaré de dos filmes recientes -de dos países diferentes-  que lo trabajaron dentro de sus narrativas de formas similares: Me estás matando, Susana Mike And Dave Need Wedding Dates.

Ambas historias comparten aspectos narrativos esenciales para sus historias: la primera película gira alrededor de la pareja formada por Eligio (Gael García Bernal) y Susana (Verónica Echegui), un par de individuos enamorados con suficientes problemas propios como para sabotear su relación numerosas veces. La segunda trata de las parejas formadas por Dave (Zac Efron) y Alice (Anna Kendrick) y Dave (Adam DeVine) y Tatiana (Aubrey Plaza), un grupo de personas completamente desubicadas de la realidad y de los individuos que los rodean que terminan siendo parejas en la boda de la hermana menor de ellos.

La presentación de parejas en cine o televisión es una herramienta infalible para comparar personajes y equiparar experiencias, estas películas no son la excepción. De hecho, el contraste entre personajes no solo es la fuerza narrativa que dirige a ambos filmes y donde el doble estándar se hace presente numerosas veces, sino que también es la característica intrínseca con la que ambas historias son capitalizadas.

La idea de encontrar similitudes en las diferencias entre personajes no es nuevo, de hecho es una técnica que, aprovechada correctamente, propicia un estudio interesante de los personajes. Sin embargo, utilizada equivocadamente, como sucede en estos filmes, se convierte en una inmensa lista de motes sexistas y comparaciones sin sustento.

En Me estás matando, Susana Eligio es un mujeriego empedernido que no piensa en otra persona más que en si mismo, mientras que Susana es una mujer que le tiene miedo al compromiso y que, en consecuencia, la motiva a huir y comenzar una relación con otro hombre. Bajo esa noción, la película le coloca a ambos personajes la etiqueta de “engañadores” pero los juzga de forma diferente. Mientras a Eligio no se le recrimina por ninguno de sus actos, a Susana le llueven quejas, reclamos y motes por hacer exactamente lo mismo.

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Aunque ambos filmes, en una primera instancia, colocan en el mismo nivel a sus protagonistas, la narrativa se encarga rápidamente de separarlos con detalles y aspectos -como diálogos, imágenes y silencios- que parecen insignificantes pero que son igual de potentes que el discurso mismo. Esto es una respuesta natural a la normalización que le otorgamos al doble estándar y con el que estamos acostumbrados a lidiar día con día.

Mientras que la reputación de mujeriego de Eligio se pone en tela de juicio por medio de supuestos y diálogos simplistas, a Susana se le recrimina una y otra vez por medio de situaciones penosas y quejas constantes. Como si tener relaciones con muchas personas fuera inherente en los hombres e imperdonable en las mujeres.

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En Mike And Dave Need Wedding Dates a Mike y Dave se les llama perdedores y fiesteros, sin embargo nunca se muestran explícitamente las consecuencias de sus actos.  Alice y Tatiana, por otro lado, son  mujeres fiesteras e irresponsables que son presentadas, durante toda la película, como una amenaza imponente capaz de arruinar una boda y que, eventualmente y gracias a una muestra explícita de todos sus actos, termina por suceder.

Mientras Mike y Dave son tachados de irresponsables y obligados únicamente a llevar un par de mujeres  “con valores que se encarguen de enderezarlos y cuidar de ellos” a la boda de su hermana como consecuencia, Alice y Tatiana son las que tienen que responder por sus actos y arreglar todo el desastre que los 4 ocasionan en la boda a la que van.

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Así, Eligio, Mike y Dave representan a todos los hombres que son tachados de mujeriegos  irresponsables que la sociedad nos enseña a normalizar sus actos como típicos del género masculino y que no se les exige que respondan por sus actos.

Susana, Alice y Tatiana, por otro lado, representan a todas las mujeres que necesitan estar a la altura de la etiqueta que se les impone desde del nacimiento de “mujer intocable que es educada con buenos valores” que no tiene -ni debe tener- la capacidad de equivocarse o romperse.

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No está de más recordar el daño que la reproducción de dichos estereotipos ocasiona a la creación de discursos de equidad de género. Por ello, considero que es nuestra responsabilidad como audiencia identificar este doble estándar presente en las películas y series que consumimos y no quedarnos callados sobre ello.