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Bury Your Gays: cuando la comunidad LGBT+ es carne de cañón

Esta entrada cuenta con spoilers relacionados con la muerte de algún personaje de The Walking Dead, Jane The Virgin, The 100 y Orange Is The New Black.

La correcta representación de la comunidad LGBT+ en la televisión y el cine ha sido un tema que ha cobrado relevancia en los últimos años. Ahora, más que nunca, son muchísimas las personas que piden como audiencia, verse reflejados de alguna forma en los personajes que protagonizan los programas de televisión y las películas que ven y consumen a diario.

Por supuesto, este suceso ha hecho que las historias que se centran en dicha comunidad se hayan vuelto cada vez más rentables. Sin embargo, como todo en lo que hay dinero de por medio, esto también ha ocasionado que se comience a capitalizar con estas narrativas, sin pensar en la forma tan perjudicial en que muchas de las experiencias de la comunidad LGBT+ están siendo retratadas.

En un mundo donde el porcentaje de representación de personajes LGBT+ en el cine y la televisión normalmente no pasa del 20%, resulta realmente problemático que existan tantos tropes — como el Queerbating— que, en lugar de hacer algo para modificar este panorama y crear referentes positivos, se encarguen de empeorarlo.

Antes de continuar, me gustaría realizar otro ejercicio de imaginación con ustedes. Traten de pensar en varios personajes LGBT+ del cine o la televisión. No importa cuales, pueden ser lesbianas, gays, bisexuales, pansexuales o transgénero. Ahora respondan una pregunta, ¿Alguno de ellos está muertoo a punto de morir? Estoy seguro de que sí.

Este, precisamente, es uno de los tropes que más fuerza ha cobrado— y por lo tanto un enorme número de reacciones encontradas—en los últimos tiempos, el llamado «Bury Your Gays» (que se traduce como «Entierra a tus gays»).

Hoy en día, matar a algun personaje con el que la audiencia se ha encariñado, es la mejor forma de crear drama y tensión para atraer la atención de la gente que te está viendo. Por ello, es muy común que los creadores de los productos audiovisuales que consumimos decidan deshacerse de un personaje.

Lo que también es cierto , es que los personajes LGBT+ siempre son la primera opción para ser asesinados. Son muy pocas las series y películas donde dichos individuos sobreviven al final, y los que sí lo hacen, normalmente viven una vida infeliz.

Resulta muy conflictivo que, considerando que en un filme o show, más del 80% de la totalidad de personajes son heterosexuales, las personas detrás de dichos proyectos prefieran deshacerse antes de un personaje LGBT+ que siquiera considerar a los que forman parte del resto.

Por supuesto que se debe reconocer que muchos de los creadores realicen un esfuerzo por incluir personajes LGBT+ en sus historias, sí. El problema es que dichos individuos sean los primeros en desaparecer de una serie y, peor aún, que sus muertes sean ultilizadas como medios para inyectar más drama en la historia.

Esto no solo provoca que la poca representación LGBT+ que tiene un show o película disminuya, sino que también ayuda a reforzar la idea de que la gente que forma parte de dicha comunidad es mucho más deshechable que la heterosexual.

De hecho, es más común que el único personaje gay de una historia muera de VIH, por un crimen de odio o por uno de pasión —cometido, por supuesto, por su pareja— antes de que se asesine a uno heterosexual.

Este trope comenzó a aparecer en el cine y la televisión con la llegada del VIH, donde por muchos años la única historia LGBT+ que valía la pena contar, era la del sufrimiento que esta terrible enfermedad causaba a sus portadores y a sus respectivas parejas, como es el caso de Philadelphia con Tom Hanks y Antonio Banderas.

Con el paso del tiempo, se comenzaron a contar otro tipo de historias. Sin embargo, todas terminaban en lo mismo: en tristeza y soledad. Inconsciente, o conscientemente, los escritores comenzaron a contar historias donde advertían los peligros de ser gay.

Con ello, estos programas y películas se encargaban de decirnos que los personajes LGBT+ no merecen un final feliz, incluso —y sobre todo— cuando se encuentran en una relación homosexual. Es mucho peor cuando la razón de la muerte de estos personajes tiene que ver con su sexualidad o identidad de género.

Este trope, como cualquier otro, también es atravesado por las políticas de género que nuestra sociedad vive día con día. Por ello, no es de sorprender que Bury Your Gays perdone menos a las mujeres que a los hombres.

Es tal número de lesbianas y mujeres bisexuales que han sido asesinadas a través de los años en la televisión, que ya existe una página que lleva un conteo de todos ellos. Al comenzar en el 2016 enlistaron 65 personajes, a la fecha (noviembre del 2018) ya van 202 en total.

Esto podemos verlo reflejado perfectamente en las muertes de diversos personajes de shows populares de televisión, como es el caso de Rose  (Bridget Regan) en Jane The Virgin, Denise en The Walking Dead,  Lexa (Alycia Debnam-Carey) en The 100, Tara (Amber Benson) en Buffy The Vampire Slayer o Poussey (Samira Wiley) en Orange Is The New Black.

El cine tampoco se salva, ya que hace poco pudimos ver cómo Delphine (Sofia Boutella), el único personaje LGBT+ presente en Atomic Blonde, fue brutalmente asesinada, o con Jennifer (Megan Fox), la única personaje no heterosexual de Jennifer’s Body.

Por ello, es necesario dejar de conformarnos con la simple presencia de un personaje LGBT+ en un programa o película, ya que es muy porbable que termine muerto o asesinado antes de cualquiera de sus contrapartes heterosexuales.

En nosotros está comenzar a exigir una representación correcta de la comunidad LGBT+ que vaya más allá de funcionar como carne de cañón para los creadores de series y filmes.

 

‘The 33’: 33 voces invisibilizadas.

No puedo comenzar a enumerar la lista de razones por las que la película ‘The 33’ me pareció, no sólo mala, un total insulto para los 33 mineros chilenos que tuvieron que pasar por aquella tragedia el 5 de agosto del 2010 en el derrumbe de la mina de San José.

El filme, teóricamente, narra lo sucedido desde el punto de vista de Mario Sepúlveda -interpretado por Antonio Banderas- y de (algunas de las) familias de los mineros. A primera vista, la idea suena atrayente: una tragedia filmada exhaustivamente e interpretada por actores reconocidos. Sin embargo, el trasfondo de todo este discurso se mantiene con fuertes implicaciones.

Pareciera que – y tomando en cuenta el nombre de la película- los involucrados  quisieran hacer honor a los 33 mineros atrapados por meses bajo tierra. Sin embargo, y gracias a diferentes alegorías discursivas, los protagonistas son borrados sistemáticamente -y constantemente- de la estructura narrativa de la película, para dar paso al lucro descarado con la tragedia.

Lo primero que llamó mi atención -desde el momento que vi el trailer- es la cantidad de celebridades, y nombres reconocidos, del mundo del cine interpretando a estos valientes hombres y mujeres. Algo que, también, significa el primer problema del filme: la falta de actores chilenos. Uno creería que por ser una película que basa sus esfuerzos en un grupo de chilenos, al menos uno de sus protagonistas tendría raíces propias del país. Algo que definitivamente los involucrados no parecieron tomar en cuenta.

De entrada contamos con el papel protagónico de Antonio Banderas (un actor español), y seguimos con el resto del reparto: Rodrigo Santoro (actor brasileño), Kate del Castillo (actriz mexicana), Adriana Barraza (actriz mexicana) e incluso la participación de Juliette Binoche (actriz francesa), todos hablando en inglés con un (intento de) acento chileno. Algo que sólo provoca una tremenda invisibilidad a los mineros y sus familias, despojándolos de sus nacionalidades y centrando el discurso en la tragedia y no en sus participantes.

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Lo que me lleva a mi segundo problema: el idioma. Entiendo que, al ser una producción hollywoodense, es «necesario» que el filme sea hablado en inglés. Pero de eso a que se seleccione (una mayoría de) actores, con un sinnúmero de nacionalidades, fingiendo un acento chileno parchado, con un mal inglés, me parece que es un insulto. Incluso el actor que interpreta al presidente chileno -que resulta ser un actor estadounidense- cambia de acentos a diestra y siniestra entre toma y toma.  Ya ni porque Don Francisco (SPOILERS ¡Tiene un pequeño cameo!) opta por hablar en español se molestan en darle un poco de coherencia narrativa.

 

Sin embargo -y si aún así se obviaran estos grandes problemas- la película no se ayuda así misma. Por ello, el tercer problema con el que me topé (y el que me parece más grave de todos) es el hecho de que la narrativa sólo se centra en 5 historias básicas, y dos más que se mueven de forma satelital. Así, de los 33 mineros, sólo conocemos el nombre de 10 ellos y la historias de, al menos, la mitad de ellos.

De esa forma, el discurso se olvida sistemáticamente de los protagonistas, y  de su historia, y los convierte en sombras -personas sin nombre- que se mueven a tumbos al fondo, mientras Antonio Banderas sufre frente a la cámara. No es hasta los créditos cuando la directora decide nombrar a los involucrados con una especie de «reunión» de los verdaderos protagonistas de dicha tragedia en la playa. Así de fácil se invisibiliza a un grupo de personas: despojándolos de su nación, su idioma y hasta de su propio nombre.

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Con ‘The 33’ se  legitima la (trastornada) idea de que una tragedia habla más por un grupo de personas que ellos mismos. Que un conjunto de acciones es más capaz de definir a 33 sombras, que tuvieron que vivir más de 3 meses bajo tierra, que las propias voces de estos individuos. Que un discurso puede reducir 33 voces a un grupo de personas sin nombres, sin motivaciones, sin miedos.

Así que no, una película no debería de enfocarse nada más en la tragedia y dejar de lado a los involucrados. Una película debe otorgar voz a los invisibles, visibilidad a los subalternos, legitimidad a las voces.Una película como ‘The 33’ debió de haber hecho lo que el gobierno de Chile no ha logrado en 5 años: regresarle la voz a sus mineros.