Archivo de la etiqueta: Club de Cuervos

Club de Cuervos tiene un problema con sus mujeres

Club de Cuervos es una de las series mexicanas más exitosas del momento y no es para menos, ya que no solo cuenta con uno de los equipos de actores más renombrados a la fecha, sino que también tiene la capacidad de contar historias entrañables a través de sus episodios. Es innecesario recalcar que me considero un fan asiduo del programa.

Cada que Netflix lanza una temporada nueva soy de los primeros en celebrarlo y de los más emocionados por continuar las aventuras y nuevas historias de los hermanos iglesias. Sin embargo, desde el lanzamiento de la primera temporada, ha habido algo que no me ha permite disfrutar plenamente de la misma, el tratamiento  y representación que le dan a sus mujeres.

En el mundo de Club de Cuervos las mujeres actúan y responden  ante ciertas situaciones solo al ser motivadas por las acciones de un hombre; comenzando por Isabel Iglesias, protagonista interpretada por la magnífica Mariana Treviño.

Desde el primer momento que conocemos a Isabel podemos entender que se trata de una mujer ambiciosa, preparada y talentosa, que comparte la pasión por el futbol con su papá y que  tiene una visión muy específica sobre el futuro del equipo deportivo que heredó junto con su hermano, interpretado por Luis Gerardo Méndez,: los Cuervos de Nuevo Toledo.

Isabel tiene las habilidades y el conocimiento necesario para dirigir al equipo y, sin embargo, se encuentra en medio de una encrucijada con  su hermano Salvador que no se encuentra interesado en ello, al contrario, que solo busca ser dueño para vivir una vida de excesos y reconocimiento. Esta es la razón que nos dan a entender por la que comienza a pelear con él y  la fuerza motora con la que dirige sus motivaciones como personaje: su ambición y talento innato por dirigir un  equipo.

Sin embargo, después del segundo capítulo, y a lo largo del resto de las temporadas, esta motivación es completamente olvidada e instantáneamente reemplazada, y reducida, por otra: un berrinche motivado por la necesidad de ser mejor que su hermano. Con esto, la Isabel ideal para ser dueña que conocemos en un inicio, desaparece para dar paso a Chabela, la hermana enojada con su papá y su hermano y que solo busca vengarse de ellos; la Chabela irracional que no piensa y que solo actúa y responde con sentimentalismo.

Y es aquí donde las cosas se comienzan a tornar problemáticas, pudiendo haber creado un personaje femenino fuerte y racional capaz de obtener y mantener un puesto directivo gracias a su conocimiento y talento, los escritores prefirieron caer en el trope tan gastado y cansado de siempre, el de la mujer irracional y sensible que no es capaz de tomar decisiones conscientes debido a sus hormonas y su perspectiva sentimental que es aparentemente inherente a la representación de todas las mujeres. Mujer que cada paso que da, es motivado por la acción de un hombre y no por su propia convicción.

De ahí en adelante nos encontraremos con que Isabel no es la única mujer en este show sometida a esta narrativa. Lo mismo sucede con su mamá, Gloria Iglesias, interpretada por Verónica Terán, cuyas acciones giran siempre en torno de su ex-esposo y lo que significaba para ella, y la madre de Salvador, Vanessa Iglesias, interpretada por Claudia Vega, cuya presencia es relevante solo cuando Chava necesita ser respaldado por alguien.  Son personajes satelitales que necesitan de una presencia masculina para justificar su existencia, ya que ellas por si mismas no cuentan ni con motivaciones ni ambiciones más allá de lo que sienten por su ex-esposo e hijo, respectivamente. Si elimináramos la presencia de Salvador Iglesias Sr. y a su hijo de la historia, estos personajes femeninos no tendrían sentido ni relevancia.

En el mundo de Club de Cuervos las mujeres son personajes emocionales, sin motivaciones ni sentido, que giran en torno a su contraparte masculina; los hombres, por otro lado, son individuos que piensan por si mismos y que sus ambiciones van más allá que las mujeres a su lado.

Ellas son un ejemplo más de la larga lista de personajes femeninos mal representados en la pantalla, que sufren de una falta de agencia propia. Este problema está totalmente ligado a la falta de interés por parte de los creadores y creativos de la industria por entender y construir mujeres reales en lugar de caricaturas extraídas directamente de sus fantasías.

Mary Luz Solari, interpretada por Stephanie Cayo, sufre del mismo problema. No solo es retratada como una mujer emocional que  toma todas sus decisiones desde un lugar emocional como lo es el enamoramiento que sentía por su ex-esposo, Salvador Iglesias Sr., sino que también es representada como una mujer a la que solo le interesa el dinero y la fama. Mary Luz, al igual que Vanessa, es un personaje que existe solo para validar la hombría y relevancia de  Salvador y Chava Iglesias en la historia.

El tratamiento de estas cuatro mujeres no está tan mal manejado si lo comparamos con el personaje de  Isabel Cantú, interpretado por Melissa Barrera. Isabel es la heredera de una fortuna millonaria que funge como interés amoroso de Chava en la tercera temporada y, como el resto de los personajes femeninos, es una mujer impulsiva, emocional y berrinchuda.

Sin embargo, el problema no radica en la repetición constante de esa pobre representación femenina que los escritores de este show parecen querer tanto, sino en la razón por la que ella actúa de esa forma: Isabel tiene una enfermedad mental.

Me encantaría poder decirles que Club de Cuervos aprovecha la oportunidad para argumentar algo en referencia a las enfermedades mentales o que, incluso, hacen el intento de tratar el tema de manera responsable y respetable, pero no es así. Al contrario, el show se encarga de representar a las enfermedades mentales, y las personas que las sufren, como individuos vengativos, impulsivos y sin contacto con la realidad.

De entrada, los escritores nunca nos dicen cuál es la enfermedad que tiene Isabel, solo sabemos que, después de que su primer novio rompiera con ella, tuvo que ser internada en un hospital psiquiátrico.  El show espera que esa información nos sea suficiente para entender al personaje y sus motivaciones, cuando, en realidad, lo único que provoca es que nos quedemos con una imagen de una mujer perturbada que reacciona de manera irracional.

Pero la historia no termina ahí, a la mitad de la temporada, Isabel deja de tomar sus medicamentos y comienza a actuar de manera más errática y emocional. Para el final de la misma, su personaje tiene otra crisis nerviosa después de que Chava rompe con ella y termina en el psiquiátrico de nuevo, no sin antes hacer un berrinche y tomar una serie de decisiones impulsivas.

Esta representación no solo es injusta con las mujeres, sino con las personas que sufren de una enfermedad mental. Los escritores no solo caricaturizan a las personas enfermas, sino que utilizan su enfermedad como un pretexto para justificar a las mujeres emocionales y transforman a un personaje, que pudo haber tratado de visibilizar un tema tan importante como ese, en una villana superficial.

Lo que me lleva a preguntarme una serie de ideas ¿Por qué se sigue representando a las mujeres como personas sentimentales y emocionales solamente? ¿Por qué los personajes femeninos tienen que tener su historia o arco atado al de un hombre? ¿Por qué siguen sin tener agencia propia? ¿Hasta cuándo comenzaremos a tratarlas como personas y no como caricaturas de si mismas?

Club de Cuervos puede ser una serie interesante y divertida, sin embargo, su poco entendimiento de lo que significa ser mujer y, sobre todo, lo que es la experiencia femenina, provoca que sus personajes femeninos pierdan instantáneamente el suelo y pasen de ser personas reales con agencia a personajes caricaturizados con motivaciones vacías y decisiones impulsivas.

Club de Cuervos: Volando cerca del sol.

Si han seguido mi blog, se habrán dado cuenta que tengo un soft spot por las series producidas por Netflix. iIn duda alguna, la forma en que sus historias son hechas (a manera de una gran película) me parece de lo más innovador. Además creo deliberadamente que la casa productora ha hecho un buen trabajo al momento de seleccionar las historias que quiere contar.

Por ello, no es de sorprenderse que cuando me enteré que produciría una serie latina -situada en México y protagonizada por Luis Gerardo Méndez- me emocioné de tan sólo pensar en los increíbles alcances que podría tener. Así fue cómo nació ‘Club de Cuervos’.

La historia de ‘Club de Cuervos’ gira alrededor de dos hermanos: Chava Iglesias Jr. e Isabel Iglesias, hijos de el presidente de un equipo de futbol llamado ‘Los Cuervos de Nuevo Toledo’. Así, cuando el patriarca de la familia muere inesperadamente, ambos se someten a una intensa pelea por tener el tan preciado lugar que su padre dejó: la presidencia del Club de Cuervos.

De entrada, la serie por si misma se lleva las palmas. Cada capítulo está elaborado cuidadosamente para acompañarnos en un “detrás de cámaras” (por así decirlo) de lo que ocurre dentro de los clubes de futbol. Sobra decir que los excesos están representados a la orden del día.

Sin embargo, lo más atractivo es la presencia de sus actores: Luis Gerardo Méndez hace un papel inolvidable como el típico “hijo de papi”, Mariana Treviño adopta el papel de contraparte a la perfección y Daniel Giménez Cacho brilla como un vicepresidente atrapado en una disputa familiar.

Club-de-cuervos

La primera parte de la temporada se ilustra con un carnaval de excesos, decisiones arriesgadas y partidos de fútbol ganados. Así se ponen las cartas sobre la mesa y entendemos -como audiencia- las bases de la problemática.

Sin embargo, para la segunda parte, me topé con una enorme disparidad narrativa que hizo que yo  perdiera todo el enfoque en la historia: la representación del género femenino, sobretodo en el papel de Isabel Iglesias.

Al principio de la serie, la disputa de los hermanos es delimitada a la perfección: Chava quiere ser el presidente porque es el siguiente paso lógico en su vida como mirrey malcriado, mientras que Isabel defiende su postura al argumentar que ha dedicado su vida completa a trabajar para su papá y al equipo. Dos razones que, dentro del universo de ‘Club de Cuervos’, son totalmente plausibles.

La serie, en un comienzo, aborda la problemática de ser mujer y vivir en un universo donde el fútbol es imperativo, haciéndonos entender que esa será una de las temáticas rectoras de la serie. Sin embargo, en la segunda mitad de la temporada, ese leit motiv se pierde y las motivaciones de Isabel pasan de ser en pos del beneficio del club a transofrmarse en un mero berrinche.

El problema surge cuando los escritores deciden quitarle las razones sensatas a Isabel para ser presidenta del equipo y le otorgan argumentos infantiles y sin sentido. Así, la historia de fondo -que se trataba de abordar al inicio- de una mujer fuerte e inteligente peleando contra el sistema masculino, rector en el fútbol, se modifica radicalmente para convertirse en una rabieta. No, en un berrinche más de ella.

2015-08-10-1439220452-4797873-ClubdeCuervos-thumb

De esa forma, la disparidad comienza a permear en todos los aspectos de la serie, llegando a un punto donde los escritores no saben si defender el argumento, que tratan de mantener en un inicio, sobre si el papel de una mujer dentro de un club deportivo de futbol sea necesaria o si las mujeres no pueden participar en deportes como estos “por sus constantes cambios hormonales”.

Algo que la misma Mariana Treviño parece no disfrutar. Al comienzo de la temporada la vemos como una mujer segura de si misma, llena de conocimientos y ganas de sacar adelante al equipo. Para la segunda parte, cuando los escritores comienzan a hacer de las suyas, la actriz aparece menos tiempo en cámara y en cada una de sus escenas se ve la incomodidad que la aborda.

De la misma forma, y en un grado menor, los pocos personajes homosexuales y transgénero que hacen pequeñas apariciones en la serie sólo sirven como burla y ejemplo de lo que, al parecer, los escritores consideran que no se debe de hacer dentro de un equipo de futbol: “ser diferente”.

De esta forma, considero que la propuesta de ‘Club de Cuervos’ es muy buena. La historia es atrapante y (la mayoría de) sus personajes están bien construidos. Sin embargo, creo que -para la segunda temporada- los escritores deben decidir la postura que tomarán en cuanto al personaje de Isabel: Si debe quedarse con la presidencia del equipo porque tiene los conocimientos necesarios o porque es un berrinche más de una mujer “que se deja llevar por las hormonas” como nos quieren hacer pensar.

Nota aparte: ¡Gracias por existir, Netflix!