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Big Little Lies, 13 Reasons Why y Sweet/Vicious: La voz de las víctimas de la violencia de género

La violencia de género es y sigue siendo un problema que nos sigue afectando a todos y a todas. Tan solo con ver que en 2016 se registraron 29,725 averiguaciones y carpetas de investigación por delitos sexuales en México, esto significa que, en promedio, en ese año, cada 24 horas se denunciaron 81 nuevos casos de violencia sexual, es decir, entre 3 y 4 violaciones o abusos sexuales por hora. Actualmente, siete mujeres son asesinadas al día en México y hace poco, a una chica que murió en un accidente vial se le tachaba de puta por subirse a un carro de un hombre desconocido sin que su esposo la estuviera acompañando.

Como sociedad estamos muy acostumbrados a enterarnos de hechos como estos —o incluso presenciar actos de abuso sexual— sin inmutarnos, ni hacer nada al respecto. Es por eso que es de vital importancia hablar sobre ello, mantenernos informados y no quitar el dedo del renglón. Hay una línea muy delgada que separa a la normalización de la violencia de género de la visibilización de la misma y todos los días, como sociedad, estamos dispuestos a cruzarla.

Como lo he comentado anteriormente, la representación es importante y si hay algo que (la mayoría de) los programas de televisión han logrado hacer estos últimos años es, precisamente, contar historias y narrativas que visibilicen no sólo a problemas como estos, sino la razón detrás de ellos. A final de cuentas, es siempre el contexto el que nos delimita y posiciona frente a lo que buscamos entender.

Shows como Big Little Lies , 13 Reasons Why Sweet/Vicious son producto y resultado directo de la cultura de la violencia de género que es tan próspera en nuestra sociedad actual. En ellas, se representan a las relaciones de poder unilaterales como aquella causa inherente de la violencia de género gracias a una variedad de historias protagonizadas por mujeres que son violentadas, sometidas a situaciones de abuso y llevadas al límite.

Las relaciones de poder, y la enorme influencia que puede tener una persona sobre la voluntad de otra, es la idea central que rige las historias y los arcos principales de las mismas. Gracias a la representación tan detallada del proceso complicado que dos personas atraviesan para formar una relación de poder, y el intercambio simbólico que esto conlleva, se logra la visibilización de un problema normalizado.

Lo que en cualquier otro tipo de serie pudo haber sido aprovechado como un momento perfecto para hacer uso del shock value, en estos programas de televisión es tratado a fondo, representando con suma claridad una variedad de temáticas que muy pocas series se han atrevido a tocar, como las consecuencias del abuso sexual, las razones detrás del acoso, los alcances de la sociedad misógina y las repercusiones de la normalización de la violencia de género.

En Big Little Lies, Celeste Wright (Nicole Kidman) vive una relación de abuso con su esposo Perry (Alexander Skarsgard), donde la pasión que sienten el uno por el otro los mantiene unidos pero, al mismo tiempo, es siempre el origen de un maltrato físico y emocional que él le ocasiona a ella. La serie no toma reparo en mostrar, a lo largo de sus ocho capítulos, los actos violentos por los que ella tiene que pasar. Con cada grito y cada golpe, Celeste se asegura así misma que Perry no le inflige dolor a propósito, que es algo que él no puede controlar y que ella está ahí para apoyarlo. Ella sabe que vive en una relación de abuso y que, por el bien de sus hijos, debería alejarse de su esposo, sin embargo, no puede olvidar todo lo que su esposo significa para ella.

En el mismo programa aparece Jane Chapman (Shailene Woodley), una chica que decide mudarse de ciudad para comenzar de nuevo y, de paso, buscar al hombre desconocido que la violó unos años atrás y que también es padre de su hijo. A lo largo de los 8 capítulos podemos ver, a través de sus ojos, lo que es vivir después de haber sobrevivido a un acto de violencia de género. Jane tiene pesadillas y se encuentra en un estado de pánico constante a consecuencia de ello. La vida de Jane ya no es de ella después de aquel acto violento.

Lo que estos shows nos ayudan a entender es que los casos de abuso sexual no son situaciones ni momentos aislados que suceden de la nada; ni mucho menos son causados por la víctima. Al contrario, se trata más bien de la culminación de una cadena de sucesos agresivos, infligidos por una persona o grupos de personas, que son normalizados con naturaleza por una sociedad donde la violencia de género es parte del día a día.

Hannah Baker (Katherine Langford) es una adolescente que tiene que soportar las acciones escabrosas detrás de la cultura misógina en la que vive en 13 Reasons Why. Este programa de Netflix aprovecha los beneficios del binge-watching, que su plataforma facilita, para representar con lujo de detalle los procesos involucrados en la cultura normalizada de la violencia de género. Desde su perspectiva podemos entender cómo las mujeres son cosificadas desde la adolescencia y, por ello, se convierten instantáneamente en un objetivo fácil para aquellos que deciden que, por el simple hecho de ser mujeres, sus cuerpos le pertenecen a los hombres y tienen el derecho de hacer con ellos lo que quieran. Hannah es violada días después de que le sucede lo mismo a su mejor amiga Jessica, por su compañero de clases con el pretexto de que ellas nunca se negaron.

Jules Thomas (Eliza Bennett), al igual que Celeste, Hannah, Jessica y Jane, es una sobreviviente de un abuso sexual perpetrado por el novio de su mejor amiga mientras ella estaba inconsciente en Sweet/Vicious. El giro de esta serie radica en el posicionamiento de Jules como una vigilante que busca venganza al golpear a hombres acusados de violencia sexual. El show no solo se encarga de darle voz a una víctima, sino que también le da agencia y autonomía al proporcionarle los medios para pelear en contra de la misma sociedad que permitió a su agresor aprovecharse de ella.

La existencia de estas series importa mucho. Estos son programas que colocan a las víctimas de abuso sexual como personas con voz, agencia y autonomía, son shows que no se detienen a la hora de confrontar al espectador con escenas de agresión sexual y que no solo ayudan a entender los alcances que tiene la violencia de género en nuestro día a día, sino que también nos permiten identificarlos en nosotros mismos y en los demás.