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Queerbating en la época de la representación de minorías

Era el 2007 y el libro de  Harry Potter and The Deathly Hallows acababa de salir, cuando J.K Rowling —la autora del mismo— anunciaba que no solo Albus Dumbledore—uno de los hechiceros más poderosos del mundo— era gay, sino que en su juventud había estado enamorado de uno de sus mejores amigos, Grindelwald, un hechicero fascista con tintes Hitlerianos que aseguraba que la gente de la comunidad mágica era superior a los que no tenían magia.

Esta información fue muy bien recibida por fans y por críticos por igual, ya que la autora por fin estaba reconociendo que en su mundo mágico, al igual que en el nuestro, abundaba la diversidad de personas y de orientaciones sexuales.

El tiempo pasó y la gente comenzó a preguntarse las razones detrás de la decisión de Rowling de realizar este anuncio después del lanzamiento del libro y a qué se debía que la orientación sexual de dicho personaje no había sido incluida de ninguna forma en la historia.

11 años después llegó el 2018 y, con él, la promesa de que en la película de Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald, aparecería un joven Albus Dumbledore — representado por Jude Law— con la inteción de darle más profundidad a la historia de Grindelwald.

En un inicio hubo mucho descontento porque el director David Yates realizó unos comentarios muy desatinados en una entrevista donde dijo que Dumbledore no sería ‘explícitamente gay’ en el filme. Dspués aseguró que eso no significaba que no lo fuera, que la relación entre los dos sería retratada con escenas ‘muy sensuales’ y que no había nada de qué preocuparse.

Los fans estaban muy alegres porque con esta película tendrían lo que Rowling había anunciado desde el 2007: el desarrollo de la relación entre Grindelwald y Dumbledore. ¡Por fin la homosexualidad de Albus sería representada de manera oficial en el mundo de Harry Potter! ¡Rowling había hecho caso a lo que muchos le habían pedido! Excepto que nada de eso pasó.

Me encantaría decirles que la autora y el director cumplieron lo que habían prometido. Sería un verdadero placer poder compartirles que la historia de Albus Dumbledore está mucho más completa porque ahora conocemos esa otra parte de él que Rowling tanto había hablado. Es más, me haría tremendamente feliz poder argumentar que la presencia de Albus en Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald es crucial para darle más profundidad a la historia de Grindelwald, pero nada de eso es cierto.

Lo que es cierto, es que la orientación sexual del ex-director de Hogwarts es reducida en la película a un solo diálogo, donde Dumbledore argumenta que él y Grindelwald eran “más que hermanos” en su juventud.

Esto, mis queridos lectores, es el mejor ejemplo de lo que es conocido en el mundo del espectáculo —y sobre todo por los fandoms— como ‘Queerbating’ (que en español podría ser traducido a algo parecido a ‘señuelo para gays’).

El Queerbating es una práctica muy común entre los escritores y directores de películas y series de televisión. Se trata de la acción que realiza una persona, o un producto del medio del espectáculo, al usar un subtexto muy Queer para llamar la atención de las personas de la comunidad LGBT+, con el único motivo de hacer que vean su película o show, pero sin la intención de ser incluyentes o de verdaderamente cumplir con la promesa de representación que inicialmente hicieron.

Esta acción puede encontrarse en dos momentos de una serie o película: a) cuando se asegura que un personaje es de cierta orientación sexual (no heterosexual) y nunca se muestra o se incluye de manera significativa en la historia,  o b) cuando se se incluye cierta tensión sexual/coqueteo entre dos personajes que fueron presentados como heterosexuales anteriormente y que no se vuelven pareja.

El problema detrás de ello, es que esta acción intenta presentarse como algo que navega con bandera de representación LGBT+ en cine y televisión —y el reconocimiento que esto conlleva— cuando, en realidad, esto no es más que una mera estrategia mercadológica que busca “complacer” a la comunidad gay con pequeñas pistas y guiños que no llevan a nada, sin alienar al público heterosexual.

El Queerbating es una forma muy tramposa de motivar a un grupo particular de personas para ver o volverse fan de algo, mientras se aprovecha de su necesidad de verse representados en los productos audiovisuales que consumen.

La mejor forma de comprobar que la homosexualidad de Albus Dumbledore es un acto de Queerbating en Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald es entendiendo la manera en que la información alrededor de la sexualidad de este personaje es manejada en la película.

En ningún momento, a lo largo de las dos horas de duración del filme, se menciona de algún modo que Albus Dumbledore es gay y tampoco hay alguna acción explícita que lo demuestre. Lo único que realmente hace es presentarnos una frase escueta que se presta para perderse entre el subtexto y la intepretación de cualquier persona.

Un cinéfilo promedio —es decir, aquel que no es fan de Harry Potter y no sigue las noticias alrededor de sus películas—que va a ver Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald como cualquier película en cartelera, no podrá entender que Dumbledore es gay debido a que la película no presenta la información necesaria para saberlo .

Para ello, dicha persona necesitaría haber tenido acceso previo al Twitter de J.K. Rowling, o a las entrevistas que ha dado la autora sobre la orientación sexual de dicho personaje, o incluso, necesitaría que alguien más le haya contado sobre ello antes de ver la película.  En esencia, Albus es gay para la gente que quiere que lo sea y heterosexual para los que no. Dumbledore es básicamente el gay de Schrödinger.

En esencia, hacer uso del Queerbating no es más que aprovecharse de la orientación sexual de una comunidad para utilizarla como carne de cañón en su afán de llamar su atención.

El Queerbating tiene sus raíces en una acción mucho más inocente llamada Queer Coding , este es un proceso que data de los años 50 o 60 donde los autores de comics, películas y obras se encargaban de hacer personajes que parecían —o codificaban— como queer pero que nunca se reconocían como tal.

Esta práctica surgió como la forma más lógica de contrarrestar la vigilancia conservadora y católica de la época, que se encontraba muy preocupada por los efectos que los productos audiovisuales estaban teniendo en la gente, sobre todo, en los niños y que comenzó a prohibir cualquier mención o representación de sexualidad de cualquier tipo.

Por ello, muchos autores decidieron comenzar a crear personajes codificados que no fueran explícitamente gay, pero que pudieran resonar con la gente que contara con la suficente información para reconocerlos como tal.

De esta manera surgieron personajes masculinos con características femeninas, como Scar de The Lion King o James de Pokémon y personajes femeninos muy masculinos como Úrsula de The Little Mermaid o Xena de Xena the Warrior Princess.

Con el paso del tiempo, se comenzó a exigir una representación justa de personajes LGBT+ en el cine y la televisión y la respuesta a la que muchas casas productoras acudieron fue al Queerbating, una fusión del Queer Coding y de varias estrategias de mercadotecnia.

El Queerbating actual lo podemos encontrar en la tensión sexual o guiños de coqueteo entre dos personajes en un show o película del mismo sexo que nunca llegan a nada, como Sherlock y Watson en Sherlock o Dean y Castiel en Supernatural. También lo podemos ver en las entrevistas hechas a productores y directores don de afirman que un personaje es homosexual, bisexual o pansexual en una película o serie para jamás hacer mención de ello en la historia.

Disney se ha vuelto experto en ello estos últimos años. Primero al decir que el personaje de LeFou en la versión live action de Beauty and the Beast sería gay y después representar su orientación sexual solo con un baile de 2 segundos con otro hombre. Después, al anunciar semanas antes del estreno de Solo: A Star Wars Story, que Lando sería un personaje pansexual, y a la hora de la hora no representar dicha característica de ninguna manera en la película.

No dudo que vayan a usar la misma técnica para promocionar Frozen 2 confirmar la orientación sexual de Elsa como lesbiana y al final de cuentas darlo a entender con una frase o una canción simple que solo puedan entenderlo los fans que de verdad crean en en ello.

J.K. Rowling tampoco ha sido ajena a ello ya que, mucho antes de eliminar cualquier rastro de la homosexualidad de Dumbledore en Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald, ya estaba llamando la atención de sus fans de la comunidad LGBT+ con los hijos de Draco Malfoy y Harry Potter en la obra Harry Potter and the Cursed Child, donde Scorpius Malfoy y Albus Severus  Potter se encuentran inmersos en una relación de coqueteo y cariño constante que nunca llega a concretarse.

Que el Queerbating exista significa que la comunidad LGBT+ se está comenzando a convertir en una prioridad para las grandes casas productoras. Es por ello, que es necesario comenzar a crear representaciones justas y honestas que sean fieles a ellos, en lugar de técnicas tramposas de mercadotecnia que busquen su atención pero que no sean capaces de reconocer su existencia.

 

 

 

 

The powerful narrative behind Idina Menzel’s acting choices.

What’s the first thing that comes to your mind when you hear the name Idina Menzel (apart from Adele Dazeem)? For me it must be the certainty to embrace oneself. It’s no coincidence that the singer/actress has been carefully selecting through all these years her acting choices to match a certain type of character: the Other.

Menzel has been depicting for long a handful of individuals that can only be described as the Other: a well-thought character which is immerse in a constant state of being different from the common and very shared social identity. her representations, though, are not victims.

If there is one thing that could define Idina’s singular portrayal of Otherness over the past years is her distinctive and constant refusal to be victimized. She has singlehandedly managed to depict a wide variety of colorful characters  that always have refused to lose their unique qualities in order to be accepted. They, instead, try to do something about it.

Just think about Idina’s most iconic characters to date: Elphaba from Wicked  and Elsa from Frozen. They are both strong and powerful women searching for their true self while coping with a society that values passiveness more than authenticity and independence.

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Both Frozen and Wicked revolve around the idea of embracing oneself, of accepting who you are, of not letting anyone to define you, and of taking the Otherness as something that you own and not as something that is not in your control.

Elphaba, on one hand, is a young girl who struggles to cope with the very idea of being a powerful green witch in a place where is not common to have colored people with magic around. Elsa, on the other, is a conflicted woman living with magicals powers whilst trying to do her best as monarch on a kingdom that is not used to have only a queen as their leader.

What’s really daunting about this characters is not just their Otherness, but the way they embrace it as an essential part of who they are. Both Elsa and Elphaba are constrained to fit into a box imposed by the ones around them, but because of their difference, it’s something they don’t want to achieve. They want to be who they are, without any limitations.

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Just as Idina’s life, her characters mostly use music as a way to communicate. Songs in  her movies are often used by her characters as a performative device, where inner thoughts, and identity traits, only become real when they are sung.

If you are familiar with pop culture, you should know that ‘Let it Go‘ and ‘Defying Gravity‘ are ones of the most powerful and empowering songs to date. If you are familiarized with Idina Menzel’s work, you’ll know that they are her go-to melodies when talking about the importance of her career. Within their narratives, these songs function as their hymns to Otherness and their way to embrace it. They are Elphaba and Elsa’s ultimate statement.

Idina’s other famous character, Maureen Johnson, has plenty of ways to express her Otherness in the hit Broadway show, Rent. She is a free person that doesn’t understand life as something that could be either black or white, but something more big in between, an outcast that stands for what she believes and a woman that doesn’t like to be put in a box.

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Unlike Elsa and Elphaba, she doesn’t have to push through a long and hurtful path before embracing her Otherness. She is who she is and she doesn’t care what any other person could think about her or her actions. She is not defined by people nor does she is a victim of their actions. She even has a Tango named after her that really sums up the way people perceive her, making it her ultimate statement.

Even her brief, but stellar, appearance in Disney’s Enchanted as Nancy Tremaine could easily be described as an empowered woman sidelined by her Otherness. Her role within the narrative is to act essentialy as the Other of the Princess Giselle (Amy Adams). She is, after all, the girlfriend of the protagonist’s love interest.

Portrayed by other actress, her arc in the movie could easily fall over the antagonist place. Instead, on Idina’s hands, we got the perfect Otherness arc for a secondary character: she is a succesfull and confident woman looking for love that eventually ends up marrying a charming prince not because the story told her to, but because she decided to.

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There’s something quite exciting and admirable about Idina Menzel’s narrative based on her acting choices: in order to embrace oneself as the Other one must make Otherness visible.

La redención de Once Upon a Time con sus villanos

Para tratarse de una serie donde el único arco narrativo que ha funcionado adecuadamente se desarrolló a lo largo de la primera temporada, Once Upon A Time ha logrado mantenerse al aire -y  sorpresivamente con buenos ratings- por cinco temporadas.

En ellas hemos podido ver a muchos de nuestros personajes favoritos de Disney (y algunos otros partícipes de historias infantiles) tomar vida en un mundo donde la magia y los personajes de fantasía son reales y viven en diferentes reinos ajenos a nosotros.

Así, la historia principal gira alrededor de Snow White, Prince Charming,  su hija -y salvadora de todos los reinos- Emma Swan y la Evil Queen. Sin embargo, también, llegamos a conocer a una serie de héroes y villanos que protagonizan dichas aventuras con nuestros personajes.

Lo más interesante de la serie gira. entonces, alrededor de la “perturbación” (por así decirlo) de la realidad dicotómica  presente en muchas historias infantiles tradicionales de héroes/villanos, la cual  los escritores se encargan de tratar casi en su totalidad temporada tras temporada

En el mundo de Once Upon a Time existen los héroes y los villanos, sí, pero cada uno de los personajes (al menos los protagonistas que no se quedan en un nivel unidimensional) tienen sus propias capas y borrosidades que los conforman y construyen capítulo con capítulo. No todos los villanos son completamente malos, ni los héroes se salvan de tener pensamientos y acciones oscuras.

Por ello, es común que nos encontremos con historias donde los héroes realizan una atrocidad digna de algún villano en pos de un bien común o donde uno de los villanos se percata de lo mucho que ha lastimado a la gente a su alrededor y lo mucho que le gustaría tener un final feliz (otro elemento recurrente de la serie). Algo que la lleva a crear capítulos interersantísimos donde se realiza un estudio de personajes muy profundo.

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Por supuesto que, como toda serie, resulta un tanto complicado poder dedicar suficiente tiempo y esfuerzo para desarrollar a todos los personajes e historias interesantes (sobre todo porque Once Upon a Time se distingue por contar cor una amplia variedad de ellos). Por ello, si hay algo por lo que realmente puede distinguirse es por su tratamiento tan dedicado y meticuloso que le otorga a la redención de sus villanos.

Actualmente es mucho más sencillo mostrar en la televisión a personajes heroicos siendo buenos y haciendo cosas buenas sin necesidad de desarrollarlos demasiado. Lo interesante es cuando tales epítomes del personaje unidimensional reciben una construcción más profunda de sus motivaciones y acciones.

Los villanos en esta serie buscan redención (la mayor parte de las veces) debido al amor, la falta de personas importantes en su vida y la necesidad de ser reconocidos. El poder, la venganza y los celos, por otro lado, son las causas esenciales de su maldad. Experiencias dicotómicas para personajes que no quieren serlo.

Ahí tenemos a la Evil Queen (y su alter ego, Regina) que temporada tras temporada ha ido creciendo y evolucionando de ser una ridiculización del típico villano de Disney a ser un personaje bien formado, con preocupaciones, miedos y agencia. Una mujer que se preocupa más por el bienestar de su hijo que por crear un nuevo plan para destruir a Snow White.

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Sus motivaciones comienzan siendo un tanto caricaturezcas y terminan por crecer en ella, en su poder de decidir sobre su futuro y en la capacidad que tiene de manejar el pasado, como cualquier otro ser humano; ahí es donde radica una de las cualidades de la serie, en la humanización de personajes que fácilmente podrían ser ridiculizados y aprovechados como simples momentos que se pierden en la trama.

Lo mismo sucede con Zelena, la media hermana de Regina y Wicked Witch de Oz,  villana cegada por la envidia, pero  que desesperadamente busca una familia a la cuál pertenecer. Misma que los escritores dedican 3 temporadas para desarrollar su personaje, las razones detrás de su maldad y los motivos por los que evoluciona para ser la mujer que es ahora. Ella, como todos en esta vida, también quiere tener su final feliz.

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La sinceridad con la que los villanos en busca de redención rigen sus acciones es suficiente para acaparar la atención de un capítulo completo, a pesar de las otras historias de trasfondo que se desarrollen en el mismo.

Ingrid, tía de Anna y Elsa (lo sé, lo entenderán cuando vean la serie) muestra una amplia gama de sentimientos a lo largo de su arco en la 4 temporada donde, al igual que el resto de los villanos, busca pertenecer a alguna parte y que, en su viaje, entiende lo valioso que puede ser una redención,  aceptar una equivocación y buscar ser una mejor persona después de ello.

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Las historias no son buenas, ni muy creativas, lo admito, pero cuando se trata de desarrollar personajes con motivaciones escabrosas que buscan redimir sus errores del pasado, la serie sabe alcanzar el punto perfecto entre un buen desarrollo de personaje y avance narrativo.