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Los giros de tuerca y la indiferencia hacia las identidades trans en la industria del entretenimiento

Advertencia: este texto incluye spoilers importantes de la película de A Pesar de Todo, así como de elementos relevantes de la última temporada de Pretty Little Liars y el último capítulo de la serie de The Romanoffs. Si no has visto nada concerniente a ellas, es mejor que dejes de leer.

La representación de personas trans en el cine y la televisión no es algo nuevo. No hace mucho tiempo, Amazon nos sorprendió a todos con su excelente serie Transparent (2014 -), que si bien se ha enfrentado a la crítica por poner como protagonista a un hombre cis, ha tratado el tema de la transición de una persona a otro género con el mayor cuidado y cariño posible.

Algo que la extraordinaria serie Pose (2018 -) logró superar con creces al contratar a uno de los casts más grandes en la historia de la televisión conformado casi en su totalidad por personas transgénero. Algo que tenemos que agradecer a uno de sus creadores, escritores y directores, Ryan Murphy.

Sin embargo, no todo ha sido miel sobre hojuelas. Muchísimas series han sabido representar correctamente lo que significa la experiencia trans, sin embargo, ha habido muchos otros filmes y programas que han utilizado a las personas trans más como medios para lograr un fin que individuos reales y momentos propios.

En la historia del cine, han existido varias películas que se han encargado de incluir a personajes transgénero y transexuales en sus historias, sin embargo, hay una que, desde la primera vez que la vi, quedó impregnada en mi mente, y no de un modo positivo.

Se trata de una de las escenas finales de la película de Ace Ventura (1994), donde se nos muestra al detective titular (Jim Carrey) explicando lo que sucedió con la misteriosa desaparición de la mascota de los Miami Dolphins, Snowflake.

Si recordamos bien, previo a esta explicación, Ace mantiene una pelea con su jefa en la policía, Lois Einhorn (Sean Young) para tratar de detenerla en su afán de llevar a cabo su plan. Al lograr detenerla, Ace la evidencia como una persona transgénero anteriormente llamada Ray Finkle, una persona obsesionada con un error que cometió en el último Super Bowl y que decidió cambiar de género mientras vivía su estadía en el manicomio.

La escena en particular está hecha para hacer reír a la audiencia, por lo que es enmarcada de una manera grotesca e insensible. En ella, el detective voltea a la mujer en cuestión, le baja los pantalones y muestra un bulto en sus calzoncillos, haciendo alusión a unos testículos, mientras todos los presentes — incluyendo el delfín — vomitan de asco.

Este momento, por si mismo, fue el que se encargó de ilustrar la idea que tuve de las personas transgénero desde mi adolescencia hasta que me comencé a interesar en el tema ya entrado en la adultez, y estoy seguro que muchas otras personas que vieron el filme pasaron por lo mismo.

Con esta escena, es claro que los creadores de la película no tenían intención alguna de representar correctamente a las personas trans, más allá de tratar a su identidad como una punchline. Después de todo, la idea de transicionar le surge a Ray en el manicomio.

De hecho, su película fue una de las grandes precursoras en la creación de un tipo de narrativa dañina que sigue viva aún a la fecha: usar la identidad de una mujer transgénero o transexual como un giro de tuerca que permita avanzar la historia.

El problema del uso de la identidad de las personas transgénero como una gran revelación narrativa tiene dos aristas importantes; primero, que este acto se encarga de reforzar la (muy equivocada) idea de que las mujeres trans son hombres con peluca — peor aún en Ace Ventura, ya que relacionan la identidad trans con la locura —, y segundo, que todo el proceso detrás de ello se esfuerza en reducir a una persona en un proceso de transición profundamente mal entendido.

Esa escena final de Ace Ventura no funcionaría si Ray Finkle no se hubiera cambiado de género. Es por eso que la verdadera identidad de Lois Einhorn — vaya, hasta su apellido es muy parecido aun juego de palabras entre ano y cuerno en inglés — funciona como la gran revelación, precisamente porque nadie se lo hubiera imaginado. Convertir la transición de una persona en una herramienta narrativa lo único que provoca es la completa deshumanización del individuo en cuestión.

Los creadores del filme tratan a la transición como una herramienta para lograr algo, como si de un disfraz se tratara, y no como un proceso de identificación y reconocimiento de la persona con su contexto y la perspectiva que tiene de si misma. Ray Finkle no transicionó para ser feliz, sino para engañar a todos y poder secuestrar al delfín.

Algo muy parecido sucede en The Hangover Part II (2011), donde Stu (Ed Helms) se sorprende al enterarse de que una de las prostitutas con las que mantuvo relaciones sexuales, es una persona transgénero. La gran revelación sucede cuando la mujer muestra su pene para comprobarlo, y, tal como en Ace Ventura, es un momento pensado para provocar risas.

La transición de una persona no solo le ha servido a la industria cinematográfica y a la televisión como un giro humorístico, también lo han aprovechado para crear tensión y drama innecesario en sus historias. La gran revelación de un personaje que cambió de género para mantener escondida su identidad es también sumamente utilizado, sobre todo en las series de televisión.

En uno de los finales de temporada de Pretty Little Liars (2010-2017), nos enteramos que Charles —el hermano menor de una de las protagonistas — es uno de los villanos principales. Sin embargo, el giro final tiene que ver con que él decidió cambiar de género mientras estaba en el manicomio —Sí, así como Ray Finkle en Ace Ventura — para convertirse en Charlotte — interpretada por la actirz cisgénero Vanessa Ray —, una de las amigas del grupo de protagonistas.

Aunque la serie se empeña en explicar que Charles pasó por una transición de género no con el afán de ocultar su verdadera identidad, sino para mostrarse y sentirse bien con quién es, la forma en que la revelación es mostrada apunta a lo contrario. Sobre todo porque dicho momento se enmarca como el giro de tuerca final de la temporada.

Lo mismo sucede en un capítulo de la antología de The Romanoffs (2018 -) titulado The One That Holds Everything, donde Simon (Hugh Skinner) cambia de género para convertise en Candace (Adèle Anderson) y aprovecha que su medio hermano desconoce sobre su transición, al presentarse ante él con su nueva identidad y vengar la muerte de su madre, envenenándolo.

Nuevamente, esta serie hace muchos esfuerzos por explicar que la transición de Simon no es un mero capricho, sino una respuesta directa de su incomodidad con su género. Sin embargo, los escritores aprovechan dicha situación para ocultar la identidad de su protagonista y avanzar con la trama.

Algo que la película española A Pesar de Todo (2019) usa también a su favor al integrar a una persona trans, en este caso a Inés (Rossy De Palma), como parte del misterio central, donde las protagonistas deben buscar la verdadera identidad de sus padres biológicos.

Es claro que a la industria del entretenimiento le gusta jugar con la identidad de las personas, sin embargo, utilizar la transición de un individuo trans como parte de un misterio o giro de tuerca de una de sus historias, no solo da a entender que las identidades trans son ficticias e inválidas, sino que también refuerza la idea de que el proceso detrás de la toma de decisión de una persona por cambiar de género, es igual de indiferente y nimia que la de optar por usar un disfraz para ocultarse de la sociedad.

Rompiendo lo binario: representación de personajes no binarios en televisión

Ya he hablado de esto antes en el blog; desde hace un tiempo, la televisión se ha preocupado muchísimo más que el cine por representar — e incluir — correctamente a minorías en sus historias, sobre todo las que son pertenecientes al abanico amplio de diversidad sexual. Por fin, las grandes casas productoras han comenzado a optar por sacar al aire historias que representen de manera orgánica la realidad, sin tapujos ni invisibilizaciones.

Atrás quedaron los tiempos en los que los personajes homosexuales de la televisión eran retratados como un estereotipo más, donde las lesbianas solo podían ser entendidas a través de la mirada erótica masculina y donde las personas trans simplemente no existían en el pensamiento colectivo. Series como Pose se han encargado exitosamente de deconstruir los estereotipos alrededor de las personas trans, la homosexualidad y la concepción del VIH y, al mismo tiempo, crear los propios.

Sin embargo, aún a pesar de estos esfuerzos, todavía falta un camino muy largo por recorrer. Según el estudio realizado anualmente por GLAAD (acrónimo de las siglas Gay & Lesbian Alliance Against Defamation en inglés) de 901 personajes presentes en los programas de televisión de Estados Unidos en la temporada 2017-2018, 58 fueron pertenecientes a la comunidad LGBTTTIQ+, 15 más en relación a los presentes en el año anterior.

Esto, por si mismo, significa un paso hacia adelante en cuanto a temas de retrato de personajes se trata, sin embargo, desde un punto de vista objetivo — y mucho más macro — esta cifra realmente solo pertenece a un 6.4% del panorama total de representación de personajes en la televisión. Un número que subjetivamente significa un avance, pero que está muy lejos de ser un logro que verdaderamente genere un impacto.

En el caso del cine, la situación ha empeorado. GLAAD lanzó otro estudio donde halló que, contrario a los shows, la representación LGBTTTIQ+ disminuyó entre un año y otro. Mientras que en el 2017, el 18.4% de las películas lanzadas por estudios importantes incluía personajes pertenecientes a la comunidad, en el 2018 solo el 12.8%, de 109 películas, lo hacía.

De hecho, la información que ambos estudios brindan, nos permite darnos una idea de lo desigual que aún sigue siendo esta representación y los grupos de la comunidad que siguen siendo dejados a un lado. De esos 58 personajes mencionados en televisión, los que fueron menormente retratado son los que aún siguen siendo invisibilizados por la sociedad: las personas no binarias.

Las personas con género no binario son las que no se identifican bajo el concepto social binario hombre/mujer. Aquellas que no se perciben como parte total o absoluta de un género específico, que prefieren navegar entre ellas, y debido a ello, son una de las comunidades más discriminadas.

La idea compartida de «confusión o indecisión» que tiene la sociedad de las personas no binarias, ha sido la razón principal que ha provocado su rechazo y falta de representación en los productos audiovisuales de la cultura pop. Sin embargo, han comenzado a surgir muy lentamente personajes no binarios en algunos programas de televisión, sobre todo los que tienen como hogar a canales de televisión por paga o servicios de streaming.

De hecho, fue en la temporada 2018-2019, cuando la cifra de un solo personaje binario aumentó, gracias a que diversas series comenzaron a representar, en incluir, personas no binarias en sus historias de manera orgánica, mostrando a seres humanos complejos y con matices propios de su contexto y personalidad.

Taylor Mason (Asia Kate Dillon) fue el primer personaje no binario en hacer aparición en la televisión para el show de Billions. Su importancia radica no solo en la calidad y esfuerzo detrás de su representación — una persona no estereotipada, tridimensional y con arcos importantes que atraviesan la historia central de la serie —, sino también en la relevancia que su personaje tiene para el show.

Taylor es una pieza esencial dentro de la compañía de finanzas de uno de los protagonistas de la serie, Bobby Axelrod (Damian Lewis), y usualmente es el personaje más inteligente de la serie, ya que siempre tiene la capacidad de pensar fuera de la caja y de adelantarse tanto a su jefe como a sus competidores. Su personaje es tan relevante que ya ha tenido diversos arcos emocionales que incluyen parejas y relaciones amorosas.

En la vida real, Asia Kate Dillon también se identifica como una persona no binaria. Esto ha ayudado a que su personaje se encuentre construido de la mejor forma y alrededor de preceptos y experiencias reales que Asia ha vivido o experimentado de alguna manera a lo largo de su vida.

Syd (Sheridan Pierce) es otro personaje no binario que existe en el mundo de la televisión, y que interpreta el papel de la pareja de Elena (Isabella Gómez) en el remake de Netflix de One Day At A Time. Su personaje, al igual que Taylor, es otro ejemplo perfecto de la manera correcta en la que se deben de representar a este tipo de personas, tridimensionales y matizadas.

En el show, Syd es la persona que se encarga de ayudar a Elena — una chica que lleva muy poco de salir del closet — a navegar en el mundo de la diversidad sexual, a entender los diferentes grupos que conforman a la comunidad LGBTTTIQ+ y a dimensionar la importancia de la identidad de cada persona.

De hecho, es gracias a Syd que Elena (y los espectadores) podemos comprender lo compleja que es la diversidad sexual y lo mucho que influye en el desarrollo de la identidad propia de cada ser humano, incluyendo los pronombres correctos que se deben de usar para nombrar a una persona no binaria (el, ella o ellxs (they en inglés), dependiendo de la forma en la que cada individuo se sienta más identificado.)

Si bien, el porcentaje de representación de la comunidad LGBTTTIQ+ en la cultura pop sigue siendo muy bajo, resulta gratificante ver cómo año con año las cifras aumentan. Esto no significa que debamos conformarnos, sino todo lo contrario. Con esta información a la mano, es nuestro deber seguir exigiendo una representación equitativa y correcta que tome en cuenta a todos los integrantes del amplio abanico de diversidades sexuales.