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Rompiendo lo binario: representación de personajes no binarios en televisión

Ya he hablado de esto antes en el blog; desde hace un tiempo, la televisión se ha preocupado muchísimo más que el cine por representar — e incluir — correctamente a minorías en sus historias, sobre todo las que son pertenecientes al abanico amplio de diversidad sexual. Por fin, las grandes casas productoras han comenzado a optar por sacar al aire historias que representen de manera orgánica la realidad, sin tapujos ni invisibilizaciones.

Atrás quedaron los tiempos en los que los personajes homosexuales de la televisión eran retratados como un estereotipo más, donde las lesbianas solo podían ser entendidas a través de la mirada erótica masculina y donde las personas trans simplemente no existían en el pensamiento colectivo. Series como Pose se han encargado exitosamente de deconstruir los estereotipos alrededor de las personas trans, la homosexualidad y la concepción del VIH y, al mismo tiempo, crear los propios.

Sin embargo, aún a pesar de estos esfuerzos, todavía falta un camino muy largo por recorrer. Según el estudio realizado anualmente por GLAAD (acrónimo de las siglas Gay & Lesbian Alliance Against Defamation en inglés) de 901 personajes presentes en los programas de televisión de Estados Unidos en la temporada 2017-2018, 58 fueron pertenecientes a la comunidad LGBTTTIQ+, 15 más en relación a los presentes en el año anterior.

Esto, por si mismo, significa un paso hacia adelante en cuanto a temas de retrato de personajes se trata, sin embargo, desde un punto de vista objetivo — y mucho más macro — esta cifra realmente solo pertenece a un 6.4% del panorama total de representación de personajes en la televisión. Un número que subjetivamente significa un avance, pero que está muy lejos de ser un logro que verdaderamente genere un impacto.

En el caso del cine, la situación ha empeorado. GLAAD lanzó otro estudio donde halló que, contrario a los shows, la representación LGBTTTIQ+ disminuyó entre un año y otro. Mientras que en el 2017, el 18.4% de las películas lanzadas por estudios importantes incluía personajes pertenecientes a la comunidad, en el 2018 solo el 12.8%, de 109 películas, lo hacía.

De hecho, la información que ambos estudios brindan, nos permite darnos una idea de lo desigual que aún sigue siendo esta representación y los grupos de la comunidad que siguen siendo dejados a un lado. De esos 58 personajes mencionados en televisión, los que fueron menormente retratado son los que aún siguen siendo invisibilizados por la sociedad: las personas no binarias.

Las personas con género no binario son las que no se identifican bajo el concepto social binario hombre/mujer. Aquellas que no se perciben como parte total o absoluta de un género específico, que prefieren navegar entre ellas, y debido a ello, son una de las comunidades más discriminadas.

La idea compartida de «confusión o indecisión» que tiene la sociedad de las personas no binarias, ha sido la razón principal que ha provocado su rechazo y falta de representación en los productos audiovisuales de la cultura pop. Sin embargo, han comenzado a surgir muy lentamente personajes no binarios en algunos programas de televisión, sobre todo los que tienen como hogar a canales de televisión por paga o servicios de streaming.

De hecho, fue en la temporada 2018-2019, cuando la cifra de un solo personaje binario aumentó, gracias a que diversas series comenzaron a representar, en incluir, personas no binarias en sus historias de manera orgánica, mostrando a seres humanos complejos y con matices propios de su contexto y personalidad.

Taylor Mason (Asia Kate Dillon) fue el primer personaje no binario en hacer aparición en la televisión para el show de Billions. Su importancia radica no solo en la calidad y esfuerzo detrás de su representación — una persona no estereotipada, tridimensional y con arcos importantes que atraviesan la historia central de la serie —, sino también en la relevancia que su personaje tiene para el show.

Taylor es una pieza esencial dentro de la compañía de finanzas de uno de los protagonistas de la serie, Bobby Axelrod (Damian Lewis), y usualmente es el personaje más inteligente de la serie, ya que siempre tiene la capacidad de pensar fuera de la caja y de adelantarse tanto a su jefe como a sus competidores. Su personaje es tan relevante que ya ha tenido diversos arcos emocionales que incluyen parejas y relaciones amorosas.

En la vida real, Asia Kate Dillon también se identifica como una persona no binaria. Esto ha ayudado a que su personaje se encuentre construido de la mejor forma y alrededor de preceptos y experiencias reales que Asia ha vivido o experimentado de alguna manera a lo largo de su vida.

Syd (Sheridan Pierce) es otro personaje no binario que existe en el mundo de la televisión, y que interpreta el papel de la pareja de Elena (Isabella Gómez) en el remake de Netflix de One Day At A Time. Su personaje, al igual que Taylor, es otro ejemplo perfecto de la manera correcta en la que se deben de representar a este tipo de personas, tridimensionales y matizadas.

En el show, Syd es la persona que se encarga de ayudar a Elena — una chica que lleva muy poco de salir del closet — a navegar en el mundo de la diversidad sexual, a entender los diferentes grupos que conforman a la comunidad LGBTTTIQ+ y a dimensionar la importancia de la identidad de cada persona.

De hecho, es gracias a Syd que Elena (y los espectadores) podemos comprender lo compleja que es la diversidad sexual y lo mucho que influye en el desarrollo de la identidad propia de cada ser humano, incluyendo los pronombres correctos que se deben de usar para nombrar a una persona no binaria (el, ella o ellxs (they en inglés), dependiendo de la forma en la que cada individuo se sienta más identificado.)

Si bien, el porcentaje de representación de la comunidad LGBTTTIQ+ en la cultura pop sigue siendo muy bajo, resulta gratificante ver cómo año con año las cifras aumentan. Esto no significa que debamos conformarnos, sino todo lo contrario. Con esta información a la mano, es nuestro deber seguir exigiendo una representación equitativa y correcta que tome en cuenta a todos los integrantes del amplio abanico de diversidades sexuales.

Representación a medias: asexualización y estereotipación de las parejas homosexuales en la televisión.

Si hay algo que me gusta reconocer de muchos de los shows en televisión es que han sabido ir un paso adelante del mundo cinematográfico en cuanto a representación se trata. Hoy en día podemos disfrutar de una gran variedad de programas que bien podrían jactarse de su inclusión y de la despreocupación con la que incluyen a personajes pertenecientes a minorías en sus narrativas.

Crazy Ex-Girlfriend, por ejemplo, no solo tiene un cast que está conformado por una enorme variedad de persona provenientes de diferentes culturas, sino que también casi la mitad de sus protagonistas interpretan a personajes pertenecientes a la comunidad LGBT+. Lo mismo sucede con Brooklyn Nine-Nine, The Handmaid’s Tale, The FlashSupergirl y, sobre todo, con una de las últimas adquisiciones de Hulu: Marvel’s Runawayso de las de Netflix con Sex Education One Day At a Time, una variedad de shows que se han arriesgado a contar historias sobre jóvenes LGBT+— muchas veces con personas de color—; un tema que se ha considerado más bien como exclusivo de personajes adultos y no como parte del proceso intrincado que significa el coming of age en la vida de un adolescente.

Esto se debe a que las personas detrás de muchas de las series que consumimos, han comenzado a entender que la función de la representación en sus programas no es el de llamar la atención de los televidentes para generar más vistas, sino mostrar la realidad que vivimos todos los días para que la audiencia se vea reflejada en ella. El problema es que no todos han logrado asimilarlo de la misma forma.

Lo cierto es que, antes que cualquier canal de televisión lo considerara, el cine comenzó a preocuparse con retratar de manera correcta las relaciones homosexuales con Brokeback Mountain. En el caso de las series, Modern Family  fue uno de los primeros shows que se arriesgó a lanzar un programa familiar, en un canal abierto, que incluyera a una pareja abiertamente homoparental y a otra interracial. Los críticos bañaron en elogios a sus primeras temporadas por haber tomado dicha decisión y, hasta hace algunos años, era siempre una de las más nominadas en la categoría de comedia de las diferentes premiaciones.

Su aporte a la representación de minorías es sin duda monumental, ya que no solo lograron que la familia promedio estadounidense le abriera las puertas a un grupo social que claramente habían decidido olvidar desde hace mucho tiempo, sino que también lograron construir el camino para que series como el remake de One Day At A Time Brooklyn Nine-Nine pudieran contar con historias tan profundas como la salida del closet de una adolescente lesbiana ante su familia o la mera existencia de Rosa Díaz, una mujer latina y bisexual que goza de un puesto importante en una de las comisarías de la policía de Nueva York.

Sí, la intención de Modern Family en un inicio fue buena y muy acorde a la época en la que fue lanzada; sin embargo, el tiempo ha pasado y la serie no se ha molestado por hacer algo para actualizar la manera en que representa a sus personajes pertenecientes a minorías, de manera concordante con la realidad. Lo que en su momento resultaba ser innovador y precursor de un movimiento muy fuerte, ahora luce como un estereotipo más de cualquier novela de un canal de televisión abierta.

Cam y Mitchell, la pareja homoparental titular de dicha serie, no son más que una caricatura de lo que pretenden representar como una relación homosexual real. En ella, cada personaje se encarga de ocupar el estereotipo básico de un hombre gay: el que tiene manierismos femeninos y que está más en contacto con sus sentimientos y el que no se siente tan cómodo con su orientación sexual y prefiere ser relacionado con la figura masculina de la relación. Esta pareja es resultado del ya muy conocido binarismo masculino/femenino que domina a la mayoría de las relaciones sentimentales actuales.

Esto no es nuevo, el uso de la estereotipación como herramienta narrativa es algo muy común que puede ser encontrado en diferentes instancias de la cultura pop. Es muy sencillo, si reduces a un personaje a una serie de características típicas y reconocibles propias de la etiqueta a la que su grupo social corresponde, es mucho más fácil contar historias simplonas y que den risa, sin perderte en los dramas innecesarios que el matiz narrativo puede atraer. Es por eso que esta ha sido, desde siempre, la salida más cómoda a la que los escritores —sobre todo en las comedias de situación— han decidido tomar cuando se trata de contar historias LGBT+ y de minorías. Después de todo, ¿Qué mejor forma de hacer reír a alguien que acudir a los lugares comunes a los que ya están tan acostumbrados?

Esta situación no es solamente propia de Modern Family, Friends From College de Netflix sufre el mismo problema con Felix y Max, la única pareja homosexual de la serie que se ve estancada dentro de los mismos estereotipos binarios. Esta pareja esta conformada por dos individuos, donde uno de ellos debe tomar y representar asertivamente el lado femenino y cuidador de la relación, mientras el otro debe aparentar ser más masculino frente a sus amigos de la universidad, para no ser tachado como el «afeminado» del grupo.

Lo problemático de esta tendencia, radica en la potencia que esto le da a las opiniones tóxicas que se encargan de etiquetar y minimizar a la comunidad gay, así como también la fuerza con la que afianza la idea de que las minorías no somos más que una punchline, aquella idea que motiva a la gente a seguir inquieriendo a sus amigos homosexuales cuando le interese saber quién es el hombre de la relación; un chiste recurrente del que todos pueden reírse sin necesidad de siquiera considerar usar el mismo argumento cuando se trata de cuestionar a sus contrapartes.

Lo cual me lleva al segundo gran problema: la falta de equidad en la representación. Pensemos en las relaciones de Cam y Mitchell o de Felix y Max, ¿Cuántas veces los hemos visto darse un beso en la boca en pantalla?, ¿Cuántas veces los hemos visto hablar o hacer alusión a que mantienen relaciones sexuales? Es más, dejemos de lado las realciones sexuales, ¿Cuántas veces los hemos visto mostrarse afectivos o compartir algo de intimidad? Muy pocas. Ahora pensemos en sus contrapartes heterosexuales y tratemos de responder las mismas preguntas. Seguro son muchísimas más y en inncontables veces.

Es gracias precisamente a este argumento con el que podemos distinguir cuando una serie de verdad se preocupa por representar adecuadamente a una minoría, y cuando solo busca explotar su presencia para causar controversia y atraer televidentes. La representación sin consideración ni visibilización no es representación.

Ese no es un problema que tenga poco tiempo. La invisibilización y asexualización de los personajes LGBT+ sucede desde el cine de los 70, cuando los personajes pertenecientes a la comunidad solían ser retratados como gays que vivían juntos, pero que no parecían tener ningún tipo de química o vida sexual que fuera mostrada, o incluso mencionada de manera explícita, porque incomodaba a las audiencias. Aún a la fecha existen televidentes que consideran que muchos de sus filmes y programas favoritos están siendo «demasiado incluyentes» y «muy gays» por el simple hecho de contar con representación.

En Modern Family Cam y Mitch son esposos y tienen una hija juntos, sin embargo, en lo que va de 10 temporadas, la única vez que se han dado un beso en la boca frente a la cámara ha sido en el día de su boda, y ni hablemos de relaciones sexuales, porque mientras que sus contrapartes heterosexuales aparecen frente a cámara teniendo numerosas relaciones sexuales, ellos solo han podido gozar de una o dos escenas en los 10 años de lo que lleva la serie al aire.

Max y Felix, por otro lado, solo han aparecido en los dos años al aire de Friends From College, pero eso no ha propiciado a que, a pesar de haberse casado al final de la segunda temporada y de ser la única pareja estable de su grupo de amigos más cercanos, sus personajes puedan gozar de una vida sexual activa frente a la pantalla o , mínimo hablar de ello. No, ambas son parejas asexuales que parecen disfrutar de su vida lejos de la intimidad,de la complicidad y de las muestras básicas de afecto de la que el resto de las parejas heterosexuales en ambas series tienen el privilegio de vivir.

Y si en Estados Unidos todavía se encuentran lidiando con estos problemas de representación aún cuando ya están muy avanzados en el tema, en México estamos en pañales. Las últimas semanas, una novela de televisa con el formato modernizado de serie, comenzó a aparecer en los titulares de los medios de comunicación por incluir en su narrativa a una pareja adolescente gay.

Mi Marido Tiene Más Familia nos introdujo a Aristóteles y Cuauhtémoc —»Aristemo» para los fans—, un par de jóvenes enamorados que están creando olas entre los medios mexicanos, al ser una de las primeras parejas abiertamente gay que son representadas en una novela de la televisión mexicana.

Al igual que Modern Family, esta serie está llevando temas que antes se consideraban tabú, e incluso inmencionables, a las casas de las diferentes familias del país. Esto, en sí, es un gran paso para la inclusión y la representación de la televisión en México. El problema es que sufre de lo mismo que a Modern Family le aqueja continuamente, un tremendo pavor por perder a sus televidentes cuando su serie/novela sea tachada de ser «muy gay» por presentar correctamente a una pareja gay. Es por ello que los integrantes de Aristemo no se han dado un beso en la boca frente a la pantalla y se han tenido que conformar con abrazos a medias y acercamientos incómodos.

Es un hecho que estamos avanzando en cuanto a representación LGBT+ se trata tanto en cine como en televisión. Sin embargo, la forma en la que se han desarrollado en algunas instancias, no solo ha ayudado a perpetuar la idea de que las parejas homosexuales están constituidas por un par de estereotipos, sino que también ha alimentado la idea de que las personas gay deben de lucir lo más heterosexual posible y mantener su sexualidad separada de si mismos.

Si las grandes casa productoras quieren comenzar a mostrar la realidad social en la que vivimos de manera correcta, es necesario que consideren realizar una representación que contenga los matices necesarios para separar a la persona de la caricatura y dejen de caer en simplismos.

Bury Your Gays: cuando la comunidad LGBT+ es carne de cañón

Esta entrada cuenta con spoilers relacionados con la muerte de algún personaje de The Walking Dead, Jane The Virgin, The 100 y Orange Is The New Black.

La correcta representación de la comunidad LGBT+ en la televisión y el cine ha sido un tema que ha cobrado relevancia en los últimos años. Ahora, más que nunca, son muchísimas las personas que piden como audiencia, verse reflejados de alguna forma en los personajes que protagonizan los programas de televisión y las películas que ven y consumen a diario.

Por supuesto, este suceso ha hecho que las historias que se centran en dicha comunidad se hayan vuelto cada vez más rentables. Sin embargo, como todo en lo que hay dinero de por medio, esto también ha ocasionado que se comience a capitalizar con estas narrativas, sin pensar en la forma tan perjudicial en que muchas de las experiencias de la comunidad LGBT+ están siendo retratadas.

En un mundo donde el porcentaje de representación de personajes LGBT+ en el cine y la televisión normalmente no pasa del 20%, resulta realmente problemático que existan tantos tropes — como el Queerbating— que, en lugar de hacer algo para modificar este panorama y crear referentes positivos, se encarguen de empeorarlo.

Antes de continuar, me gustaría realizar otro ejercicio de imaginación con ustedes. Traten de pensar en varios personajes LGBT+ del cine o la televisión. No importa cuales, pueden ser lesbianas, gays, bisexuales, pansexuales o transgénero. Ahora respondan una pregunta, ¿Alguno de ellos está muertoo a punto de morir? Estoy seguro de que sí.

Este, precisamente, es uno de los tropes que más fuerza ha cobrado— y por lo tanto un enorme número de reacciones encontradas—en los últimos tiempos, el llamado «Bury Your Gays» (que se traduce como «Entierra a tus gays»).

Hoy en día, matar a algun personaje con el que la audiencia se ha encariñado, es la mejor forma de crear drama y tensión para atraer la atención de la gente que te está viendo. Por ello, es muy común que los creadores de los productos audiovisuales que consumimos decidan deshacerse de un personaje.

Lo que también es cierto , es que los personajes LGBT+ siempre son la primera opción para ser asesinados. Son muy pocas las series y películas donde dichos individuos sobreviven al final, y los que sí lo hacen, normalmente viven una vida infeliz.

Resulta muy conflictivo que, considerando que en un filme o show, más del 80% de la totalidad de personajes son heterosexuales, las personas detrás de dichos proyectos prefieran deshacerse antes de un personaje LGBT+ que siquiera considerar a los que forman parte del resto.

Por supuesto que se debe reconocer que muchos de los creadores realicen un esfuerzo por incluir personajes LGBT+ en sus historias, sí. El problema es que dichos individuos sean los primeros en desaparecer de una serie y, peor aún, que sus muertes sean ultilizadas como medios para inyectar más drama en la historia.

Esto no solo provoca que la poca representación LGBT+ que tiene un show o película disminuya, sino que también ayuda a reforzar la idea de que la gente que forma parte de dicha comunidad es mucho más deshechable que la heterosexual.

De hecho, es más común que el único personaje gay de una historia muera de VIH, por un crimen de odio o por uno de pasión —cometido, por supuesto, por su pareja— antes de que se asesine a uno heterosexual.

Este trope comenzó a aparecer en el cine y la televisión con la llegada del VIH, donde por muchos años la única historia LGBT+ que valía la pena contar, era la del sufrimiento que esta terrible enfermedad causaba a sus portadores y a sus respectivas parejas, como es el caso de Philadelphia con Tom Hanks y Antonio Banderas.

Con el paso del tiempo, se comenzaron a contar otro tipo de historias. Sin embargo, todas terminaban en lo mismo: en tristeza y soledad. Inconsciente, o conscientemente, los escritores comenzaron a contar historias donde advertían los peligros de ser gay.

Con ello, estos programas y películas se encargaban de decirnos que los personajes LGBT+ no merecen un final feliz, incluso —y sobre todo— cuando se encuentran en una relación homosexual. Es mucho peor cuando la razón de la muerte de estos personajes tiene que ver con su sexualidad o identidad de género.

Este trope, como cualquier otro, también es atravesado por las políticas de género que nuestra sociedad vive día con día. Por ello, no es de sorprender que Bury Your Gays perdone menos a las mujeres que a los hombres.

Es tal número de lesbianas y mujeres bisexuales que han sido asesinadas a través de los años en la televisión, que ya existe una página que lleva un conteo de todos ellos. Al comenzar en el 2016 enlistaron 65 personajes, a la fecha (noviembre del 2018) ya van 202 en total.

Esto podemos verlo reflejado perfectamente en las muertes de diversos personajes de shows populares de televisión, como es el caso de Rose  (Bridget Regan) en Jane The Virgin, Denise en The Walking Dead,  Lexa (Alycia Debnam-Carey) en The 100, Tara (Amber Benson) en Buffy The Vampire Slayer o Poussey (Samira Wiley) en Orange Is The New Black.

El cine tampoco se salva, ya que hace poco pudimos ver cómo Delphine (Sofia Boutella), el único personaje LGBT+ presente en Atomic Blonde, fue brutalmente asesinada, o con Jennifer (Megan Fox), la única personaje no heterosexual de Jennifer’s Body.

Por ello, es necesario dejar de conformarnos con la simple presencia de un personaje LGBT+ en un programa o película, ya que es muy porbable que termine muerto o asesinado antes de cualquiera de sus contrapartes heterosexuales.

En nosotros está comenzar a exigir una representación correcta de la comunidad LGBT+ que vaya más allá de funcionar como carne de cañón para los creadores de series y filmes.

 

Queerbating en la época de la representación de minorías

Era el 2007 y el libro de  Harry Potter and The Deathly Hallows acababa de salir, cuando J.K Rowling —la autora del mismo— anunciaba que no solo Albus Dumbledore—uno de los hechiceros más poderosos del mundo— era gay, sino que en su juventud había estado enamorado de uno de sus mejores amigos, Grindelwald, un hechicero fascista con tintes Hitlerianos que aseguraba que la gente de la comunidad mágica era superior a los que no tenían magia.

Esta información fue muy bien recibida por fans y por críticos por igual, ya que la autora por fin estaba reconociendo que en su mundo mágico, al igual que en el nuestro, abundaba la diversidad de personas y de orientaciones sexuales.

El tiempo pasó y la gente comenzó a preguntarse las razones detrás de la decisión de Rowling de realizar este anuncio después del lanzamiento del libro y a qué se debía que la orientación sexual de dicho personaje no había sido incluida de ninguna forma en la historia.

11 años después llegó el 2018 y, con él, la promesa de que en la película de Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald, aparecería un joven Albus Dumbledore — representado por Jude Law— con la inteción de darle más profundidad a la historia de Grindelwald.

En un inicio hubo mucho descontento porque el director David Yates realizó unos comentarios muy desatinados en una entrevista donde dijo que Dumbledore no sería ‘explícitamente gay’ en el filme. Dspués aseguró que eso no significaba que no lo fuera, que la relación entre los dos sería retratada con escenas ‘muy sensuales’ y que no había nada de qué preocuparse.

Los fans estaban muy alegres porque con esta película tendrían lo que Rowling había anunciado desde el 2007: el desarrollo de la relación entre Grindelwald y Dumbledore. ¡Por fin la homosexualidad de Albus sería representada de manera oficial en el mundo de Harry Potter! ¡Rowling había hecho caso a lo que muchos le habían pedido! Excepto que nada de eso pasó.

Me encantaría decirles que la autora y el director cumplieron lo que habían prometido. Sería un verdadero placer poder compartirles que la historia de Albus Dumbledore está mucho más completa porque ahora conocemos esa otra parte de él que Rowling tanto había hablado. Es más, me haría tremendamente feliz poder argumentar que la presencia de Albus en Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald es crucial para darle más profundidad a la historia de Grindelwald, pero nada de eso es cierto.

Lo que es cierto, es que la orientación sexual del ex-director de Hogwarts es reducida en la película a un solo diálogo, donde Dumbledore argumenta que él y Grindelwald eran «más que hermanos» en su juventud.

Esto, mis queridos lectores, es el mejor ejemplo de lo que es conocido en el mundo del espectáculo —y sobre todo por los fandoms— como ‘Queerbating’ (que en español podría ser traducido a algo parecido a ‘señuelo para gays’).

El Queerbating es una práctica muy común entre los escritores y directores de películas y series de televisión. Se trata de la acción que realiza una persona, o un producto del medio del espectáculo, al usar un subtexto muy Queer para llamar la atención de las personas de la comunidad LGBT+, con el único motivo de hacer que vean su película o show, pero sin la intención de ser incluyentes o de verdaderamente cumplir con la promesa de representación que inicialmente hicieron.

Esta acción puede encontrarse en dos momentos de una serie o película: a) cuando se asegura que un personaje es de cierta orientación sexual (no heterosexual) y nunca se muestra o se incluye de manera significativa en la historia,  o b) cuando se se incluye cierta tensión sexual/coqueteo entre dos personajes que fueron presentados como heterosexuales anteriormente y que no se vuelven pareja.

El problema detrás de ello, es que esta acción intenta presentarse como algo que navega con bandera de representación LGBT+ en cine y televisión —y el reconocimiento que esto conlleva— cuando, en realidad, esto no es más que una mera estrategia mercadológica que busca «complacer» a la comunidad gay con pequeñas pistas y guiños que no llevan a nada, sin alienar al público heterosexual.

El Queerbating es una forma muy tramposa de motivar a un grupo particular de personas para ver o volverse fan de algo, mientras se aprovecha de su necesidad de verse representados en los productos audiovisuales que consumen.

La mejor forma de comprobar que la homosexualidad de Albus Dumbledore es un acto de Queerbating en Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald es entendiendo la manera en que la información alrededor de la sexualidad de este personaje es manejada en la película.

En ningún momento, a lo largo de las dos horas de duración del filme, se menciona de algún modo que Albus Dumbledore es gay y tampoco hay alguna acción explícita que lo demuestre. Lo único que realmente hace es presentarnos una frase escueta que se presta para perderse entre el subtexto y la intepretación de cualquier persona.

Un cinéfilo promedio —es decir, aquel que no es fan de Harry Potter y no sigue las noticias alrededor de sus películas—que va a ver Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald como cualquier película en cartelera, no podrá entender que Dumbledore es gay debido a que la película no presenta la información necesaria para saberlo .

Para ello, dicha persona necesitaría haber tenido acceso previo al Twitter de J.K. Rowling, o a las entrevistas que ha dado la autora sobre la orientación sexual de dicho personaje, o incluso, necesitaría que alguien más le haya contado sobre ello antes de ver la película.  En esencia, Albus es gay para la gente que quiere que lo sea y heterosexual para los que no. Dumbledore es básicamente el gay de Schrödinger.

En esencia, hacer uso del Queerbating no es más que aprovecharse de la orientación sexual de una comunidad para utilizarla como carne de cañón en su afán de llamar su atención.

El Queerbating tiene sus raíces en una acción mucho más inocente llamada Queer Coding , este es un proceso que data de los años 50 o 60 donde los autores de comics, películas y obras se encargaban de hacer personajes que parecían —o codificaban— como queer pero que nunca se reconocían como tal.

Esta práctica surgió como la forma más lógica de contrarrestar la vigilancia conservadora y católica de la época, que se encontraba muy preocupada por los efectos que los productos audiovisuales estaban teniendo en la gente, sobre todo, en los niños y que comenzó a prohibir cualquier mención o representación de sexualidad de cualquier tipo.

Por ello, muchos autores decidieron comenzar a crear personajes codificados que no fueran explícitamente gay, pero que pudieran resonar con la gente que contara con la suficente información para reconocerlos como tal.

De esta manera surgieron personajes masculinos con características femeninas, como Scar de The Lion King o James de Pokémon y personajes femeninos muy masculinos como Úrsula de The Little Mermaid o Xena de Xena the Warrior Princess.

Con el paso del tiempo, se comenzó a exigir una representación justa de personajes LGBT+ en el cine y la televisión y la respuesta a la que muchas casas productoras acudieron fue al Queerbating, una fusión del Queer Coding y de varias estrategias de mercadotecnia.

El Queerbating actual lo podemos encontrar en la tensión sexual o guiños de coqueteo entre dos personajes en un show o película del mismo sexo que nunca llegan a nada, como Sherlock y Watson en Sherlock o Dean y Castiel en Supernatural. También lo podemos ver en las entrevistas hechas a productores y directores don de afirman que un personaje es homosexual, bisexual o pansexual en una película o serie para jamás hacer mención de ello en la historia.

Disney se ha vuelto experto en ello estos últimos años. Primero al decir que el personaje de LeFou en la versión live action de Beauty and the Beast sería gay y después representar su orientación sexual solo con un baile de 2 segundos con otro hombre. Después, al anunciar semanas antes del estreno de Solo: A Star Wars Story, que Lando sería un personaje pansexual, y a la hora de la hora no representar dicha característica de ninguna manera en la película.

No dudo que vayan a usar la misma técnica para promocionar Frozen 2 confirmar la orientación sexual de Elsa como lesbiana y al final de cuentas darlo a entender con una frase o una canción simple que solo puedan entenderlo los fans que de verdad crean en en ello.

J.K. Rowling tampoco ha sido ajena a ello ya que, mucho antes de eliminar cualquier rastro de la homosexualidad de Dumbledore en Fantastic Beasts: The Crimes of Grindelwald, ya estaba llamando la atención de sus fans de la comunidad LGBT+ con los hijos de Draco Malfoy y Harry Potter en la obra Harry Potter and the Cursed Child, donde Scorpius Malfoy y Albus Severus  Potter se encuentran inmersos en una relación de coqueteo y cariño constante que nunca llega a concretarse.

Que el Queerbating exista significa que la comunidad LGBT+ se está comenzando a convertir en una prioridad para las grandes casas productoras. Es por ello, que es necesario comenzar a crear representaciones justas y honestas que sean fieles a ellos, en lugar de técnicas tramposas de mercadotecnia que busquen su atención pero que no sean capaces de reconocer su existencia.

 

 

 

 

Transparencias sexuales

Uno de mis grandes problemas con las series que se han estrenado en los últimos años siempre ha sido la falta de representación de personajes de la comunidad LGBT en la televisión. Dejándonos con pobres imitaciones (muy caricaturizadas) del paradigma que se reproduce en la sociedad día con día: el token gay que sabe de moda y la lesbiana machorra que no habla de otra cosa que no sean mujeres. Y no hablemos de los personaje transgénero, que se limitaban a ser retratados como prostitutas y drag queens divas.

Sería un error de mi parte caer en generalizaciones y asegurar que todos los personajes de diferentes orientaciones sexuales, en la televisión, eran retratados de esa forma. Ahí tenemos a David Fisher de Six Feet Under o Jack Harkness de Doctor Who, que interpretan  personajes que no son reducidos a una sola idea: su sexualidad. donde su estructura psicológica tiene sus propios elementos independientes y no forma parte de la dicotomía heterosexualidad/homosexualidad. Que son personas reales.

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Por mucho tiempo los personajes de diferentes orientaciones sexuales en la televisión fueron creados con el único fin de divertir a la audiencia y hacer de herramienta narrativa como «pez fuera del agua». Y ni hablar del tratamiento que los personajes transgenero en la televisión nacional e internacional.

Antes de la llegada de Laverne Cox  (en el papel de Sophia ), a Orange is the New Black en Netflix,  era muy difícil encontrar un personaje transgenero bien construido, con características esenciales que lo definieran más allá de su sexualidad, es decir, que no lo condicionara como un transexual con motivos únicos y cómicos en el programa.

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Por eso me parece significativa la llegada de una serie tan interesante como Transparent (gracias a Amazon Studios) a las audiencias actuales. En ella se muestra la vida de Maura, una mujer transexual que -después de un matrimonio y tres hijos- comienza a aceptar su sexualidad y decide salir del clóset a su familia.

Maura es un personaje complejo que tiene su vida aparte de su sexualidad. Lo que Transparent nos permite conocer es todo el proceso de aceptación de este personaje: sus miedos, sus fobias, sus ideales y su moral. La serie nos brinda un panorama lo suficientemente grande para entender las razones de sus acciones y la forma en que esto impacta (para bien y para mal) a su familia.

Y no sólo eso, también nos brinda un panorama crítico sobre las instituciones con las cuales se encuentra erigida nuestra sociedad: la familia, el matrimonio, la religión y la ley, por enumerar algunos. Todo lo que nos constituye como una sociedad crítica y poco tolerante.

Lo interesante de Transparent es la inteligente narrativa que cada personaje lleva en la serie. Los tres hijos de Maura permiten que nosotros (como audiencia) nos coloquemos en sus zapatos. Cada uno de ellos dibuja y desdibuja los miedos y percepciones que la sociedad proyecta a las personas de diferente orientación sexual, donde, por supuesto, hay respuestas tan negativas como positivas.

Sería muy arriesgado asegurar que la llegada de Transparent significa un enorme paso hacia delante en la televisión actual. Lo que sí puedo confirmar es que, al menos, ayuda a trazar el camino de series futuras.

Un camino que nos permita a los televidentes ver proyectos arriesgados, que nos provoquen y confronten al formato tan  superficial al que ya nos tienen muy acostumbrados. Un camino donde las series que cuenten con personajes transexuales puedan saltar de estudios que proponen historias en la red (como Netflix y Amazon Studios) a la televisión sin tener miedo a ser cancelados.