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El problema con los universos cinematográficos

Los grandes universos cinematográficos son la nueva apuesta de las principales casas productoras de películas. Ahora los filmes (al menos las grandes superproducciones) se hacen pensando no en una historia sencilla y aislada, sino más bien en un momento (clave o no) alrededor de un grupo de personajes que puede o no puede tener relevancia dentro del espectro de historias  interrelacionadas que conforman dicho universo.

La creación de universos cinematográficos no es más que una consecuencia, y resultado, de la combinación ideal entre la relevancia que tienen las secuelas y precuelas con el impacto y accesibilidad que las redes sociales ha generado en los últimos años entre el mundo cinematográfico y los grupos de fans.

En teoría, estos universos cinematográficos deberían trabajar en función de crear un abanico de posibilidades ,dentro de un mismo espectro y línea de pensamiento fílmico, que facilite la cohesión y coherencia narrativa entre una amplia variedad de géneros e historias intercomunicadas.

A final de cuentas ¿quién no estaría de acuerdo con tener a su disposición una serie de filmes donde las historias y los personajes puedan saltar de una película a otra mientras crean nuevos momentos juntos para el goce de su base de fans? Sin embargo, en la práctica no es tan sencillo.

Con el afán de darle más importancia a los grupos de fans, las enormes casas productoras han comenzado a crear sus universos en torno a las sugerencias de sus seguidores más ávidos, ocasionando una adscripción total de una serie de historias acumuladas dentro de un mismo espacio, sin delimitar sus diferencias y particularidades propias, que, inevitablemente, dan como resultado a un grupo de historias fundidas entre sí, cargadas de aspectos genéricos y sin delimitación alguna.

Dicho tratamiento no es más que una consecuencia de la tremenda necesidad de las casas productoras por transformar sus películas y productos audiovisuales en enormes marcas distintivas que se vendan por si mismas. De esa forma, los personajes y las historias que antes le daban vida a una película pasan a ser narrativas dispensables, mientras que las secuencias de acción y los momentos controversiales que dan algo de qué hablar al público, toman protagonismo.

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Los universos ya no proponen una serie de personajes con historias potentes de trasfondo, ni características particulares que los distingan de los demás; ahora, solo recrean estereotipos genéricos con capacidad de recitar diálogos sin interrumpir la acción que está sucediendo a su alrededor.

Pensemos en el universo cinematográfico de Marvel y su abanico de personajes, si a éstos les restaramos sus superpoderes, no tendríamos más que a un grupo de individuos genéricos sin motivaciones o historia de trasfondo lo suficientemente interesante como para llevar una película en sus hombros.

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Ahora imaginemos qué sucedería si al (más reciente) universo cinematográfico de DC le abstrayeramos toda la controversia que gira a su alrededor, nos quedaríamos con un par de secuencias de acción genéricas y un grupo de personajes secundarios que solo existen para llevar a la película del punto A al punto B.

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Lo mismo sucedería si realizáramos este mismo ejercicio de imaginación con los últimos intentos (fallidos y exitosos) del resto de las casas productoras por crear sus propios universos cinematográficos alrededor de marcas exitosas:  Ghostbusters, Jurassic Park Terminator, donde -una vez más- los personajes principales figuran como un acumulado de peones dispensables que no hacen más que vivir dentro de un compilado de secuencias de acción y chistes genéricos.

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A final de cuentas, el problema no reside en pensar en los universos cinematográficos como el siguiente paso lógico del legado que nos han dejado los Blockbusters, sino más bien, la falta de imaginación y creatividad detrás de todo el proceso.

Si los estudios se preocuparan un poco más por las historias que sus creadores tienen por contar y menos por complacer a sus bases de fans,  podríamos gozar de universos cinematográficos completos y bien estructurados.

 

 

 

Supergirl y Jessica Jones: Motivación y Consciencia.

Si hay algo que ha tomado muchísima fuerza a la hora de contar historias en medios audiovisuales en estos últimos años es la adaptación de cómics. Desde películas  a televisión, Marvel y DC se han encargado de engalanar nuestras pantallas grandes y chicas con sus superhéroes y aventuras. Algo que, sin ser sorpresa, ha tenido muchísimo éxito.

Ya he hablado antes de lo constreñido que me parece el universo Marvel en el cine y lo mal que ha comenzado el que nos plantea DC y también he externado un poco mi molestia con ambos por la pobre representación del género femenino en sus filmes: mujeres con poca o mínima agencia. Sin embargo, a pesar de todo esto, considero un gran acierto lo que han logrado avanzar y hacer en televisión.

Si Marvel puede vanagloriarse por ser los pioneros del universo cinematográfico, DC puede sentirse muy orgulloso de su universo televisivo. Arrow tuvo tanto éxito que decidieron expandir su narrativa a Flash, Legends Of Tomorrow Supergirl. La monstruosa casa productora de Stan Lee, por otro lado, decidió no quedarse atrás y, después de cerrar un jugoso contrato con Netflix, ya cuenta con temporadas de Daredevil Jessica Jonesen streaming, Luke Cage a punto de estrenarse y Iron Fist en producción, todo para culminar en un evento especial llamado The Defenders.

A mi parecer, resulta un tremendo acierto contar con universos televisivos donde, gracias a dicha plataforma, se pueden realizar casos de estudio de personaje y dedicar suficiente tiempo para desarrollar a sus protagonistas mientras las historias se desarrollan con tiempo y ritmo.

Algo que sucedió de maravilla con dos series que se estrenaron el año pasado: Supergirl Jessicas Jones. Las primeras superheroínas de cada casa productora en tener sus propias series. Ambas tan diferentes, tanto en su narrativa como en sus historias, como similares, gracias al mensaje positivo de equidad de género que atraviesa todos sus capítulos. Ambas series protagonizadas por personajes femeninos bien construidos: Kara y Jessica Jones, con una historia digna de contar y un discurso bien cimentado alrededor de las historias de vida de sus protagonistas.

En las dos nos encontramos con personajes femeninos y masculinos bien formados, que no compiten por protagonismo, que cuentan con representaciones que no caen en estereotipos ni reduccionismos típicos del género, que están formados por diferentes capas y características que los distinguen de los demás, con motivaciones y agencia propia.

Las vidas de Kara y Jessica Jones no podrían ser más diferentes. Sería demasiado simple si se pensaran como similares por el simple hecho de tener superpoderes. No, sus historias de vida son más que eso, son narrativas entrelazadas que convergen en diferentes aspectos, pero que se distancian en otros. Compararlas sólo por su posición como superheroínas significaría restarle complejidad a sus personajes.

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La historia de Kara en Supergirl comienza con la primera vez en que ella usa sus poderes para proteger a su hermana. La de Jessica Jones, cuando deja de usarlos para salvar a los demás y comienza a preocuparse de si misma. Ambas se preocupan por si mismas y su felicidad, independientemente de su exceso o falta de ellos.

Para Kara es esencial vivir su vida por completo, estableciendo una realidad como la chica de Krypton  que vive en la tierra, donde sus poderes no la definen, pero aportan grandes elementos en su vida. Jessica Jones, por el contrario, es todo lo contrario. Ella ya vivió su etapa de defensora de los débiles y, a diferencia de Kara, no le trajo más que malos recuerdos y un trauma severo. No necesita de sus poderes para hacer su trabajo, ni mucho menos le interesa llamar la atención.

Uno de los grandes aportes de ambas series es que ninguna de las dos necesita de otros personajes que las definan para validar su existencia en dicho universo. Kara no necesita de Superman para ser reconocida e institucionalizada como Supergirl, su presencia es meramente satelital. De la misma forma, Jessica Jones no necesita de Kilgrave, ni de los recuerdos traumáticos que él le provoca, para ser la mujer fuerte que es ahora. Cada una es un personaje con consciencia propia.

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Si en el mundo de Supergirl lo importante son las relaciones que Kara mantiene con sus amigos y familia, en el de Jessica Jones se le da relevancia a su independencia , su agencia y su capacidad de tomar decisiones por si misma y de si misma, sin necesidad de que ningún hombre ni otra persona lo haga por ella. Ambas realidades resultan ambivalentes , pero convergen en el mismo punto: en todo aquello que las hace fuertes, que las motiva, que las lleva a recorrer su propio camino.

Por ello, la manera en que relaciones son representadas en  en ambas series es clave, éstas no son definidas por el género. En el National City de Kara existen diversas relaciones de amistad fuertes entre hombres y mujeres (*gasp*) que no son, ni necesitan ser, entendidas como algo más. En el Hell’s Kitchen de Jessica Jones el acoso no es dulcificado ni premiado, al contrario, se muestra como parte, y consecuente resultado, de una relación obsesiva y enfermiza.

De la misma forma, ambas series equiparan a las relaciones humanas con el poder. Las graves consecuencias que la relación obsesiva que Jessica Jones mantuvo (en contra de su propia voluntad) con Kilgrave son efecto de la relación de poder y violencia simbólica , y física, en la que ella se vio obligada a vivir. La relación que Kara vive con Cat Grant , por otro lado, está cargada de poder, pero se alimenta de respeto mutuo. Ambas formas de entender a las relaciones empoderan a sus protagonistas.

"Hostile Takeover" -- Kara (Melissa Benoist, left) goes toe-to-toe with Astra when her aunt challenges Kara's beliefs about her mother. Also, Cat (Calista Flockhart, right) is threatened with being removed as the CEO of CatCo after a hacker exposes her private and damaging emails, on SUPERGIRL, Monday, Dec. 14 (8:00-9:00 PM, ET/PT) on the CBS Television Network. Photo: Trae Patton/CBS ©2015 CBS Broadcasting, Inc. All Rights Reserved

Donde los universos cinematográficos de Marvel y DC sufren, lo recompensan con sus universos televisivos. Un espectro tan grande necesita de plataformas y narrativas que le den la misma prioridad a los personajes que a la historia. Supergirl Jessica Jones son prueba de ello.

Jessica Jones y el poder sobre el cuerpo.

Disclaimer: La siguiente entrada la hago como fan de las series y de las películas, no como gran conocedor de cómics. Por lo tanto, la argumentación se centrará en técnicas narrativas audiovisuales.

SI han seguido de cerca este blog sabrán que no me considero muy fan de lo que hace Marvel con su Universo Cinematico (como podrán ver en este antiguo post). Me parece constreñido y poco diverso. Sin embargo, también sabrán que soy fan aguerrido de todo lo producido por Netflix. Las series de esta plataforma de streaming me parecen frescas y -gracias a su formato- llenas de profundidad y desarrollo de personajes. A mi parecer, ambas compañías trabajan de formas contrapuestas y muy diferentes.

Por eso, cuando me enteré de que Netflix produciría una serie de series (Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist) no estaba seguro del resultado que de esto devendría. Muchas otras veces un producto de Marvel me había emocionado y perdido en poco tiempo. Con ‘Jessica Jones’ pasó precisamente lo contrario.

En mi experiencia -y dentro del espectro de lo que he podido ver- una serio o película de superhéroes siempre centra sus primeros momentos para explicar el origen de sus poderes, sus motivaciones y (hasta cierto punto) filosofía. Algo que encuentro coherente, más no inherentemente necesario.

Con ‘Jessica Jones’ sucede totalmente lo contrario. La serie comienza con la protagonista siendo una detectiva privada, con un pasado turbio y un alcoholismo severo, resolviendo casos en la medida de lo que su sobriedad se lo permitiera. Sin embargo, cuando un caso la vuelve a unir con ‘Kilgrave’, un hombre que poco conoce los límites, la emoción arranca y no se detiene hasta el capítulo final.

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Con esto en mente, podemos ver que esta serie no se trata de cualquier otro producto manipulado por Marvel.  A mi parecer es. más bien, una historia creada por Netflix donde el gran corporativo del comic sólo tiene incidencia en dar su nombre y proporcionar los personajes.

Jessica Jones no es una heroína, ni pretende serlo, es una mujer que quiere vivir su vida sin ser molestada y que, coincidentemente, tiene super fuerza, y aquí es donde encuentro el primer punto interesante de la serie. Los poderes de Jessica son representados como un rasgo más de su persona.

Cuando en las demás historias de superhéroes los poderes parecen ser lo que definen al personaje -de verdad, intenten removerlos de cualquier héroe del MCU y verán que no se quedan más que con personajes planos, acartonados y sin motivos-, para Jones son sólo parte de su vida, como cualquier otro rasgo propio de ella. A cómo lo veo, sus poderes no tienen más injerencia en su vida que su preferencia sexual o color de cabello.

Rasgo que llama la atención del maniaco de Kilgrave, un hombre sin límites que tiene la capacidad de controlar la mente de la gente a su voluntad y precisamente es en él mismo donde encuentro el segundo punto a favor de la serie: la relación entre estos dos personajes. A Jessica no la definen ni sus poderes ni su pasado con Kilgrave. Sin embargo, Kilgrave hace lo contrario, la reduce a eso nada más -¿No les recuerda a, no sé, Marvel?- y se obstina en hacerla suya.

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Con esta idea es con lo que la serie toma toda fuerza y profundidad. En lugar de quedarse con una idea plana de agresor/víctima, ‘Jessica Jones’ se atreve a ir más allá y a descubrir las razones que permean esta relación. Incluso se mete tanto de lleno que se toma la libertad de tratar temas de importancia actual como el consentimiento, la violación y las relaciones de poder.

Mi ñoño interior comenzó a saltar de felicidad cuando vio que conceptos teóricos de sociología (tales como “Violencia simbólica”, “Subalternidad” y “Otredad”, entre otros) estaban siendo representados  con suficiente soltura y de forma tan sencilla y entendible en sus capítulos (sobre todo en el 9, ¡qué maravilla!).

En un mundo donde la violencia de género se impregan y escurre en todos los ámbitos de nuestra vida, resulta refrescante que una serie se dedique a explicar lo que significa el consentimiento (algo que muy pocas personas parecen entender) y los alcances que tiene en una persona cuando ésto no se respeta, cuando el individuo pierde poder sobre su cuerpo y otra persona decide lo que se hará con él, ¿les suena familiar?

Jessica, y el resto de las personas afectadas por Kilgrave, no son personajes ficiticios, son personas reales con conflictos reales. Son todas aquellas mujeres que se atraven a decir “no” y terminan muertas, son todos aquellos hombres que deciden vivir su masculinidad como mejor le plazca y terminan siendo rechazados, son todos las personas que son los únicos que tienen poder sobre su cuerpo y aún así son forzadas a hacer lo contrario.

No, Jessica Jones no es una víctima ni pretende serlo.  Sufrió mucho tiempo de violencia simólica y física por parte de Kilgrave, pero en ningún momento se dejó victimizar. Tampoco permite que esto la definiera como villana o heroína, ni mucho menos que destruya su vida, al contrario, simplemente sigue con su vida, tratando de dejar atrás todo el asunto.

Por supuesto, la serie tiene un puño de referencias a héroes de Marvel para tener a los fans de los comics muy contentos, pero no es sino en los temas de trasfondo donde de verdad se luce. Es ahí donde sé que Netflix de verdad sabe lo que hace y que, de una u otra manera, Marvel por fin está participando en proyectos que se dediquen a atraer gente que no lea sus comics. Algo que, sin lugar a dudas, celebro y sé reconocer.