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Visibilidad y producción de sentido en el cine con actores y actrices transgénero

Si tienes conexión a internet y has estado al tanto de las últimas noticias del mundo de la cultura pop, sabrás sobre las últimas noticias de la contratación y consecuente rechazo de Scarlett Johansson para retratar a un hombre transgénero en la película de Rub & Tug . Seguro te estarás preguntando ¿Por qué la gente y los medios están haciendo tanto escándalo por algo que parece ser tan sencillo y simple como la representación de un personaje en manos de una actriz que se dedica a hacer eso? ¡No temas! Que yo estoy aquí para explicarte.

Antes de meterme de lleno en el tema, me gustaría primero hacer una pequeña pausa y hablar un poco sobre la performatividad y la creación de sentido como preámbulo explicatorio. Como todos sabemos, el lenguaje es la forma más inmediata  y sencilla con la que los seres humanos nos comunicamos, al intercambiar ideas por medio de un sistema de formas y símbolos compartidos.  Cuando decimos algo, sabemos que el receptor nos va a entender porque esperamos que cuente con la misma estructura simbólica y de procesamiento de formas simbólicas que nosotros. Al comunicarnos, estamos produciendo sentido.

¿A qué me refiero con producir sentido? Esto hace referencia al proceso que realizamos al transformar y adaptar una idea en nuestra mente en una frase u oración que tenga sentido y coherencia para que el otro pueda entenderlo al momento de recibirla, sin necesidad de contar información extra. En cierto modo, al producir sentido estamos creando una realidad; y precisamente de esto se trata la performatividad, cuando enunciamos y nombramos algo, lo volvemos real.

Una manzana no es una manzana en nuestra mente hasta que la llamamos de esa forma, de la misma manera,  una persona transgénero no es transgénero hasta que la nombramos, hasta que le damos sentido y significado en nuestra mente. El proceso de nombrar a algo o alguien no solo crea sentido, sino que visibiliza lo que nuestra conciencia no había considerado o tomado en cuenta en cuanto a formas simbólicas se refiere. La performatividad es, en esencia, la representación de la realidad.

Es por ello que creo que la idea de la performatividad se adecua a la perfección a la hora de tratar de entender a las políticas de identidad y los problemas subsecuentes con los que se está topando Hollywood  con ellas. El cine, al ser también un lenguaje, está destinado a producir sentido y crear realidades al nombrar lo que está poniendo y representando en pantalla.

En la actualidad existe una gran variedad de actores y actrices transgénero capaces de dar vida a cualquier papel que se les requiera ya  los que ni siquiera se les está considerando para hacerlo. También existe todo este grupo de actores y actrices cisgénero a los que se les están dando aquellas oportunidades y a los que se les están otorgando papeles de personajes transgénero sin dudarlo, muchos de ellos aplaudidos, reconocidos como personas valientes y merecedores de diversos premios por ello.

Si a los actores y actrices transgénero no se les está brindando las oportunidades necesarias para aparecer en alguna película o interpretar cualquier papel, ¿por qué ni siquiera se les está considerando a la hora de realizar audiciones para un papel de un personaje transgénero? En un ambiente sobrepoblado por hombres heterosexuales que son representados una y otra vez en diversos filmes por actores cisgénero, debería de haber también cabida de las voces trans para participar en los espacios y tomar los papeles que se les han estado negando.

Lo que Hollywood hace al darle el papel de un hombre transgénero a una actriz que no lo es, es producir sentido y crear una realidad. Con ello, las grandes casas productoras están enunciando explícitamente que las voces diversas no existen y, por lo tanto, son invisibles y no tienen cabida en el medio. Por supuesto que una actriz como Scarlett Johansson puede interpretar un personaje transgénero sin lugar a dudas, pero ese no es el problema. El verdadero problema es el rechazo e invisibilización sistemática de la diversidad en el medio al desaparecer las voces trans.

Seguro estarás preguntándote —y lo digo porque he leído este tipo de argumentos numerosas veces— “¿Entonces qué sucede con los actores y actrices digamos, caníbales, que no fueron considerados para el papel de Hannibal Lecter en Silence Of The Lambs o las amas de casa que no buscaron a la hora de contratar actrices para The Stepford Wives?” Yo te respondería que una cosa no tiene nada que ver con la otra, porque  1) como suele pasar mucho actualmente, estás confundiendo estilo de vida con identidad de género,  mientras la primera se decide, la segunda es algo con lo que se nace y 2) ni los caníbales, ni las amas de casa han sido catalogadas como un género cinematográfico ni han sido sistemáticamente utilizadas como herramientas narrativas a la disposición de un actor o actriz que en busca de “intepretar un papel valiente”.

Por ello, resulta importante y muy relevante celebrar los avances que la televisión ha comenzando a lograr con series como el nuevo proyecto de Ryan Murphy,  Pose, que cuenta con el cast más grande de personas transgénero en la historia de la televisión, o Transparent —a pesar del casting de Jeffrey Tambor como una mujer transgénero— que le ha otorgado grandes papeles de personajes transgénero a actrices transgénero o Sense8, una de las primeras series en darle a una actriz transgénero un papel protagónico, o la más reciente noticia de Supergirl, la cual contará una superheroína abiertamente transgénero, interpretada por una actriz transgénero en su siguiente temporada.

La representación  es importante, sobre todo cuando se trata de un medio y un lenguaje que crea y produce sentido con cada producto que lanza al mercado, como lo es el cine. Si el entorno social donde nos desarrollamos está lleno de diversidad y voces alternantes, resultaría coherente ver eso reflejado en la pantalla grande por personas que lo viven día a día en carne propia, no solo por la capacidad que tienen de incluir su experiencia en su interpretación, sino que también porque ya es hora de que comiencen a habitar los espacios e intepretar los papeles que sistemáticamente les han sido negados una y otra vez.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La performatividad de salir del clóset.

“A mi se me hace que es joto”, “Yo no sé porqué no sale del clóset si claramente se ve que es gay”, “¿No se te hace que el novio de fulana es maricón? Pobrecita, no se ha dado cuenta”, “Yo creo que ya va siendo hora de que le digas a tus papás que eres gay, ¿no lo crees?”, “¿A poco no has salido del clóset? Si te ves bien joto”, ¿Les suena familiar?

Hola, mi nombre es Diego y salí del clóset hace 10 años (¡Hola Diego!). Si no me hubiera puesto a hacer memoria, no hubiera caído en la cuenta de que justo por estas fechas, hace 10 años, fue cuando decidí dar uno de los pasos más complicados, pero satisfactorios, de mi vida: aceptar -y abrazar- mi homosexualidad.

Salir del clóset no sólo es un proceso personal, sino que también es un acto performativo. Judith Butler (2002) define al acto performativo como formas de habla que autorizan (…) si el poder que tiene el discurso para producir aquello que nombra está asociado a la cuestión de la performatividad, luego la performatividad es una esfera en la que el poder actúa como discurso.

Salir del clóset significa nombrar  tu realidad para (valga la redundancia) volverlo real. Esto no es real hasta que lo nombras, hasta que lo dices fuerte, hasta que lo conviertes en algo real, tangible e inamovible en tu vida. Por eso es que creo fervientemente quese trata de  un proceso tan íntimo y personal.

Sin embargo, muchas personas -demasiadas para ser sincero- lo entienden al revés y se aferran por convertir un momento de intimidad en un espectáculo público. No, una persona que no ha salido del clóset no necesita que le digan cuándo y cómo debe hacerlo. No, salir del clóset lleva su tiempo, tiene un proceso y un modo de hacerlo muy personal.

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Aún, a la fecha, no deja de sorprenderme cómo los medios y nosotros mismos, como sociedad, presionamos tanto a las figuras públicas para salir del clóset que no les queda otra que hacerlo público, sin importar el proceso que están viviendo o la forma en que están tratando de entenderlo.

¿De verdad nos importa si Pedro Sola no había querido salir del clóset? ¿Es realmente tan importante saber si Ricky Martin era homosexual cuando anduvo con tal o cual actriz famosa? ¿De verdad es necesario comunicarle a todos tus compañeros de trabajo tu preocupación sobre la tardanza de fulano o sutano para hacer pública su homosexualidad? No, de nadie es asunto más que de la misma persona.

A mi parecer, obligar a una persona a salir del clóset es uno de los actos más violentos que puede una persona puede inflingir  sobre otra. Debido a su carácter performativo, el proceso de aceptación no es sencillo ni rápido. Muchas veces, la persona en cuestión no está preparada para vivirlo, para confrontar una realidad que desde hace mucho pensaba nombrar, pero no tenía el valor para hacerlo. Por ello, nadie debería tener poder sobre el acto performativo de alguien.

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¿Tienes ganas de hablar sobre la sexualidad de una persona? Comparte más sobre la tuya, ¿Te llama la atención la forma en que una persona acepta su sexualidad? Trata de entenderla en lugar de juzgarla, ¿Te preocupa que mengano no haya salido del clóset y no esté viviendo los mejores años de su vida? Deja que lo haga a su tiempo y cómo crea que es mejor.

Nombrar es un acto cotidiano, dejar que cada persona nombre su propia realidad es el verdadero acto performativo.

Bibliografía:

Butler, J. (2002) Cuerpos que importan, Editorial Paidós.