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Jurassic World: un discurso moralista para los soñadores.

El fin de semana pasado se estrenó la espectacular cinta ‘Jurassic World’ (con una entrada de más de $500 millones de dólares el primer fin de semana en Box Office). Seguro que para cuando leas esta entrada -y a menos de que vivas bajo una piedra- ya habrás visto la película y concordarás conmigo: es un excelente ejemplo de lo que debe de ser un blockbuster de verano.

Sin embargo, esta publicación no tiene como fin centrarse en la awesomness de la película, sino en otro pequeño detalle: el alimento preferido de los dinosaurios (en esta película) y las implicaciones morales que de esto deviene.

ATENCIÓN: Si ya viste la película, puede seguir leyendo. Si no, vienen muchos SPOILERS de muertes relevantes en la película (duh!)

Si hay algo que ha distinguido a (casi todas) las películas de Jurassic Park (et.al.) ha sido la figura tan representativa que tienen los dinosaurios dentro de la narrativa: depredadores que disfrutan de matar humanos a manera de venganza y/o alimento. Así, podemos recorrer una extensa galería de muertes (unas más graficas que otras) causadas por T.Rex, velocirraptors y pterodactilos en las primera tres películas.

En ‘Jurassic World’ también contamos con un maligno depredador que se dedica a causar un caos en la isla Nublar: la Indominus Rex. Una criatura creada en el laboratorio con extractos de diferentes dinosaurios (entre ellos el T.Rex y ¡SPOILERS! los velocirraptors) y otros animales salvajes.

Sin embargo, mientras que  en las primeras dos películas (la tres fingiré que no existe), los T. Rex se dedican a cazar humanos a manera de vendetta (y en algunos caso por hambre) al momento en que su hábitat es amenazado,  la Indominus Rex (como bien nos explica Owen al principio de la película) lo hace por deporte. La enorme anomalía genética se encarga de matar dinosaurios y personas por igual.

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Ahora bien, me gustaría centrarme específicamente en el caso de las personas que se configuran como parte de su alimento (incluyendo las consumidas por Raptors y Pterodactilos también): todos y cada uno de los individuos que caen en las garras de estos temibles depredadores son personas “malas”,  o “maleables”, en esencia.

Los dos guardias de seguridad que mueren en la jaula de la Indominus Rex representan el control, aparte de ser personas confiadas y descaradas; los soldados representan la violencia; Masrani representa el capitalismo al mismo tiempo que-esencialmente- es un individuo presumido; la asistente de Claire representa la indiferencia y la egolatría; y Hoskins: el antagonista y máximo representador de la armamentización de los dinosaurios.

En esencia, todos estos personajes (en diferentes niveles de caracterización) representan todo lo malo de la sociedad. Aunado a ello, todos (de alguna u otra forma) buscan detener la libertad de los animales y convertirla en una atracción. Todos se contraponen directamente con el discurso aspiracional de ‘Jurassic Park’.

En contrapunto, nos encontramos con las personas que sí sobreviven: Claire, la empresaria controladora pero que tiene un noble corazón; Owen, el defensor de la vida y de la aventura; Lowery, el adulto que se niega a crecer y sigue soñando con dinosaurios; y Zach y Gray representantes de la inocencia y la imaginación.

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Estos personajes son los que justifican (de alguna u otra forma) la idea de John Hammond en la primera película: la posibilidad de coexistir con otras formas de vida y la oportunidad de maravillarnos con lo desconocido.

Este discurso no debe de ser tomado a la ligera. Los creadores de ‘Jurassic World’ saben exactamente lo que quieren decir con ello, y nos pintan un futuro muy poco prometedor para los amantes de los dinosaurios y (a un nivel más superior) para los que somos soñadores. Sin embargo, con las acciones de los mismos dinosaurios, nos brindan esperanza.

No hace falta una lectura profunda para encontrarnos con dicho discurso. De cierta manera, los dinosaurios de ‘Jurassic World’ toman posiciones moralistas, y se encargan de deshacerse de los individuos que atentan contra su propia existencia, abriendo paso para que el resto de lo soñadores (Lowery en su máximo esplendor) podamos seguir imaginando un mundo de posibilidades infinitas.

Así que no, con esta publicación no quiero decir que condono, ni justifico, el uso de la violencia como el único medio capaz de ayudarnos a hacer justicia. Sin embargo, en un nivel simbólico, destruir los pensamientos negativos propios puede ser la única solución para seguir soñando.

El dinero,  la ambición,  y la egolatría pueden ser siempre nuestros peores enemigos cuando de soñar se trata, pero nosotros contamos con las herramientas (unas más violentas que otras) para eliminar esos pensamientos negativos y formar nuestro propio camino: una isla Nublar donde los dinosaurios sean capaces de defender a los soñadores de los pesimistas.