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Mujeres dentro de refrigeradores: un modo violento de avanzar la trama en el cine y los comics

Hoy en día, analizar el rol que las mujeres tienen — y han tenido— a lo largo de la historia del cine, significa encontrarnos inmediatamente con una historia muy accidentada que ha sido injusta, en todos los aspectos posibles, con sus personajes femeninos y las actrices que les han dado vida. Desde el surgimiento de la damisela en peligro hasta el abuso y sexualización continuo de los cuerpos femeninos, el cine se ha encargado de reflejar perfectamente lo que la sociedad piensa de sus mujeres y lo que está dispuesto a hacer con ellas.

Aún, a la fecha, es muy común toparnos con Smurfettes y cuerpos femeninos sexualizados por el male gaze o con mujeres protagonistas despojadas de total agencia por sus contrapartes masculinaso con el terrible doble estándar con el que se sigue juzgando a las mujeres en el cine y que sigue reptando las películas taquilleras del momento. Y, aunque ya existen grandes esfuerzos para tratar de resarcir el mal que se ha hecho y se han comenzado a contar historias desde una perspectiva femenina matizada y bien elaborada, Hollywood insiste en seguir quedándose atrás en cuanto a representación femenina se trata.

Lo que me lleva a hablar de una práctica común que sigue haciéndose y que, francamente, me sorprende que aún exista: Women in Refrigerators. Éste hace referencia a los personajes femeninos —que son casi siempre tratados como desechables— cuyo único propósito, y motivo de existir, es ser atacadas para motivar al héroe a vengarse y poder avanzar con la historia. Estas mujeres no son más que herramientas narrativas a la merced de los escritores.

Este término, también llamado fridging, tiene su origen directamente ligado al mundo de los cómics, donde la escritora Gail Simone decidió llamarlo así después de ver las formas tan violentas con que las mujeres eran tratadas. Éste surge a partir de la brutal muerte de Alexandra DeWitt, en un número de Green Lantern, donde su cuerpo es dejado dentro de un refrigerador para ser encontrado por el protagonista Kyle Rayner (Green Lantern).

La escritora luego abrió un sitio web con el mismo nombre, donde se encargó de hacer una lista de personajes femeninos pertenecientes a diferentes cómics, que fueron violadas, despojadas de poder y agencia, torturadas o asesinadas con la única intención de motivar a los personajes masculinos a vengarlas y avanzar la trama. Normalmente este puesto es tomado por las novias, esposas, madres o hermanas de los protagonistas masculinos.

La razón de existir de esta práctica es jugar con la idea del fracaso del arquetipo masculino y la idea de lo que significa ser un hombre, ya que atenta directamente contra la masculinidad del héroe, al adscribirse a una de las ideas centrales de los roles de género tradicionales, donde la labor del hombre es proteger y cuidar a las mujeres que lo rodean.

De esa forma, podemos ver este concepto perfectamente alineado con el arco de Barbara Gordon en The Killing Joke, de Alan Moore, donde los actos de violencia y brutalidad que The Joker realiza en ella —incluyendo una violación— son tales que motivan a Batman a vengarse en su nombre para avanzar la trama.

Esta práctica también forma parte de una larga lista de películas que ha usado, y abusado,  de sus personajes femeninos para avanzar la trama en favor de los masculinos y que los filmes de superhérores y las revenge movies se han encargado de liderar.

Deadpool 2, haciendo honor a sus raíces del mundo de los comics, decidió usar el fridging no solo con uno de sus personajes, sino con tres de ellos. Primero, al asesinar a Vanessa (Morena Baccarin) al principio del filme con el único propósito de arrancar la historia y motivar a Wade Wilson (Ryan Reynolds) a vengarse, y después al decidir matar a la esposa e hija— los cuales ni siquiera se molestaron en darles nombre— de Cable (Josh Brolin) para obligarlo a cruzar su camino con Deadpool y avanzar la narrativa.

Lo mismo sucede con The Equalizer y su secuela, The Equalizer 2, donde la historia de venganza de Robert McCall (Denzel Washington) comienza cuando decide castigar a los perpretadores de la brutal golpiza que le propinan a Alina (Chloë Grace Moretz) en la primera película y a los asesinos de su amiga Susan (Melissa Leo) en la segunda. Ambas relegadas al papel de damiselas en peligro desde el principio del filme.

Recientemente, los hombres también han sido víctimas del fridging, ahí tenemos al tío Ben en la película de Spider-Man, Odín en Thor: Ragnarok  y T’Chacka en Captain America: Civil War, sin embargo, y a diferencia de las mujeres, sus muertes los han convertido en modelos a seguir y figuras inspiracionales que ayudan a trazar el camino que el héroe recorre en su arco narrativo, mientras que los personajes femeninos han sido transformados automáticamente en  damiselas indefensas que son torturadas y desposeídas de toda agencia, sin respeto alguno por su existencia o lo que intentan representar.

La forma en que tratamos a los personajes femeninos en los medios, la cultura pop y en general en la vida real, determina la manera en que seguimos tratando a las mujeres y los modos en las que las representaremos. Por ello, es importante no solo contar con una amplia variedad de los mismos, sino comenzar a darles historias ricas y bien formadas que no las impliquen en actos brutales que las transformen automáticamente en recéptaculos de violencia necesaria para motivar a un personaje masculino a comenzar su historia.

Las mujeres son personas  complejas, no objetos ni herramientas narrativas que existen detrás de las historias de los hombres. Por ello, debemos comenzar a tratarlas como tal en los productos audiovisuales que creamos y consumimos, así como en los entornos sociales en los que nos desarrollamos a diario.