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El desinterés por las experiencias femeninas en The Umbrella Academy

Disclaimer: No he tenido la oportunidad de leer el cómic de The Umbrella Academy con en el que está basada la serie de Netflix, por lo que me gustaría aclarar que esta entrada está hecha con base a un análisis enfocado enteramente en el show de Netflix, sus historias y las formas en que decidieron retratar a los personajes principales, sobre todo, a sus personajes femeninos.

Disclaimer 2: Esta entrada cuenta con spoilers menores de la primera temporada de The Umbrella Academy.

Recientemente, Netflix estrenó la primera temporada de The Umbrella Academy, una serie que se centra en la historia de 6 individuos con diferentes superpoderes y que, por diferentes razones, terminan formando parte de una familia de hermanos y hermanas adoptivas que no son capaces de lidiar con la realidad y a los problemas a los que se tienen que enfrentar.

Esta serie está basada en el comic del mismo nombre — que es compuesta por tres series limitadas— y que fue escrita por Gerard Way (sí, el vocalista de My Chemical Romance) e ilustrada por Gabriel Bá. Dicha adaptación, por lo que he leído en internet, se tomó muchas libertades en cuanto a la obra original respecta. En esencia, los creadores adecuaron las ideas básicas de la obra ilustrada, los personajes y los momentos importantes, para contar una historia.

La premisa de esta primera temporada es simple, 6 hermanos y hermanas, que fueron adoptados debido a las condiciones extrañas en las que nacieron, tratan de lidiar con la muerte de su padre, mientras hacen todo lo que pueden para detener el inminente apocalipsis que sucederá en el futuro cercano.

Los personajes principales son 6: Luther (Tom Hopper) un individuo con fuerza sobrehumana, Diego (David Castañeda) quién tiene un talento innato para usar todo tipo de cuchillos como armas, Allison (Emmy Raver-Lampman) que puede alterar la realidad y la forma en la que suceden las cosas al mentir, Klaus (Robert Sheehan) que tiene la habilidad de hablar con los muertos, Five (Aidan Gallagher) que puede viajar en el tiempo y moverse de un lugar a otro en cuestión de segundos y Vanya (Ellen Page), la única de la familia que parece ser la más ordinaria de todos.

A pesar de ser una serie de acción, lo que más destaca de The Umbrella Academy — y lo que la serie realmente vende — son los personajes que conforman a dicha familia. El show hace un buen trabajo al presentar las motivaciones y los arcos individuales de algunos de los protagonistas desde el primer capítulo, pero falla de la peor manera al enfocar dichos esfuerzos solo en los personajes masculinos y dejando de lado a una parte esencial del núcleo familiar: los femeninos

En el caso particular de los hombres, desde el principio nos dan a conocer la historia de los 4 hermanos vivos. Luther es la cabeza del grupo y, por lo tanto, el que se siente responsable del resto; Diego es el miembro impredecible de la familia que se ve confrontado por sus peores miedos; Klaus es un adicto en recuperación que tiene que vivir con sus monstruos a diario: las personas que han muerto a su alrededor que lo siguen a todas partes y la idea de que sus hermanos no creen en él, ni en lo que dice, y Five, un hombre de 60 años que vive en el cuerpo de un niño de 13, tratando de encontrar la forma de prevenir el apocalipsis.

Como podemos ver, éstos son personajes bien definidos, con matices e historias dignas de contar a lo largo de la temporada. Cada uno con miedos, problemas propios y un superpoder — o habilidad — con el que pueden aportar algo a la mesa a la hora de la llegada del apocalipsis. Todo lo contrario a lo que sucede en el caso de sus hermanas.

En The Umbrella Academy, los personajes femeninos sufren lo que muchos otros viven a diario en películas y shows que son escritos y dirigidos, en su mayoría, por hombres: la relegación de mujeres protagonistas a historias emocionales y/o sentimentales sin (o con poco) impacto en el arco central, y la utilización desproporcionada de mujeres con papeles secundarios, como herramientas narrativas para motivar las acciones de los personajes masculinos.

En la actualidad, muchos creadores de series siguen creyendo que el papel de las mujeres — por muchos superpoderes y talentos de liderazgo que puedan tener — sigue siendo el de cuidar, trabajar y vivir a través de las emociones que son resultado de sus relaciones personales y de los individuos que las conforman, mientras que el de los hombres es el de resolver los problemas alrededor de ellas.

Es por eso que, mientras que Vanya se tiene que conformar con una narrativa que gira alrededor de la consumación de una posible relación amorosa con uno de sus estudiantes de violín, a Allison no le queda más — porque los escritores ni siquiera se molestaron en darle una personalidad propia, más allá de su carrera de actriz — que recordar con tristeza a su hija y a su divorcio, mientras funciona como el interés amoroso de Luther.

De hecho, los creadores le dan tan poco protagonismo a Allison, y le tienen tan poca fe a su personaje, que en el total de capítulos que conforman a la primera temporada, solo la vemos usar su poder — algo tan interesante como tener la habilidad de controlar y manipular la realidad como la conocemos — en dos ocasiones y por medio de flashbacks; mientras que sus hermanos, en comparación, usan los suyos al menos dos veces por capítulo, en diferentes formas.

La presencia de Allison y Vanya es tan irrelevante para el show, que ni siquiera son incluidas en los capítulos en los que el resto de sus hermanos están avanzando y resolviendo misterios relacionados con el apocalipsis. Su existencia es tan dada por sentado, que incluso hay un capítulo en el que, mientras los 4 hombres forman un equipo para tratar de ayudar a Five a encontrar una solución al problema que los aqueja, las mujeres se dedican en su totalidad a discutir sobre el posible interés amoroso de Vanya y las emociones que ello implica.

Al final de cuentas, lo único que provoca este constante desinterés de otorgarle historias propias y agencia a las mujeres, así como una voz única que sea capaz de diferenciarse del resto del cast masculino, es que los últimos capítulos de la temporada pierdan todo impacto al intentar regresarles el protagonismo a los únicos personajes femeninos que formaban parte de una historia que nunca tuvo la intención de hacerlo en un principio.

Una decisión que se siente, más bien, como parte de un compromiso que tenían los creadores por cumplir, con una lista de requerimientos de momentos cruciales, presentes en el cómic, que era necesario contar, y no como una narrativa bien pensada y estructurada desde el inicio.

Lo mismo sucede con el resto de los personajes femeninos que existen en el ecosistema de la serie, aquellos que tampoco tienen la oportunidad de gozar de una historia propia; como es el caso de Eudora Patch (Ashley Madekwe), una policía que se encuentra tras los pasos de Five, antes de convertirse en otra víctima más del trope de Mujeres en Refrigeradores, al ser brutalmente asesinada en los primeros capítulos para poder justificar las motivaciones detrás del personaje de Diego.

O Grace (Jordan Claire Robbins), una mujer-robot cuyo único fin en la serie es el de fungir como madre sustituta de los hermanos y hermanas adoptivas, antes de ser destruida dos veces a lo largo de la temporada, para — una vez más — darle una motivación al personaje de Diego.

Si algo hemos aprendido a lo largo del tiempo — y que no me canso de argumentar— es que la industria del entretenimiento tiene que comenzar a abrir más sus espacios de trabajo para incluir a mujeres que cuenten y hablen desde sus experiencias.

Si bien The Umbrella Academy cuenta con la presencia de un escritora y una directora a lo largo de la primera temporada, su influencia no es suficiente, ya que se ve claramente opacada por la presencia de los 12 hombres que se encargaron de escribir y dirigir el resto de los capítulos. Por ello es importante la presencia equitativa de voces femeninas.

De lo contrario, nos seguiremos encontrando con series de televisión y películas, que decidirán deliberadamente utilizar a sus personajes femeninos como herramientas narrativas antes de siquiera considerarlos como la representación directa de individuos con miedos, preocupaciones e historias lo suficientemente interesantes por contar, y que vayan más allá del estereotipo.

Mujeres dentro de refrigeradores: un modo violento de avanzar la trama en el cine y los comics

Hoy en día, analizar el rol que las mujeres tienen — y han tenido— a lo largo de la historia del cine, significa encontrarnos inmediatamente con una historia muy accidentada que ha sido injusta, en todos los aspectos posibles, con sus personajes femeninos y las actrices que les han dado vida. Desde el surgimiento de la damisela en peligro hasta el abuso y sexualización continuo de los cuerpos femeninos, el cine se ha encargado de reflejar perfectamente lo que la sociedad piensa de sus mujeres y lo que está dispuesto a hacer con ellas.

Aún, a la fecha, es muy común toparnos con Smurfettes y cuerpos femeninos sexualizados por el male gaze o con mujeres protagonistas despojadas de total agencia por sus contrapartes masculinaso con el terrible doble estándar con el que se sigue juzgando a las mujeres en el cine y que sigue reptando las películas taquilleras del momento. Y, aunque ya existen grandes esfuerzos para tratar de resarcir el mal que se ha hecho y se han comenzado a contar historias desde una perspectiva femenina matizada y bien elaborada, Hollywood insiste en seguir quedándose atrás en cuanto a representación femenina se trata.

Lo que me lleva a hablar de una práctica común que sigue haciéndose y que, francamente, me sorprende que aún exista: Women in Refrigerators. Éste hace referencia a los personajes femeninos —que son casi siempre tratados como desechables— cuyo único propósito, y motivo de existir, es ser atacadas para motivar al héroe a vengarse y poder avanzar con la historia. Estas mujeres no son más que herramientas narrativas a la merced de los escritores.

Este término, también llamado fridging, tiene su origen directamente ligado al mundo de los cómics, donde la escritora Gail Simone decidió llamarlo así después de ver las formas tan violentas con que las mujeres eran tratadas. Éste surge a partir de la brutal muerte de Alexandra DeWitt, en un número de Green Lantern, donde su cuerpo es dejado dentro de un refrigerador para ser encontrado por el protagonista Kyle Rayner (Green Lantern).

La escritora luego abrió un sitio web con el mismo nombre, donde se encargó de hacer una lista de personajes femeninos pertenecientes a diferentes cómics, que fueron violadas, despojadas de poder y agencia, torturadas o asesinadas con la única intención de motivar a los personajes masculinos a vengarlas y avanzar la trama. Normalmente este puesto es tomado por las novias, esposas, madres o hermanas de los protagonistas masculinos.

La razón de existir de esta práctica es jugar con la idea del fracaso del arquetipo masculino y la idea de lo que significa ser un hombre, ya que atenta directamente contra la masculinidad del héroe, al adscribirse a una de las ideas centrales de los roles de género tradicionales, donde la labor del hombre es proteger y cuidar a las mujeres que lo rodean.

De esa forma, podemos ver este concepto perfectamente alineado con el arco de Barbara Gordon en The Killing Joke, de Alan Moore, donde los actos de violencia y brutalidad que The Joker realiza en ella —incluyendo una violación— son tales que motivan a Batman a vengarse en su nombre para avanzar la trama.

Esta práctica también forma parte de una larga lista de películas que ha usado, y abusado,  de sus personajes femeninos para avanzar la trama en favor de los masculinos y que los filmes de superhérores y las revenge movies se han encargado de liderar.

Deadpool 2, haciendo honor a sus raíces del mundo de los comics, decidió usar el fridging no solo con uno de sus personajes, sino con tres de ellos. Primero, al asesinar a Vanessa (Morena Baccarin) al principio del filme con el único propósito de arrancar la historia y motivar a Wade Wilson (Ryan Reynolds) a vengarse, y después al decidir matar a la esposa e hija— los cuales ni siquiera se molestaron en darles nombre— de Cable (Josh Brolin) para obligarlo a cruzar su camino con Deadpool y avanzar la narrativa.

Lo mismo sucede con The Equalizer y su secuela, The Equalizer 2, donde la historia de venganza de Robert McCall (Denzel Washington) comienza cuando decide castigar a los perpretadores de la brutal golpiza que le propinan a Alina (Chloë Grace Moretz) en la primera película y a los asesinos de su amiga Susan (Melissa Leo) en la segunda. Ambas relegadas al papel de damiselas en peligro desde el principio del filme.

Recientemente, los hombres también han sido víctimas del fridging, ahí tenemos al tío Ben en la película de Spider-Man, Odín en Thor: Ragnarok  y T’Chacka en Captain America: Civil War, sin embargo, y a diferencia de las mujeres, sus muertes los han convertido en modelos a seguir y figuras inspiracionales que ayudan a trazar el camino que el héroe recorre en su arco narrativo, mientras que los personajes femeninos han sido transformados automáticamente en  damiselas indefensas que son torturadas y desposeídas de toda agencia, sin respeto alguno por su existencia o lo que intentan representar.

La forma en que tratamos a los personajes femeninos en los medios, la cultura pop y en general en la vida real, determina la manera en que seguimos tratando a las mujeres y los modos en las que las representaremos. Por ello, es importante no solo contar con una amplia variedad de los mismos, sino comenzar a darles historias ricas y bien formadas que no las impliquen en actos brutales que las transformen automáticamente en recéptaculos de violencia necesaria para motivar a un personaje masculino a comenzar su historia.

Las mujeres son personas  complejas, no objetos ni herramientas narrativas que existen detrás de las historias de los hombres. Por ello, debemos comenzar a tratarlas como tal en los productos audiovisuales que creamos y consumimos, así como en los entornos sociales en los que nos desarrollamos a diario.