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Tenemos un problema de perspectiva en Hollywood.

Es un hecho, Hollywood sigue siendo una máquina fílmica sexista que le interesa poco el punto de vista femenino detrás de sus películas y que, cuando sucede lo contrario, le da la espalda a las directoras y realizadoras al momento de reconocer su trabajo.

Aún cuando miles y millones  de veces se ha intentado mostrar y demostrar la importancia de la perspectiva femenina en el cine actual, el punto de vista masculino sigue siendo el imperativo en el mundo de las películas, tanto delante como detrás de cámaras.

Esto no es más que resultado directo de la sociedad en la que vivimos, donde la perspectiva masculina es la hegemónica y donde las experiencias de vida, así como los relatos e historias, son tomadas en cuenta desde el punto de vista masculino.

Con ello, no quiero decir que contar con una mirada masculina detrás de un proyecto es algo necesariamente negativo, sino que, más bien, el exceso de perspectivas similares no solo acapara y monopoliza el discurso, sino que propicia , voluntaria o involuntariamente, que el resto de miradas se pierdan en el camino.

El problema, entonces, radica en la unilateralidad de visiones. Todos los días nos enfrentamos a un mundo donde las historias que vemos y consumimos a diario son vistas con el mismo lente, y contadas con la misma voz. Un mundo donde la falta de representación femenina nos condiciona a creer que la realidad y la perspectiva deben ser alineadas con y hacia lo masculino.

La incidencia masculina hegemónica en la creación de películas influye al discurso fílmico, en gran manera, de diferentes formas y con una enorme variedad de aristas, donde la dirección, el guión, la producción e incluso la actuación se ven afectadas.

En el caso de la dirección, el punto de vista masculino es tan permanente y recalcitrante que incluso existe un término (a veces derogativo) para nombrar a la perspectiva (casi siempre) sexista detrás de la cámara masculina: The male gaze. 

The male gaze se puede identificar de diversas formas en una película: en el vestuario que usan los personajes femeninos, en la forma que la cámara encuadra y decide enfocar a los cuerpos femeninos o, incluso, en las actuaciones reductivas de los personajes femeninos.

El mejor, y más actual, ejemplo de ello puede ilustrarse de manera clara en la modificación de la armadura de pelea que usan las Amazonas en Wonder Woman, dirigida por Patty Jenkins, y los bikinis ajustados que usan en Justice League de Zach Snyder. Misma película donde el trasero de Diana Prince es protagonista de una cantidad exhorbitante de tomas.

La dirección de un filme no es la única víctima de la mirada hegemónica masculina, el guión también lo es. Debido a que la escritura corresponde a la espina dorsal de una historia, es común encontrar una representación errónea y superficial de personajes femeninos. Una película que no tiene voces femeninas que cuenten historias diferentes, solo propicia la creación de tropes* reductivos y personajes sin forma ni caracterización.

Uno de los tropes más usados, voluntaria o involuntariamente,  en las películas es el de The Smurfette Principle , aquel donde, tal como en la caricatura de The Smurfs, es común encontrar en un filme a un grupo de hombres protagonistas con una gran variedad de historias, y experiencias, masculinas por contar y solo a una mujer que los acompañe. Cuando este personaje tiene un papel principal, usualmente es relegada a ser interés amoroso, cuando no lo es, se reduce a un objeto que ayuda a avanzar la historia a algún lado.

Este trope surgió como respuesta práctica de Hollywood a la falta de personajes femeninos en sus películas. A final de cuentas, para ellos resulta mejor tener una “voz femenina” que funcione como depositario de todas las fantasías masculinas, que ninguna ¿no es así?

A lo largo de la historia ha existido una increíble variedad de Smurfettes que se han catapultado como intereses amorosos o motivaciones de nuestros protagonistas masculinos favoritos: Tess Ocean (Julia Roberts) existía en Ocean’s Eleven solo para fungir como interés amoroso y motivación personal de Danny Ocean, Henley Reeves (Isla Fisher) correspondía al avatar de la población femenina que buscaba representar Now You See Me , Lula May (Lizzy Caplan) tomó su lugar en Now You See Me 2 y Black Widow (Scarlett Johansson) se convirtió en interés amoroso de Hulk en Avengers 2 de forma tan precipitada que ni siquiera el equipo creativo detrás de la película se molestó en crear una historia de fondo de valor para ella.

Tomando de nuevo el ejemplo de Justice League, Diana Prince también representa a esa Smurfette rodeada por un grupo de hombres, y cuyo fin es reducido en solo una escena cuando pasa de ser la líder del grupo a convertirse en un interés amoroso para Batman. Lois Lane y Martha Kent, por otro lado, son representadas como los objetos de deseo de Superman que lo motivan a ayudar al equipo y, por consecuencia, a avanzar la historia.

Existe también un tipo de escritura que intenta evitar usar a The Smurfette Principle en sus guiones:  agregar a 2 o más personajes femeninos en su historia. A simple vista, esta acción parece apuntar a querer mejorar la representación femenina en las historias, sin embargo, el problema radica en la forma en la que lo hacen.

Bajo el punto de vista masculino hegemónico los personajes femeninos solo pueden convivir en una historia de tres formas diferentes:  a) alejadas unas de las otras,  b) juntas pero discutiendo solo sobre sus contrapartes masculinas o c) siendo enemigas mortales.

Eleven y Max de Stranger Things son el mejor de ejemplo de la conjunción de estas tres variantes. A lo largo de la segunda temporada, los hermanos Duffer colocan a dichos personajes en puntos alejados donde pasan la mayor parte del tiempo sin conocerse y distanciadas la una de la otra. Eventualmente, las dos cruzan caminos, sin embargo, al hacerlo, crece una enemistad fuerte entre ellas debido a un malentendido y una disputa por Mike, el amigo más cercano de la segunda y el amor platónico de la primera.

Por ello, y muchas otras cosas, es que es importante contar con una variedad de perspectivas detrás de las historias que consumimos a diario y nosotros como audiencia podemos hacer mucho para que esto comience a suceder. Como primera instancia, podemos comenzar apoyar los filmes dirigidos y escritos por mujeres y cuestionar los que no.

Mi sugerencia es que, la próxima vez que veas una película, serie, videojuego o producto audiovisual de tus creadores masculinos favoritos, comienza a considerar las siguientes interrogativas: ¿La historia cuenta con más de un personaje femenino? ¿Las tomas se encargan de encuadrarla a ella de frente y enfocándose en su cara no en su cuerpo? ¿Hay más personajes femeninos que la acompañen? ¿Comparten escenas juntas? ¿Hablan entre ellas? ¿Son algo más que enemigas? ¿Discuten sobre algo más que no sean sus contrapartes masculinas?

Con esto en mente comenzaremos a exigir más de nuestros directores masculinos y daremos más espacios para las creadoras femeninas que tanto necesitamos en nuestro contexto actual.

*Atajo de storytelling que ayuda a la audiencia a entender algo instantáneamente.

The Ares delusion on Batman v Superman.

Let me start by setting the record straight, Batman v Superman is not a good movie, it’s entertaining, and somewhat fun, but not good, nonetheless. I could easily spend the entirety of this post ranting about how Snyder and co. totally misused and wasted their feminine cast (even though they succefully managed to make a wonderful, but shoehorned, appearence from Wonder Woman), or how all their actors and actreesses turned out to be used as a bunch of one-note characters, or even to take on how a convoluted mess is the movie as a whole. However, I’m here to talk about something else: the main conflict (or what it seems to be a conflict) between our heroes.

When the movie begins, and before we get to see yet another scene with Bruce Wayne’s parents being brutally murdered for the billionth time, we found out that one of Wayne Enterprises’ tower (full of people) was destroyed as a result of the fight between Superman and Zod on  Man of Steel, bringing about Bruce’s anger towards the Kryptonian god-like figure.

Clark, on the other hand, has problems of his own. His girlfriend Lois Lane is being constantly kindapped whilst he have to fight against the belief of half of the United States pouplation -specially the government- who happens to think that he could be a dangerous threat to their nation.

As you could see, the movie kicks off by introducing a well-known trope on the world of alien-like stories: xenophobia. Initially, I thought it was a great way to lay the groundwork of the conflict between Batman and Superman. Xenophobia is very relatable to any given situation nowadays, and the perfect narrative tool to raise the stakes at the movie central core.

With this in mind, one would think that the film will probably go on with that particular storyline and develop an interesting analysis with it whilst preparing the audience to experience a well-choreographed fight. How wrong one was.

Batman v Superman not only single-handeldy achieve to forget this very idea halfway down the movie, but it also introduces Lex Luthor as the catalyst between the feud, and the “grand master mind” behind the scheme. So, what were Luthor’s main reasons to put these two to fight, you may ask. None whatosever, will be the correct answer. Just that he is mad evil and want to see the world burn. A “god of war” sort of speaking.

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You see, the movie ask us to faithfully believe that Batman and Superman are going to fight (hell, even the title shove that very idea down our throats) without even explaining us the reasons behind it. Our main heroes fight because the film ask them to do so. Because the movie puts Luthor as an excuse to carry on with it.

Yes, Batman hates Superman for his above-the-law persona and his carefree way of thinking. Sure, Superman maybe feels threatened by Batman’s vigilante way of resolving conflict. Of course, we can even believe that Luthor planned all of this because he’s evil, but in no way Snyder would make us believe, as an audience, that this are reasons enough to carry on with a plot. Hell, not even a plot, but the core conflict that manages to reunite this two iconic figures of the DC universe without a purpose, but to feed their fanbase.

Look, I get it, and even I’m able to accept that. Nurturing a fanbase is crucial nowadays,  it even has much more impact when you’re talking about such powerful figures and stories as comics may have. Something that DC desperately needed to do before Marvel succefully managed to outsmarted them with their cinematic universe. That’s understandable.

Thus, it needed to be at least a coherent story. You know I’m not a big fan of the Marvel Cinematic Universe either, but at least they are constantly trying to have a sequacious storyline, if not, a simple one, that can explain the motives behind the bad guys and the good guys intentions, whilst carrying some sorts of action sequences and shoehorned love triangles.

In Batman v Superman Batman and Superman ended up fighting (a very simple fight, if you ask me) thanks to Lex Luthor influence on them, because of reasons. He is evil and we’re supposed to play along with it without even asking any follow-up questions or reasons to support it.

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The director and his team wonderfully managed to blind themselves with gratuitous easter eggs and unnecessary storylines, instead of making some must-needed groundwork with the xenophobia trope,   their core characters background stories and the DC Cinematic Universe in general.

So, when your main storyline involves a conflict between your central characters, the least you could do is to explain properly the motives behind it. If not, you’re only throwing things to the screen instead of trying to make sense of your own story.